2 de noviembre de
2004
Conmemoración de
los Fieles Difuntos
Por Sor Madeleine Gertrude
KANA BELLA
Hermanas de S. Pablo de Chartres
INTRODUCCIÓN
La vida religiosa existe desde el s. IV. Está unida a la paz constantiniana (edicto de Milán en el 313 ; edicto de Tesalónica en 380) que hizo de la religión cristiana, la religión oficial del imperio romano. El compromiso religioso, inicialmente, no tuvo la forma de los tres votos.
En P.C. 1, el
concilio afirma que « desde los orígenes de la Iglesia, ha habido hombres
y mujeres que quisieron, por la práctica de los consejos evangélicos, seguir a
Cristo con mayor libertad e imitarle con mayor fidelidad, y que, cada uno a su
manera, llevaron una vida consagrada a Dios : son esencialmente los
llamados ascetas y vírgenes ». La continencia vivida en el celibato y en
la virginidad es una realidad nueva en el mundo greco-romano propia del Nuevo
Testamento. Es el período del desierto : Antonio, nacido en el 270, nunca
fué a la escuela. No fue un intelectual. Perdió a sus padres a la edad de 18
años. Es un cristiano del pueblo. Durante una liturgia de
Poco a poco, los
anacoretas se van a reunir bajo la dirección de un padre espiritual que llega a
ser el superior de la comunidad. Es el nacimiento de la vida cenobítica con la
aparición de las primeras comunidades religiosas. Pacomio jugó un papel
decisivo en este proceso evolutivo. Nació hacia el año 292 en el seno de una
familia pagana. A los 20 años se convirtió al cristianismo y dejando la
milicia, se bautizó y recibió la formación elemental del catecumenado.
Consciente de las grandes dificultades que sacudían a los anacoretas para
alcanzar la perfección cristiana, hacia el año 320, Pacomio anima a un grupo de
sus discípulos a la vida cenobítica, es decir, la vida en comunidad, la santa
koinonía. Esta koinonía se sustenta en la pobreza, es decir, en la puesta en
común de los bienes, la comunidad de vida, de mesa, de trabajo, de oración...
La obediencia une a todos los miembros de la comunidad. Así, la vida religiosa
da un paso fundamental. Las exigencias de la vida monástica conllevan un cambio
radical para la vida religiosa. A partir de entonces, la vida comunitaria
constituirá el elemento propio, más aún,
el fundamental de la vida religiosa.
Podemos constatar que la tríada clásica de los votos se va abriendo paso progresivamente en la vida religiosa. Es en los s. XII-XIII cuando la vida religiosa va a aparecer tal como la conocemos hoy, definida por la práctica de los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Hoy vamos a reflexionar sobre el voto de pobreza. La palabra « pobreza » designa realidades muy diferentes y da lugar a malos entendidos. La pobreza ideal no existe. No sé, ni siquiera, si tendría sentido, puesto que la pobreza religiosa se vive en un momento histórico concreto, en un lugar del mundo determinado, y en función de una misión o actividad apostólica o de caridad precisas. Con todos estos parámetros, la pobreza adquiere una expresión concreta.
Este breve recuerdo histórico de la vida religiosa es necesario para que nos demos cuenta de que los votos se han ido introduciendo progresivamente en esta manera de vivir a imitación de la vida de los apóstoles con el Señor : la « sequela Christi ». Los tres votos forman un todo. Los religiosos elegimos estar-con-Cristo, hacer de la búsqueda del Reino, poniéndonos a su servicio siguiendo las huellas de Jesús, el eje central de nuestra vida. Entregamos nuestra vida a Cristo y es El quien se constituye en el « motor » de nuestra vida, nuestra razón de vivir. Esta relación con Cristo nos permite desplegar plenamente y con gozo todos los dinamismos que nos habitan : nuestra capacidad de amar, de ejercer el poder y de poseer los bienes. Jesucristo es nuestro tesoro y, gracias a El y por El, podemos vivir con un corazón libre de todo.
¿Cómo vivir y testimoniar, hoy, nuestro voto de pobreza
para que sea comprendido, amado y vivido, primero por nosotros mismos que
pronunciamos este voto, y después para
que sea un testimonio para aquellos a quienes somos enviados ?
¿Cuáles son las relaciones que el religioso debe mantener
con su familia en esta sociedad africana donde la solidaridad es un
deber ? ¿Qué forma de presencia adoptar en relación con la familia ?
¿Quiénes son familia ?
Es importante entender bien la vida religiosa y ver este aspecto que nos interesa, la práctica del voto de pobreza hoy, aquí, en África. Entender bien la vida religiosa nos hace libres y, yo añadiría, que más audaces para afrontar los desafíos que encontramos hoy en lo que concierne a la práctica del voto de pobreza. Ser libres nos permite atrevernos a buscar como vivir y trabajar para bastarnos a nosotros mismos y responder a las necesidades de nuestro apostolado.
La pobreza en África es una realidad cotidiana ; no hay necesidad de una reflexión particular para afirmar su existencia. Y es, efectivamente, en esta realidad donde nosotros, religiosos africanos, estamos llamados a vivir nuestro voto de pobreza, a vivir nuestra idientidad de religiosos y de africanos. Es también aquí, donde vosotros, nuestros misioneros europeos, americanos, asiáticos, estáis llamados a vivir este mismo voto. Todos nosotros estamos llamados a ser « SIGNO ».
A pesar de la riqueza de sus bosques y de su subsuelo, África aparece como el continente más pobre, el continente de las luchas tribales por excelencia, con la tasa más alta de analfabetismo, el más castigado por el SIDA, donde la gente no tiene acceso a los cuidados médicos como necesitaría, el continente del hambre y de la sed...
Entonces, ¿cómo vivir la pobreza religiosa en este contexto
de por sí ya pobre ? ¿hay alguna diferecia entre la pobreza social
africana y la pobreza religiosa ? ¿cómo tenemos que entender el verdadero
sentido de la pobreza evangélica ?
