24 de octubre de
2004
2. Homilía
(Fernando García)
Que
el Señor ponga en tus labios su palabra y en el nombre del Padre, y del Hijo y
del ES. Creo que eso es muy importante en nuestra vida. Se trata de proclamar
el evangelio con la vida. Todos estamos en este proceso de trasformación,
tenemos que llegar a ser lo mismo que recibimos… para que seamos lo que ya
hemos recibido. Hemos sido llamados a ser palabra de Dios.
Una
imagen muy buena es lo que se hace en
Toda
nuestra formación es para que lleguemos a no ser nosotros sino Cristo. Esto se
ve muy bien en
Dios
quiere hablar a África, como lo hizo con María y, a través de África, al mundo
entero.
Como
María nuestra reacción debe ser la de creer que se va a realizar. Quería
hablaros de la fe, diferencia entre la cantarina del Magnificat y el mudo
Zacarías… Creer que. Primero la fe… En la oración colecta hemos pedido a Dios
que nos aumenta la fe para no ver el pan sino a Cristo, es decir, ver lo que
hay después de proclamar la palabra y no ver lo que hay antes. Hemos de
pronunciar la palabra creyendo. La persona será consagrada si al predicar
creemos, si no soy yo que vivo sino Cristo en mí. Esta es nuestra misión. No se
trata de hablar por hablar. Hay que hablar porque Cristo quiere hablar, te lo
dice y tú lo escuchas. Y después sigue la oración diciendo: auméntanos la fe la
esperanza y la caridad y prosigue con la segunda parte y para que podamos
obtener lo que prometes, haznos amar lo que nos mandas. Pediría esto al Señor:
Enséñanos a amar lo que nos mandas.