25 de octubre de 2004

 

2. Ponencia del día

(Marisa Díaz)

 

CARISMA Y MISIÓN

 

ÍNDICE

0. Introducción    

1. Caminante no hay camino se hace camino al andar (ideal)

2. ¿fracaso o éxito en la misión? (conversion )  

3. Germinación  del carisma ( proyeccion )

 

Introducción

 

Mi primer encuentro con Africa fue en Malabo. El deseo que viviamos era compartir la fe recibida y transmitirla al pueblo que Dios nos confiaba. A todas las que fuimos nos unía ese deseo de hacer Vida el Evangelio, ser testigos de su Reino, tal y como lo profesamos en los votos:”deseando mejor convivir y anunciar el Reino de Dios con una pureza total de corazón y libertad de Espiritu, para reproducir en mi vida el Amor Universal, desinteresado y sacrificado de Jesus”.

 

Los dos años vividos en Malabo fueron un DON y una GRACIA de DIOS, encontramos un pueblo receptivo y hambriento de la Palabra de Dios, de tal forma que pudimos vivir con gozo y alegría el Ideal que llevábamos en nuestras vasijas de barro: organizamos convivencias, retiros y Dios hizo que este trabajo misionero diera su fruto.

 

En este corto tiempo ya viví algunas experiencias de “falta de situación”, meteduras de pata, había realidades culturales que nos sobrepasaban y no teníamos una formación al respecto para darles su verdadero sentido, por otro lado el hecho de ser europeo y misionero, era como si ese tema tenía que estar fuera de nosotros.

 

Un día al regresar de un entierro se puso un cubo de agua para lavarse las manos, lo curioso es que algunos se las lavaban y otros no. Al preguntar me dijeron que esa práctica no era cristiana. Otros temas fueron el de los espíritus, las relaciones familiares...

 

Otra realidad que me marcó profundamente la forma de vivir la Misión, fue el sufrimiento del pueblo, la pobreza del barrio en el que vivíamos. Nuestra dedicación al Ministerio de la Palabra y a la Oración no significaba ignorar esta realidad, o, cerrar los ojos sino reconocer una llamada de Dios y buscar respuestas a esta realidad de nuestros hermanos, esto nos llevó a buscar medios y formas de mejorar las condiciones de vida de nuestros hermanos.

 

1. Caminante no hay camino, se hace camino al andar (ideal)

 

Durante varios años esta frase estaba en un mural en casa y reflejaba un poco la situación que vivimos en los comienzos misioneros en Kinshasa. Nos experimentamos como una gota de agua en el inmenso océano, sin saber cómo abrir brecha, en la misión, en un mundo tan diferente al nuestro.

 

Éramos estudiantes en la universidad y la comunidad deseaba instalarse en Kinshasa pero no era posible ya que el Cardenal Malula no admitía nuevas congregaciones internacionales. Fieles a la formación recibida intentamos integrar estudios y apostolado. Recuerdo que todas las dificultades encontradas para integrarnos  en el nuevo ambiente de la universidad, las meditábamos en la oración diaría, recordando lo que tantas veces Jaime nos había repetido ”estudiáis para la misión y estudiando tened ya presente el pueblo que Dios os confía”. Así desde la oración y el diálogo permanente con Cristo Vivo todo tenía un sentido nuevo. Fue la gracia de Dios-Padre la que nos mantuvo fieles al Carisma en este lento caminar tan oscuro y con tantos desafios que nos encontramos:

 

Uno de ellos fue el de encontrarnos en una Iglesia local   con objetivos pastorales muy concretos y estructurados, unas formas de Evangelización y prioridades a respetar, a esto se añadía una cierta desconfianza hacía los misioneros europeos por todo el pasado histórico: era el tiempo de la “autenticidad y de la inculturación”.

 

El deseo profundo era  vivir nuestra Identidad Misionera V.D pero no sabíamos cómo abrirnos paso en una pastoral tan organizada. La formación recibida en la Facultad nos ayudó a situarnos y a comprender las motivaciones de la jerarquía local al tomar decisiones tan estrictas respecto a las congregaciones europeas. Tuvimos cursos sobre la Filosofía Bantu, historia de la Evangelización en el Zaire, analizando la primera Evangelización, sus logros y fracasos. Esta formación teológica nos ayudó a entender el momento histórico de la Iglesia Local.

 

Así el Espíritu nos hizo entender que para vivir la misión en el Zaire era preciso estar “abiertos” a las orientaciones de los Pastores de la Iglesia y a los “signos” de los tiempos, abiertos al constante dinamismo renovador del Espíritu, Guía y Fuente de Vida” (cfr. CFMVD 6).

 

Reconozco que lo que nos abrió puertas a la misión fue el testimonio de vida. “Procuraremos que nuestra predicación vaya siempre precedida y acompañada de un  claro testimonio de vida evangélica que acredite y confirme la Fe que predicamos y el Reino que queremos hacer presente entre los hombres” (CFMVD 46).