A menudo, estamos confrontados a una triple realidad :
Ø Nosotros hemos elegido libremente vivir la pobreza evangélica, por lo que debemos ser consecuentes con nosotros mismos
Ø Nosotros vivimos nuestra vida consagrada en medio de los pobres que, con frecuencia, al menos a nivel material, son más pobres que nosotros
Ø En nuestro lugar de misión, allí donde somos enviados, la gente espera de nosotros acciones concretas, que nos impliquemos en sus vidas para ayudarles a salir de la situación de pobreza e incluso de miseria en la que se encuentran. No quieren que seamos como ellos sino que esperan que les ayudemos a salir de la situación en la que viven.
La cuestión es saber si es posible vivir de una manera coherente estas tres realidades. Y si no se pueden vivir, ¿qué habría que hacer ? ¿hay otra manera de entender y de vivir la pobreza religiosa en África ?
Abordaremos por pasos el aspecto doctrinal del voto, la enseñanza del Magisterio, la práctica del voto de pobreza en África y, tal vez, algunos desafíos a destacar.
1.- SENTIDO DE
La « pobreza » tiene tres sentidos puesto que es la falta de algo, ya sea en el plano material, espiritual o intelectual.
Pobreza material :
Ø
miseria : cuando una persona
no dispone de los bienes necesarios para una vida humana digna. La miseria no
es digna del hombre, envilece al hombre. Dios es contrario a la miseria.
Ø indigencia : cuando se dispone del mínimo estrictamente necesario para vivir. Se tiene justo para comer, vestirse, alojarse, pero no se dispone de lo que sería necesario para, por ejemplo, hacer un trabajo útil.
La pobreza toca el bienestar y la miseria. La pobreza material es un vacío que yo deseo colmar.
Pobreza espiritual :
Podemos decir que hay una pobreza espiritual positiva y otra negativa :
Ø La pobreza espiritual negativa es el vacío interior, el no tener un ideal, no ser feliz, no tener alegría interior, no tener « fuego » por dentro..., es el vacío, el pecado, el alejamiento de Dios.
Ø La pobreza espiritual positiva es el desprendimiento interior, la libertad de corazón respecto de los bienes de este mundo que pasa.
Frente a estas dos maneras de concebir la pobreza espiritual, se sitúa la codicia, el deseo permanente de enriquecerse cada vez más, el amor desordenado a los bienes materiales, al dinero, a las riquezas, la avaricia...
Hemos citado anteriormente algunas de las pobrezas que encontramos aquí, en África. El pobre es aquel que no ha tenido suerte en su vida, que no es valorado, que escucha a todo el mundo, pero a él nadie le hace caso. El pobre es aquel que ha fracasado en su vida, nunca tiene la posibilidad de comer hasta saciarse y a penas tiene para vestirse. El rico, en cambio, es aquel que triunfa en su vida.
Un profesor del Instituto Católico de París, el P. Danet, hacía esta pregunta a los religiosos y religiosas : « Viendo las imágenes de gente pobre, que vemos en las pantallas de televisión, ¿no es una ironía que ofende atrevernos a decir delante de ellos que somos pobres ? Nuestra pobreza es algo ridículo... muchos ya no le encuentran el sentido ». Acordaos de las imágenes que hemos visto en televisión estos días de Sudán, el Darfour..., mirad los niños de la calle...
Pobreza intelectual :
En África, no estamos bien preparados intelectualmente. La vida
religiosa no se reduce a rezar el Rosario. El único Misterio es el de Cristo.
María no es Misterio... Por eso, es necesario llenar ese vacío intelectual...
para mejor comprender y vivir el Misterio de Cristo. No se va a la escuela por
ir... La formación intelectual abre el
espíritu... No es un motivo de alegría tener un religioso, un sacerdote cerrado
de mente, sin formación intelectual y humana...
La pobreza no se vive en todos los lugares de la misma manera, con el mismo estilo de vida, de comida, de vestido, de alojamiento... Sería difícil, teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, colocarnos en la categoría de pobres materialmente, y es ahí donde el voto de pobreza se entiende con dificultad. Tal vez sería más significativo para los hombres de hoy, hablar de « voto de puesta en común de los bienes y de compartir », que hablar de voto de pobreza.
II.- QUE DICE
A.- en el AT.
La riqueza es un
bien, signo de la bendición de Dios (cfr. Gn 26,12-13 ; Dt 8,7-10). La
riqueza asegura la independencia (cfr. Prov 18,23). Para adquirir la riqueza,
hace falta realismo (cfr. Prov 12,11), audacia (Prov 12,16), sagacidad (cfr.
Prov 24,3-4). La riqueza material es un bien, pero un bien secundario, hay
otros bienes que la superan : la paz interior (cfr. Prov 15,16), la salud
(cfr. Si 30,14-17), la buena reputación (cfr. Prov 22,1), la justicia (cfr.
Prov 16,8). Hay bienes que no se pueden comprar : el amor (cfr. Ct 8,7),
la sabiduría que es un tesoro a buscar sin cesar (cfr. Sb 7,7-12 ; Prov
2,4-5). La riqueza es, también, un peligro para el hombre porque le hace creer
que puede prescindir de Dios (cfr. Prov 10,5). La riqueza hace olvidar al Autor
de todo Bien (cfr. Os 13,6), hace olvidar
La pobreza es algo doloroso y se presenta como un mal. Es algo que hay que combatir, y a nadie se le ocurriría buscar este estado de pobreza material por sí mismo ; como en todos los lugares y en cualquier sociedad, toda situación de opresión, de indigencia es un escándalo. La pobreza se presenta de distintas maneras : la del afligido, la del desgraciado, la del perseguido, la del mendigo, lla del humillado, aquella que consiste en la privación o carencia de bienes materiales. La pobreza como carencia, es considerada una maldición de Dios, es un mal contra el que hay que luchar y frente al cual hay que encontrar un remedio.
Pero también aparece la imagen del « pobre de Yahvé », que es un amigo y servidor de Dios, al cual se confía y busca, de quien su alma tiene sed (cfr. Sal 62). Son los pobres según el corazón de Dios. Este pobre es humilde, vive en la justicia y en el respeto de Dios, con una fe y fidelidad inquebrantables. Este pobre es amado de Dios. Aquí, la pobreza se presenta como una actitud interior, una disposición del alma.
