5 de noviembre de 2004

 

3. Predicación

(Eduvigis Bestué)

 

 

Llevo 18 años que levo a Jaime escuchando decir lo mismo, pero te deja con ganas de encontrar a este Dios capaz de coger toda nuestras vida. ¿Por qué muchas veces nuestras predicaciones no dejan este gusto en la gente? Muchas veces das las pautas y no se ve en la cara de la gente este deseo de encontrarse con Dios.

 

Hoy empezaba mi oración pidiendo al Señor: Señor danos la gracia de no acostumbrarnos ni acomodarnos a lo que ya sabemos. Dejemos que Dios trabaje en lo más íntimo de nosotros. Ojalá salgamos de aquí con un único propósito: que sea Dios el que dirija mi vida. La mayor riqueza que he descubierto en el VD es el de estar a solas con Dios.

 

Señor, si no vienes conmigo no me hagas partir de aquí. No me hagas hacer promesas que no seré capaz de cumplir.  Al final de estas jornadas Dios nos confía una misión. Dios tiene pensado, a través de nuestras vidas, llegar a muchos. Muchas veces veo que no estoy preparado porque supone consagración, renuncia, poner la vida. Nos vamos con la certeza de aprender cada día a caminar tomado de la mano del Señor. Estos días he podido constatar el trabajo de Dios en la vida de las personas. Señor, qué grande has sido con nosotros. Cuando veníamos deseábamos que fuera un nuevo Pentecostés. Ha sido así, he experimentado que puedo mirar de frente a mis hermanas.

 

Señor sino vienes conmigo es imposible. Sin embargo, si vienes conmigo podré guiar a este pueblo rebelde. Si no transformas mi mente y mi corazón, no es posible. Sin embargo, constato que lo vas haciendo. Me gustaría poder regresar con todo el fruto estas jornadas.

 

Construir la Fraternidad es una conquista. «Vosotros no sólo tenéis una historia gloriosa que contar, sino una gran historia por construir».