 

Para muchos,  la forma que teníamos de vivir en el barrio era nueva, sin las comodidades de los conventos; algunos de los compañeros sacerdotes y religiosos se escandalizaban de que la comunidad nos dejara en situaciones tan precarias, sin medios económicos ya que también trabajábamos. Nosotras tampoco entendíamos su forma de reaccionar ante lo que para nosotras era normal y lógico según nuestra mentalidad.

 

Algunos de nuestros profesores de Teología Africana vinieron a casa y nos confirmaban que el caminar de la Iglesia y de la vida religiosa tenía que ir por esos caminos de vida evangélica, de testimonio de vida.

 

De muchas formas, Dios nos confirmaba que siguiéramos adelante haciendo camino al andar.

 

Aún recuerdo cómo en los ejercicios espirituales de Kipako, el Espíritu nos fue guiando y configurando la comunidad para una mejor evangelización en el lugar. Fuimos tomando opciones muy concretas para ir conociendo el pueblo que Dios  nos había confiado y así ser para ellos testigos de Fe y Fraternidad. Algunas de nuestras opciones fueron aprender la lengua del lugar, participar más en los acontecimientos del barrio: entierros, comunidades de base y otras actividades a nivel de diócesis. Todo esto por ser fieles a lo que tantas veces hemos oído decir a Jaime: “si quieres enseñar a leer a Juan, conoce primero a Juan”.

 

Fuimos pues conscientes de que, para vivir plenamente nuestro Carisma, era preciso entrar por los caminos que la Iglesia nos ofrecía: colaborando en la parroquia y en la diócesis, teniendo muy claro a dónde queríamos llegar y lo que queríamos vivir como Misioneras Verbum Dei.  Esto nos hizo rechazar algunas propuestas que nos hicieron en la diócesis y que en el futuro habrían podido impedirnos vivir nuestra misión; fuimos pues acogiendo todo aquello  que nos permitía  ir viviendo lo específico nuestro, y así ir abriéndonos camino en la oración y el ministerio de la Palabra. Esto Dios nos lo regaló en el trabajo que se me confió en la archidiócesis con los profesores de Religión de los Institutos Convencionados Católicos. Fue una experiencia muy enriquecedora el trabajar en Iglesia, aportando cada uno desde su carisma  lo que le era propio. En este trabajar con la Iglesia se me confirmaba, de nuevo, la necesidad de nuestra misión, como un medio para la evangelización en profundidad considerada una de las prioridades de esta Iglesia local y que más tarde, en el Sínodo Africano, se retomaría como prioridad en la evangelización juntamente con la inculturación para todo el continente africano.

 

2. ¿Fracaso o éxito en la misión? (conversión)

 

Con el tiempo y como fruto de esa fidelidad al Carisma de la Oración y Ministerio de la Palabra que nos llevó a organizar convivencias, retiros, formaciones, se fue creando a nuestro alrededor un pequeño movimiento VD eclesial, donde surgieron vocaciones para las tres ramas: misioneras, misioneros y matrimonios. La temática  que seguíamos era la de nuestro temario.

 

Esta experiencia misionera era aparentemente positiva ya que siempre había personas interesadas en las actividades, sin embargo, había algo que no cuajaba de fondo ya que las personas no se implicaban desde dentro en un camino real de seguimiento de Jesús y de opción por  el Evangelio, por sus valores, nuestra Evangelización no llegaba “a transformar desde dentro, a renovar la humanidad” (cfr.  EN 18; EA 55).

 

Vivíamos pues muchos interrogantes respecto a los frutos de nuestro apostolado; el clima de las convivencias y de los retiros era conmovedor, las personas hacían unas oraciones comunitarias de conversión y en el compartir había muchos propósitos de cambio..., pero a la hora de la realidad, en la convivencia en el barrio, todo volvía a su ritmo. Era como si el retiro no hubiera tenido nada que ver con la realidad de la vida cotidiana, como si nuestra predicación, las verdades fundamentales de nuestra Fe, el vivirse como hijos y como hermanos, el comprometerse con la evangelización no tuviera una incidencia concreta en la realidad. Los problemas de tribalismo, enemistades, corrupción, abusos, miedos, etc. permanecían. Nuestro anuncio no revelaba profundamente la dignidad de los hijos de Dios, ni les llevaba a una liberación profunda, tal y como lo expresa la exhortación  apostólica post-sinodal “Iglesia en África”  (cfr. EA 68-69) y nuestras constituciones (cfr. CFMVD 9- 10).

 

Vivíamos actividades y se hacían servicios, pero faltaba ese convencimiento personal que viene del encuentro con Cristo Vivo. Aparentemente se decía “sí” al Ideal de la misión, pero luego no salía la fraternidad ni el compromiso espontáneo para la misión.

 

A veces nos encontrábamos hablando el mismo lenguaje en cuanto a la terminología (amor, pobreza, fraternidad...), pero los contenidos eran diferentes. Esto nos llevó a cambiar la forma de dar la formación: buscamos que fuera más dialogal para explicitar los contenidos entre todos, integramos también otras temáticas como el conocimiento personal, los valores, la formación bíblica, etc. (cfr. CFMVD 37; 40; EFMVD136), todo con el fin de hacer más asequible el mensaje de Cristo.