B.- en el NT
Jesús es el Mesías de los pobres, a los que anuncia el Reino (cfr. Mt 5,3). Los pobres son invitados al banquete de Dios (cfr. Lc 14,15-24). Toda la vida de Jesús es una manifestación de esta pobreza : su nacimiento en un pesebre (cfr. Lc 2,1-13). Su vida discurre en el anonimato, libre de todo bien material, político, moral, de toda gloria o prestigio (cfr. Mt 2,1-11). En sus relaciones, Jesús muestra esta misma libertad :
es libre de lo que los hombres dicen de Él :
Ø que come y bebe con los pecadores (cfr. Lc 5,29)
Ø que es amigo de publicanos y pecadores (cfr. Lc 7,34-36)
Ø va a casa de Zaqueo (cfr. Lc 19,7)
Ø se deja tocar por una pecadora (cfr. Lc 7,36-50)
Ø va a casa de Lázaro y de sus hermanas (cfr. Jn 12,1-11)
Ø
habla
con la samaritana (cfr. Jn 4,1-42)
Jesús es libre porque lo único que busca, su objetivo, es hacer la voluntad de su Padre y revelar la misericordia de Dios a los hombres.
es libre de su familia :
Ø de sus padres : se queda en el templo para ocuparse de los asuntos de su Padre (cfr. Lc 2,48-50)
Ø
da más importancia a los lazos
espirituales que a los lazos familiares : « ¿quién es mi madre y mis
hermanos ? » (cfr. Mt
12,46-50).
Ø pide a quienes quieran seguirle que le prefieran a la propia familia (cfr. Lc 14,26). Sin embargo, cuida de confiar su madre al cuidado de Juan ( cfr. Jn 19,26-27)
es libre de los bienes materiales :
Ø no tiene donde reclinar la cabeza (cfr. Lc 9, 57-61). De hecho, la libertad de Jesús atañe a todo y a todos porque Él está comprometido con el Padre, al servicio del Padre y de los hombres. Sin duda, es esta libertad de todo y de todos lo que manifiesta la pobreza de Jesús. Su servicio está impregnado de humildad (cfr. Jn 13, 4-5). Ser pobre es aceptar que sólo Dios es Absoluto (cfr. Mt 6,24) y es la condición para entrar en el Reino de Dios.
Ø enseña la preferencia de Dios por los pobres (cfr. Mt. 5,1-12 ; Mt 11,5 ; Lc 1,46-55 ; Lc 6,20-26)
Ø se presenta como aquel que está realmente unido a los pobres, a los « sin voz » (cfr. Mt 25,31-36 ; Hc 9,4)
Ø enseña la desconfianza frente al dinero y las riquezas porque son un espejismo. El hombre no debe poner su confianza en los bienes de la tierra porque son perecederos ; sólo Dios puede ser un apoyo sólido (cfr. Lc 12,16-21 ; 16,19-31 ; 18,18-27).
la invitación a
compartir :
Ø la puesta en común de los bienes (cfr. Hc 2,42-47). Los bienes materiales de los que el hombre dispone, deben servirle para compartir con los más desfavorecidos
Ø
el desprendimiento de los bienes
materiales se considera dentro de esta perspectiva de libertad, de compartir y
de comunión. Es una exigencia
del seguimiento de Cristo.
Ø
la limosna es considera como una
obligación religiosa. Se debe ayudar a los necesitados tanto materialmente como
moral, espiritual o intelectualmente: « vended vuestros bienes y dadlos en
limosna a los pobres... allí donde esté tu tesoro, estará también tu
corazón. » (cfr. Lc
12,33-34)
Resumiendo, Jesús es pobre, pero no miserable. Nace fuera de su casa ; trabaja 30 años en Nazaret para poder vivir ; a lo largo de su ministerio utiliza todo aquello que le parece útil, pero no se ata a nada ni da demasiada importancia a las cosas materiales, al contrario, en toda circunstancia, acoge lo que se le ofrece. Finalmente, muere despojado de todo, manifestando su libertad efectiva y real de todo bien material.
La pobreza religiosa supone, antes que nada, un juicio de valor sobre las realidades humanas en comparación con los bienes del Reino de Dios : « vete, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, y luego, ven y sígueme» (cfr. Mt 19,21).
La llamada de Jesús conlleva tres aspectos que están unidos entre sí :
Ø hay que vender lo que uno tiene, deshacerse de ello, pero eso no basta.
Ø hay que preocuparse de los pobres : la pobreza, sin amor a los pobres, no es pobreza evangélica. Hay que compartir los bienes para poder resolver el problema de una repartición injusta de las riquezas.
Ø « ven y sígueme » : el seguimiento de Cristo es la razón por la que uno se hace pobre, para poder estar con Cristo. La pobreza es liberación, no sólo del corazón, sino también de los bienes de este mundo y de todo aquello que impide seguir a Jesús más de cerca.
Entendemos el
sentido de la pobreza de Jesús, cuando nos damos cuenta de que esta enseñanza
se dirige a un pueblo bien concreto, en unas circunstancias bien precisas de
tiempo y de lugar : « mi alimento es hacer
La pobreza es apertura y transparencia delante de Dios, una sumisión humilde a Dios. La pobreza es dependencia de la criatura respecto de su Creador, es una ofrenda del hombre a Dios, una disponibilidad total a Él. El hombre que busca a Dios, usa los bienes materiales, pero sin poner en ellos su confianza ni hacer de ellos su apoyo.
La pobreza es un bien en tanto en cuanto no repliega al hombre sobre sí mismo, sino que le orienta hacia Dios : conduce a Dios y al prójimo. La pobreza pierde su valor sobrenatural cuando noa hace duros e insensibles a la caridad : « Dios es Amor » (cfr. 1Jn 4,8) « amaos los unos a los otros como yo os he amado, en esto reconocerán que sois mis discípulos » (cfr. Jn 13, 34-35)
III.-
Hay que decir que el término « pobreza » no es adecuado para designar el voto. Los textos más antiguos hablan de « koinonía » o bien utilizan la expresión « sin propio », es decir, sin posesión particular. Se trata más bien de la comunidad de bienes, de la puesta en común de los bienes, más aún, de la dependencia en la utilización de los bienes, y no tanto de la pobreza como carencia o privación.
La pobreza religiosa es la libertad de alma y de espíritu en relación con los bienes de este mundo. Como dice el P. Nothomb en su libro « Como un tesoro escondido », la pobreza de aquel que encuentra un tesoro escondido en un campo que va, lleno de alegría, vende lo que tiene para comprar aquel campo (cfr. Mt 13,43-45). La pobreza que estamos llamados a vivir no es la de ser pobres como los pobres y necesitados, sino la pobreza de Jesús.
La pobreza no es un
absoluto en ella misma, sólo tiene sentido si es en referencia a Cristo, Modelo
de nuestra pobreza. No se trata de « nuestra pobreza », es decir, la
pobreza como nosotros nos imaginamos. Nuestra vocación consiste en manifestar
hoy, la pobreza de Jesús en su abajamiento, en su encarnación. En este sentido,
podemos decir que el voto de pobreza es desprendimiento de los bienes
materiales, pero es, ante todo, una actitud interior, una disposición del
corazón. Cristo y los pobres de Yahvé nos dan ejemplo, es la humildad. Una de las manifestaciones concretas de nuestro voto de pobreza en la
vida religiosa es la humildad, como diría Sta. Teresa de Lisieux : « saberse pequeña delante de Dios,
saber someterse a Él en
La virtud de la humildad libera al hombre de sí mismo para el servicio de los demás. La pobreza en cuanto humildad nos hace conscientes de que lo recibimos todo de Dios : existencia, talentos, saber... y lo recibimos para COMPARTIRLO. Por eso, nuestra vida debe ser eterno reconocimiento hacia el Creador y hacia aquellos que nos rodean, una vida de acción de gracias. Esta actitud interior nos tener una mirada de Fe para las distintas situaciones, acontecimientos, personas, un corazón despejado y apacible. Nos volvemos, así, más indulgentes, capaces para entender que los demás no nos deben nada. Esta actitud espiritual e interior desarrolla en nosotros el gusto por la libertad de los bienes materiales ; sólo entonces podemos aceptar trabajarnos a nosotros mismos para liberarnos del deseo de propiedad con todo lo que conlleva de exclusión y de encerramiento en sí mismo. Es esta vida interior la que nos enseña a usar bien de los bienes de este mundo sin hacernos esclavos de ellos.
Nuestra pobreza religiosa es sencillez, desprendimiento, apertura a Dios y a los demás. Por eso, nos compromete en una total dependencia hacia los superiores y hacia la comunidad. Es así como manifestamos en lo concreto nuestra donación total a Dios y nuestra dependencia de Él y de los demás. Ser pobre es aprender a amar a Dios, a sí mismo y a los demás ; es aprender a aceptarse a sí mismo con sus límites y debilidades. Así, nuestra pobreza exterior reflejará lo que vivimos interiormente. La pobreza, en cuanto humildad, refleja la profundidad con que se ha recibido y acogido la vocación.
Hay que señalar, también, que la pobreza religiosa es purificación de la memoria, es el voto del perdón, de la reconciliación. Nunca hemos perdonado suficientemente, nunca somos suficientemente pobres, humildes ; nos vamos haciendo pobres, humildes, a diario, caminando con los hermanos y hermanas de comunidad y en comunidad.
IV.-
La pobreza, como humildad de corazón, es fuente y fundamento de la comunidad porque es la actitud interior que nos hace posible poner los bienes en común y construir la fraternidad. Está unida a la « vida fraterna en comunidad », a la obediencia, a la castidad, al apostolado, a nuestra relación con Cristo puesto que :
Ø sin la pobreza del corazón, no hay vida religiosa que dure. Es gracias a esta disposición del corazón que se construye la comunión, la unión de espíritus y de corazones.
Ø la pobreza es el rostro de Dios, testimonio de la Trinidad que
es : amor, escucha, acogida, disponibilidad, descentramiento,
desprendimiento de sí, paciencia, don de sí a los otros, respeto de la
conciencia del otro... y todo esto, en un deseo de caminar juntos, en Iglesia,
con un espíritu de oración, con un deseo de vivir la unidad siendo diferentes,
a imagen de
V.-
No es fácil de
determinar. No hay ninguna regla absoluta que se pueda imponer. Basta ver la
historia de las Instituciones religiosas. La pobreza de S. Francisco de Asís no
se parece a la de S. Ignacio de Loyola, ni a la de S. Benito ; la de las
Hermanitas de Jesús es diferente de la de las Hijas de Jesús, etc... Me hubiera
gustado leer vuestras Constituciones para ver cómo concebís y proponéis
vosotros el voto de pobreza... La pobreza está en relación con la época, la
sociedad y la mentalidad. Hoy la pobreza puede y debe expresarse con formas
nuevas (CV II, PC 3). La pobreza se tiene que adaptar a las exigencias de
nuestro tiempo y de nuestro apostolado. La pobreza religiosa, que es un
espíritu, debe, sin embargo, transparentarse en la carne y producir la actitud
interior que ella significa. Las Constituciones de cada Congregación explican
cómo
En lo que concierne a la puesta en común de los bienes y a su uso, la radicalidad evangélica invita sin cesar a la comunidad a interrogarse, por un lado, sobre su « calidad de vida » en función de la humanidad, en el lugar donde ella está implantada, y, por otro, sobre cómo se distribuyen concretamente, entre sus miembros, los bienes puestos en común, cómo la comunidad da concretamente sus bienes : « va, vende, da... » (cfr. Mc 10,21), o todavía mejor, cómo contribuye, efectivamente, a liberar al pobre, ayudándole a salir del mal que es la miseria, a vivir como « un ser humano digno » responsable de sí mismo y de los demás.
Si la comunidad
está atenta, abierta, a los « signos de los tiempos », dispuesta a
acogerlos, íntimamente unida a Aquel que es el corazón de la vida fraterna en
comunidad, encontrará la manera concreta de vivir, hoy, el voto de pobreza.
Sigue teniendo validez que, por el voto de pobreza, el religioso renuncia a
usar libremente de los bienes y a
practicar la vida comunitaria. El religioso depende, en cuanto a sus bienes
materiales, de la comunidad que aparece como
La práctica de la pobreza respecto del prójimo no quiere decir aparecer como pobre, ni pedir limosna para mostrar que se es pobre, o no dar nada porque decimos que no tenemos nada para dar (hay comunidades que difícilmente acogen a alguien para comer). La pobreza es desprendimiento de sí en beneficio del otro. El pobre de Yahvé es capaz de abrirse a las necesidades de los demás y de ayudarles a crecer. El pobre de Yahvé sabe compartir, sabe dar, sabe entregarse gratuitamente, con discreción. La acogida y la discreción son los signos del desprendimiento. El repliegue y la parsimonia son signos de avaricia. La pobreza es apostólica : « lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis » (cfr. Mt 25,40).
Cuando se lee el Evangelio en profundidad, llama la atención que Jesús no habla de la pobreza en cuanto tal, Jesús habla más bien de los pobres :
Ø pobres materialmente : los que tienen necesidad de ayuda material y de limosna
Ø pobres espiritualmente : los humildes, pero también los alejados de Dios, los que están vacíos interiormente, los que carecen de alegría profunda
Si uno se atiene a los textos evangélicos, habría que hablar menos de pobreza y más del compartir que busca responder a la necesidad de los demás. Cuando Jesús pide el desprendimiento es para compartir con los pobres. La pobreza cristiana es, por tanto, compartir lo que uno es y tiene en una comunión fraterna.
Hacer voto es comprometerse a imitar a Jesús. A nivel comunitario, esto se tiene que traducir en una vida sencilla, en una acogida afectuosa y real de las personas pobres, puesto que hay una forma de acoger, de recibir al extranjero, al pobre, un « estilo de vida » que hace que los pobres que llegan a las puertas de nuestras comunidades no se sientan a gusto... La comunidad tiene que tener la preocupación de vivir solidaria con los pobres y tendrá que recordarlo continuamente.
El voto de pobreza es, también, comprometerse con la liberación del pobre, ayudándole a salir de su situación de miseria. La asistencia a los pobres no basta. Hay que concientizar a los cristianos, a los hombres de buena voluntad para que se impliquen, hay que formar un laicado comprometido, hay que despertar las conciencias a todos los niveles. Dios nos da las fuerzas para comprometernos y buscar soluciones. Jesucristo despierta las conciencias, nos hace conscientes de los problemas. Si no despertamos las conciencias, es que no hemos encontrado a Jesucristo.
En nuestras comunidades, yo hablaría de la « corrupción de la conciencia ». A veces, no se estimula a las personas ni se les ayuda a explotar y hacer fructificar sus talentos. Eso quiere decir simplemente que no contribuimos al desarrollo de nuestro Instituto, ni a aumentar y enriquecer nuestro patrimonio religioso. Si no podemos dar nada, entonces no estamos viviendo nuestro voto de pobreza. Pero ¿ son conscientes las comunidades de esta realidad ?
Dios nos ha dado medios para trabajar y producir riqueza. El voto de pobreza exige un esfuerzo para enriquecerse. Hay que explotar todos los recursos, cuanto más ricos seamos, más podremos ayudar, más podremos dar a los pobres. Tenemos que hacer rendir el tiempo, la voluntad, nuestras energías si no, no vivimos nuestro voto de pobreza. Monseñor Jena ZOA dirá : « la felicidad del cristiano consiste en compartir, ahora bien, para compartir, hay que tener, para tener, hay que producir en abundancia ; para producir en abundancia, hay que trabajar racionalmente ; para trabajar racionalmente ; para trabajar racionalmente, hay que organizarse solidariamente » (Homilía de Navidad 1995)
VI.- EL ESPÍRITU DE POBREZA
El espíritu de pobreza consiste en renunciar no sólo a lo que uno tiene, sino también, hasta un cierto punto, a lo que uno es. Se trata de perder la propia vida, de ir más allá de nuestra mentalidad, de nuestra cultura, de nuestros hábitos de vida, de nuestra lengua, para acoger aquellas de los pueblos a los cuales el Señor nos envía y de hacerlo por amor. La pobreza espiritual no aliena, sino que es apertura y diálogo en toda sinceridad.
Si es cierto que hay más alegría en dar que en recibir, también es verdad que, a veces es más difícil recibir que dar. A veces, uno siente que da para desembarazarse del pobre..., uno olvida que hay que dar limosna, tal vez, cientos de veces, para encontrar al verdadero pobre... aunque estoy de acuerdo en que hay que ser prudentes y no dejarse engañar... Dicho de otra manera, hay que dar siempre que podamos, y en último término, vale más dejarse engañar. Puede darse también el caso, que uno pase a diario al lado del pobre sin reconocerle : « tienen ojos y no ven »
Pero hay que aprender también a recibir. Esto puede ser incluso una forma elemental de justicia y de caridad. La pobreza es el desprendimiento de sí mismo en favor del pobre, de aquel que no tiene, es la compasión con el pobre, la acogida y el compartir.
Hay que resaltar
también otro aspecto : la pobreza-trabajo. El trabajo con y por los pobres
es un desafío constante para nuestras congregaciones, incluso para
Los religiosos,
insisten los padres conciliares, deben vivir de su trabajo, y si pueden,
contribuir a ayudar a los necesitados, a la sociedad y a
Tenemos que trabajar y enseñar a los hombres, a los pobres a trabajar. Tenemos que enseñarles a hacer de Cristo el centro de su vida, a vivir de Cristo. Entonces sabrán resolver los problemas esenciales de orden material, intelectual, espiritual... Estamos llamados a guiar a los otros.
VII.- ¿CUAL ES
Tengo que confesar que la palabra « pobreza » suena mal a nuestros oídos, en nuestro contexto africano, es una palabra con una connotación negativa y en África no es ningún ideal ser pobre. Vivir la pobreza sigue siendo una experiencia delicada, compleja y hasta ambigua por todos los problemas que ya hemos mencionado anteriormente. El mundo lucha contra la pobreza, y nosotros nos comprometemos a ser pobres. De ahí la importancia de entender el sentido de la pobreza religiosa. Vivimos en un medio materialmente pobre y estamos confrontados con la modernidad.
En relación a la familia, nosotros casi siempre nos encontramos en unas condiciones de vida materialmente privilegiada respecto a la suya. ¿Cómo comportarnos para que nuestra motivación vocacional no sea interpretada como una búsqueda de un estatuto social ? El problema de la ayuda a las familias es delicado, pero hay que tenerlo en cuenta. Cierto que no nos hemos hecho religiosos para ocuparnos de nuestras familias, pero tampoco para desentendernos de ellas. En Mc 7,9-13 y Mt 15,5, Jesús condena a los que bajo pretexto de voto, se sustraen al mandamiento de Dios.
En relación con la ayuda a la familia, varias congregaciones han buscado algunas soluciones :
Ø establecer un presupuesto de ayuda a las familias
Ø dar una cierta cantidad a cada familia
Ø designar un religioso que se ocupe de los padres en necesidad de los religiosos que se encuentran en misión fuera del lugar
De todos modos, habría que intentar que el religioso dé sólo en nombre de la comunidad : es la comunidad y no el individuo, por iniciativa propia, quien ayuda a las familias, cuando hay una necesidad que se presenta. Esto es, sobre todo, para proteger al religioso : su familia debe saber que es la comunidad la que da...
Tendría que haber contacto entre la comunidad y las familias. La solidaridad tiene que ir más allá del clan y hay que buscar la promoción humana, es decir, que la gente se hagan cargo de sus propias vidas, así la comunidad desarrollará mejor su rol profético y liberador de los pobres (cfr. Lc 4,18). Llevar a Cristo es también ayudar a luchar contra la pobreza material, y la ignorancia, a luchar contra las causas y sus consecuencias.
Para nosotros, africanos, es indispensable que seamos claros con nosotros mismos y con la vocación que hemos recibido de Dios y la misión que nos incumbe como testigos del Absoluto de Dios al servicio de los más desfavorecidos.
La vida consagrada en África se vive, también, como servicio fraterno de promoción de la dignidad humana y cristiana, a través de la evangelización, la educación y las obras sociales.
Es urgente que, en África, nuestro voto de pobreza sea percibido bajo el ángulo de la caridad, es decir, del compartir. Este amor : el servicio a los más abandonados y necesitados, es vivir en la escuela de Cristo. Desde esta perspectiva, nuestro testimonio consistirá esencialmente en una actitud interior y en una manera de comportarse.
Actitud interior que sabe apreciar en su justo valor el carácter efímero y pasajero de los bienes de este mundo :
Ø aprender a vivir libres, desprendidos de todo, de nosotros mismos, de nuestro tiempo, de nuestras realciones y de nuestras responsabilidades para estar disponibles para la misión que se nos confía
Ø aprender a valorar a los pobres : estando en contacto con ellos recuperan las ganas de vivir.
Ø aprender a valorar el lugar del trabajo en nuestra vida.
Una manera de comportarse : el comportamiento de un religioso que utiliza los bienes de este mundo en el marco de su vocación, con discernimiento, sin orgullo ni egoísmo, sin espíritu de dominación ni avaricia es un signo para los demás. Por ejemplo, el coche se considera y utiliza como un instrumento de trabajo y no como un fin en sí mismo ; utilizar los medios de comunicación modernos para anunciar a Jesucristo. Es importante no dejarse recuperar por el mundo, y el mundo nos recupera cuando Cristo deja de ser el centro de nuestra vida, cuando no entendemos la importancia de la oración en nuestra vida ni la importancia de la vida fraterna en comunidad.
En África, el compartir como la caridad no son facultativos. Es un deber imperioso : « hacer el bien », ayudar al prójimo que está hundido en la miseria cualquiera que sea su forma. Para eso tenemos que aprender a desprendernos en favor del otro (cfr. Jn 13,34 ; 15,12-12 ; Lc 10,29-37) Nuestra pobreza no significa nivelación. Nuestro pueblo, lo que la gente espera de nosotros no es que lleguemos a ser como ellos, que vivamos en la miseria... porque además saben que no es verdad. Tenemos que ser agentes de deserrallo para todo hombre y para todo el hombre. Aquí el voto de pobreza se llama disponibilidad, acogida, escucha, compartir, hospitalidad, proximidad. Se trata de implicarnos, con discernimiento, en la situación de los necesitados con el deseo de ayudarles a salir de ahí. Cristo ha venido a salvar al hombre entero, cuerpo y alma.
Julius Nyerere, antiguo presidente de Tanzania decía en un discurso-homilía dirigido a religiosos : « Todo lo que impide al hombre vivir con dignidad y decencia debe ser atacado y combatido por la Iglesia y por sus obreros. Pues no hay de hecho ninguna santidad en una pobreza que es impuesta. Y aunque uno pueda encontrar santos en las chabolas, no podemos conservar las chabolas para que hagan santos ; un hombre que ha sido desmoralizado por las condiciones en las que está obligado a vivir, no es de ninguna utilidad ni para él mismo ni para su familia ni para su nación. Si puede ser de gran utilidad para Dios, no me toca a mí juzgarlo » (Dialogo julio-agosto 72)
COMPARTIR, ¿PERO QUÉ ?
P.C. 13 : « con su trabajo, el religioso debe
procurarse, él mismo, lo necesario para
su vida y sus actividades » No trabajamos para acumular bienes.
El religioso comparte lo que es y lo que tiene con aquellos que no tienen
nada ; todo eso en unión con su comunidad. « Que cada uno dé sin pesar y de buena gana » (cfr. 2 Co
9, 7- 11,3) Para Pablo, en lo que concierne al compartir, hay que compartir. En
E.T. 21, Pablo VI hablaba a los religiosos en estos términos : « la pobreza religiosa es efectivamente
vivida en la puesta en común de los bienes, incluido el salario ganado con el
propio trabajo, será signo de la comunión espiritual que nos une. Será una
llamada a todos los ricos, aliviará a vuestros hermanos y hermanas que pasan
necesidad ».
Para el religioso africano, a mi modo de ver, en lo que concierne a las dificultades de la vida religiosa, no creo que haya dificultades que se puedan calificar específicamente de « africanas », sin embargo, el acento comunitario del voto de pobreza es, a menudo, ocasión de dificultades y problemas que desequilibran la comunidad y crean casos de conciencia. Para un africano, el compartir es algo muy importante que determina su comportamiento, sus opciones, su sensibilidad. Su ideal es compartir lo que es y lo que tiene.
Para un africano,
hay más dificultad en entender la pobreza como privación voluntaria y
dependencia que como compartir espiritual y material, efectivamente. Así, ser
pobre con Cristo es compartir. Esta visión no quita la dimensión de
dependencia, sino que le da una perspectiva nueva donde la persona y la
comunidad se comprometen mucho más. Según mi punto de vista, aquí está la
raíz del problema de robos y malversación
de dinero por parte de religiosos que sufren muchas comunidades. Aquí también se plantea el problema de las
familias :
Ø ¿Cómo podrá el religioso africano, marcado por la noción africana de familia, vivir en paz cuando los suyos están viviendo en la miseria ?
Ø ¿Cómo podrá soportar no compartir, cerrar los ojos y cruzar los brazos, frente a las necesidades de quienes son los suyos más queridos ?
Tenemos la
obligación de ayudar a nuestros padres cuando están en necesidad. Sin embargo,
suscitar regalos, buscar benefactores para ayudar a la familia porque no se ha
podido obtener ayuda en la comunidad, es peligroso y puede poner en peligro la
vocación. Es incluso una deshonra. La asistencia a los padres no es ir en
contra de los preceptos de Cristo ; es simplemente « honrar a tu padre
y a tu madre ». La ruptura con los padres cuando están en necesidad grave
es un obstáculo al testimonio auténtico del Evangelio. Pero es importante dar siempre en nombre de la comunidad.
Habría que preguntarse cómo cada comunidad busca dar respuesta a este dilema. Compartir es, sin duda, el signo privilegiado del testimonio evangélico de pobreza. Los pobres tienen necesidad de promoción humana, pueden salir de esta situación de miseria insoportable. La pobreza es un mal. La pobreza religiosa nos empuja a optar, con Jesús y como Él, por los pobres, los oprimidos y a denunciar las opresiones.
No he tocado el problema del « dinero de bolsillo », pero ya he dicho que la pobreza es apertura, confianza, claridad, transparencia.
A grandes rasgos, yo diría que la pobreza de los religiosos africanos :
Ø será una pobreza de hombres y mujeres que trabajan para ganarse la vida.
Ø la pobreza de personas que se comprometen a fondo a trabajar por el desarrollo integral de la persona humana
Ø la pobreza de personas que comparten lo que ganan con los pobres, incluídas sus familias.
Para evitar
injusticias en este compartir (cfr. Hc 6,1), es la comunidad la que debe hacerlo y no los
individuos, cuando las familias están necesitadas. El religioso no vive en un
mundo privado, aislado, tratando sus asuntos como le parece mejor, es miembro
de una comunidad. Las aspiraciones que tiene son también las de la comunidad,
por tanto, la ayuda a aportar no se hace individualmente, es la comunidad la
que asume esta responsabilidad y es importante que la familia lo sepa. No es el religioso el que posee y dispone
de los bienes, es la comunidad la que da. He ahí una interpelación para los
religiosos, para el religioso, para la comunidad y sobre todo, para el
superior, ya que, lo queramos o no, es el superior el que da una cierta
colaboración a su comunidad.
¿Cómo vivir esta realidad si no hay un espíritu de fraternidad, de sencillez, de apertura..., en una palabra un espíritu de familia ? ¿Cómo vivir esta realidad en una comunidad que no se preocupe por las situaciones, a menudo difíciles, de sus hermanos y hermanas de comunidad y de sus familias ?
Una comunidad donde el religioso no se sienta ancho, en confianza, en su casa... ¿con quién podrá abrir su corazón y compartir los problemas de su familia y los suyos propios ? ¿quién será suficientemente discreto para poderle escuchar sin hacer interpretaciones de lo que él diga y divulgarlo más tarde ?
Se puede ayudar a la gente para que salgan adelante por ellos mismos, ayudar a nuestras familias a hacerse cargo de sí mismos con dignidad, encontrando trabajo a algún miembro de la familia que pudiera ayudar a los demás.
Nuestra pobreza será tener como la mayor preocupación el seguir a Cristo, no el vivir buscando los bienes materiales ni la seguridad material en la congregación. La pobreza se llama, efectivamente, COMPARTIR.
En África, el voto de pobreza quiere decir, también, « estar-con », ser un lugar de diálogo, de encuentro, estar atento al otro, respetar su dignidad, su raza. Es el voto de compartir los sufrimientos, la soledad, las alegrías y las penas. Es el voto de la fraternidad, más allá de fronteras para que el Reino se pueda hacer presente.
Ø ¿CÓMO FORMARNOS PARA VIVIR
MEJOR NUESTRO VOTO DE POBREZA ?
Ø ¿CÓMO HOY PENSAMOS FORMAR A
NUESTROS JÓVENES PARA QUE VIVAN
Ø ¿QUÉ DESAFÍOS TENEMOS QUE
AFRONTAR ?
En el encuento con los responsables de formación, el P. Nothomb nos decía que no empezaramos hablando de desprendimiento, de pobreza, de dejar esto o aquello... El hombre tiene necesidad de riqueza y estamos hechos para eso. Dios nos ha creado para enriquecernos con su Presencia. « Nos has hecho para Ti, Señor, y nuestro corazón no descansará hasta que repose en Ti » decía S. Agustín. Estamos hechos para ser ricos de su Amor, de su Espíritu... Se trata, por tanto, de ayudar primeramente a los jóvenes a descubrir esta riqueza, a encontrarla... sólo entonces, ellos mismos irán dejando las cosas. Nuestra naturaleza tiene horror del vacío. De otra manera, si los jóvenes no han descubierto todavía la riqueza espiritual, y se les exige el desprendimiento, se les rompe interiormente porque no lo pueden entender y si no, serán unos hipócritas que se desprenden exteriormente, pero sus corazones están en otras realidades. Sólo haciendo experiencia de Jesús y por su causa, lo demás se vuelve insignificante : « considero que todo es pérdida... » (cfr. Fp 3,7-9) El voto debe tener sentido, primero de todo, para la persona que lo hace, y después, para aquellos que le ven vivirlo. En realidad, tal como se vive hoy, el voto de pobreza ni es vivido como tal por los religiosos ni es percibido como tal por aquellos que nos ven vivirlo. El voto de pobreza, tal como se vive actualmente, apenas dice nada a la sociedad africana, puesto que a todos los niveles : estudios, medios de vida, consideración social, etc. los religiosos son unos privilegiados : lo tienen todo, y yo diría que son todo menos pobres, al menos según las personas que nos ven vivir.
Llamado a ser SIGNO, el signo de pobreza no se da, entonces :
Ø ¿hay que continuar haciendo este voto ? En su alocución a los religiosos de Kinshasa, Juan Pablo II decía : « Numerosos africanos que han entrado en la vida religiosa buscan dar al voto de pobreza una expresión nueva, más adaptada al medio de donde ellos proceden, quieren vivir del fruto de su trabajo y compartir este fruto con los demás... »
Ø ¿no sería mejor encontrar una nueva fórmula, una forma nueva u otro signo para expresar este voto de pobreza en el contexto africano ? P.C.13 invita a encontrar formas nuevas de vivir y de practicar la vida religiosa en nuestros ambientes (cfr. V.C. 89)
Ø Con frecuencia el voto se presenta de manera negativa ; habría que intentar presentarlo
positivamente como una virtud.
El Evangelio busca la salvación del hombre rico (cfr. Lc 19,8-9) enseñándole a hacer buen uso de sus riquezas para conocer, amar y servir mejor a Dios y ayudar a los necesitados. El Evangelio busca, también, la salvación de los pobres materialmente, enseñándoles a ganarse la vida honradamente para no tener necesidad de robar y también para poder ayudar a los demás (cfr. Hc 18,3 ; 2Ts 3,12).
El religioso y la
religiosa están llamados a ser para todos Presencia de Jesús y signo del
Evangelio. Hay varios
desafíos que tenemos que afrontar para ello :
Ø Una buena formación : formar a los jóvenes enseñándoles el sentido de la responsabilidad. Hay que invertirse y desarrollar todas las capacidades en función de realizar la misión propia y el carisma del propio Instituto. Así, cada miembro de la comunidad está llamado a producir riqueza, a hacerse cargo de la propia vida y de la vida del Instituto. Cada persona se tiene que sentir responsable, a su nivel, del don que Dios ha hecho a la Iglesia y a la propia congregación para realizar el proyecto evangélico confiado al Instituto. Formar bien a los jóvenes en una profesión que pueda ayudarles a trabajar con eficacia para ayudar a la autofinanciación del Instituto.
Ø El trabajo : el voto de pobreza se sitúa en relación a una teología del trabajo,
del desarrollo y del compartir. La ley del trabajo se entiende aquí como
cooperación al desarrollo en el lugar donde realizamos nuestra misión, y de la
sociedad en que vivimos y al progreso del mundo. El compartir fraterno de los
bienes es un signo que denuncia esta sociedad injusta. Jesús mismo fue
carpintero (cfr. Mc 6,2-3). Pablo trabajó con sus manos (cfr. Hc 18,3 ;
1Co 4,12 ; 2Ts 3,12). Seguir a Jesús supone trabajar con sus manos y Jesús
lo recomienda a sus discípulos (cfr. Mt 10, 9-10). En
Ø El compartir : el religioso trabaja para compartir con aquellos que no tienen nada, se hace pobre para enriquecer a otros ; su trabajo no es para enriquecerse o acumular. Compartir, sí, pero ¿qué ?, ¿cómo ? Esto es lo que hay que ver en comunidad. Es fácil compartir lo que no nos ha costado ganar, lo que nos han regalado... Pero el compartir no se tiene que limitar a lo material, también hay que compartir el tiempo, la escucha, los bienes espirituales´
Ø La solidaridad : es decir, primero pensar en el otro, querer el bien del otro. La solidaridad puede revelar al mundo el sentido de nuestra consagración a Dios, trabajando en los medios más abandonados : la cárcel, la calle, los dispensarios, en la alfabetización
Ø La humildad : nos libera de nosotros mismos y nos hace cada vez más libres y disponibles para poder servir a los demás.
La verdadera pobreza es, sobre todo, aquella que libera y transforma a la persona. La pobreza religiosa no tiene que deshumanizar al religioso o a la religiosa, sino conducirle a relativizar los bienes de este mundo que pasa, haciendo del religioso un SIGNO para este mundo donde los hombres viven para los bienes materiales y el poder, haciéndole participar de la pobreza de Jesús. Viviendo plenamente su celibato consagrado, el religioso vive también la pobreza, teniendo en cuenta la mentalidad africana que considera los hijos como una riqueza.
Concluimos con V.C. 65 que subraya la necesidad de « una buena formación religiosa » que forme para el encuentro verdadero con la persona de Cristo, en el amor preferencial por Jesús. Esta formación impulsa a buscar formas nuevas para vivir una pobreza religiosa que sea signo hoy. « La preparación de la persona para la consagración total de sí misma a Dios, para el seguimiento de Cristo, al servicio de la misión... implicará una formación que impregne en profundidad a toda la persona, de manera que todo su comportamiento... revele su pertenencia total y feliz a Dios. »