 

Comunitariamente fuimos tomando conciencia de que vivir el Carisma VD implicaba un cambio profundo para nosotras, un camino de inculturación profunda y no sólo exterior, era preciso profundizar el sentido de la Encarnación y lo que significa que “La Palabra de Dios se hizo carne”(Jn 1,14), “misterio que tuvo lugar en la historia: en circunstancias de tiempo y espacio bien definidas, en medio de un pueblo con cultura propia, que Dios había elegido y acompañado a lo largo de toda la historia de salvación...” (cfr. EA 60). Este dinamismo lo encontramos bien reflejado en nuestras constituciones y estatutos: “Nuestra predicación no podrá jamás consistir en teorías abstractas, desencarnadas” (cfr. EFMVD 129, 158, 176).

Otra realidad que vivimos y que tenía una  gran influencia en la misión,  eran las incomprensiones internas con los responsables de la Comunidad ya que, por falta de un verdadero diálogo, se tomaban a veces decisiones en España,  que en nuestras realidades no convenían en ese momento. Esto creó en ciertos momentos conflictos de conciencia ¿A quién obedecer para ser fieles al Carisma y a la Misión? ¿Qué significa fidelidad al Carisma? Se trataba de aplicar decisiones de los responsables, que estaban lejos de nuestra situación, o de ser fieles a lo que parecía intuición del Espíritu. A veces el conflicto se vivía en la misma comunidad del lugar ya que los responsables locales eran los que acababan de llegar, y por no estar situados en el lugar y por falta de un verdadero diálogo se creaba una falta de unidad y de criterios en la manera de orientar el apostolado.

 

En este sentido agradezco los encuentros personales con Jaime, ya que, al exponerle las situaciones concretas que a veces vivíamos en la misión, me respondía: “ora y adelante, Marisa”.

 

Es verdad que a veces buscaba respuestas que los otros no podían darme, sino que suponía una fidelidad a la oración y confianza en Dios.

 

En varias ocasiones se quiso cerrar la comunidad de Kinshasa ya que aparentemente “no se veía mucho lo que hacíamos y la situación política conflictiva no podía favorecer nuestra misión especifica allí”. La llamada recibida de Dios me impulsaba para pedir continuar allí y la razón que daba para que los responsables aceptaran la proposición, era que el problema no estaba en los que recibían la Palabra de Dios, en las personas que se nos había confiado, sino en nosotras, las misioneras, que aún no habíamos puesto todo en la misión. Se trataba de que nosotras viviéramos la misión  con métodos más apropiados a la cultura, unidad en los criterios del apostolado, evitando las contradicciones entre nosotras, ofreciendo respuestas desde la misión a las realidades que se vivían en la sociedad: guerra, violencia, corrupción, pobreza, pillajes... La propuesta fue aceptada por los responsables y así pudimos seguir arriesgando, “la Esperanza no falla” (Rom5,5).  Y toda Palabra de Dios que ha sido sembrada  un día dará su fruto (cfr. Is 55,10-11).

 

3. Germinación del carisma (proyección)

 

Todos los documentos de la Iglesia nos hablan de que el Espíritu Santo es el agente  principal de la evangelización; por Él, el Evangelio penetra los corazones, ya que es Él quien hace discernir los signos de los tiempos (cfr. EN 75; EA 57). En las  Constituciones, en el nº 6, se nos habla también de esta necesidad de estar atentos a los “signos de los tiempos” y al constante dinamismo renovador del Espíritu Santo, Guía y Fuente de Vida.

 

Animadas por ese Espíritu y con el profundo deseo de plasmar nuestra Identidad VD: “hemos salvado a la persona cuando la hemos enseñado a orar. Cristo tendrá un nuevo discípulo cuando éste por la oración, consiga “conocerlo” personalmente, no de oídas sino por experiencia propia (cfr. Jn 4,42 ). Ello constituirá la plenitud de nuestra alegría misionera” (cfr. CFMVD 38-40). Algunos de esos “signos” significativos que nos fueron guiando en nuestra misión fueron:

 

-         Los acontecimientos históricos del pueblo congoleño: el sufrimiento, la guerra, la pobreza, los pillajes...hicieron que muchas personas se preguntaran el ¿por qué?  ¿Dios dónde está? ¿por qué no actúa? Estos y otros  interrogantes existenciales nos fueron abriendo camino para un anuncio nuevo de la Palabra de Dios y un conocimiento del verdadero Dios que se identifica con el grito del pueblo que sufre y  tiene compasión, comprometiéndose con él a través de sus “enviados”, al igual que Moisés (cfr Ex 3,7-10).

 

-         El diálogo con las personas qua ya colaboraban con nosotros en el apostolado. Una de esas veces en las que compartíamos cómo lograr una Identidad en el grupo de apostolado al igual que una estabilidad, ya que los que empezaban un año no continuaban al año siguiente, uno de ellos dijo que era preciso que nosotras, las misioneras, tuviéramos un lugar fijo, donde pudiéramos trabajar y a partir del cual, otras personas pudieran interesarse por nuestro carisma, al sentirse atraídos por el Ideal plasmado en la vida, “el testimonio como primera predicación silenciosa” (cfr. EN 21). Por esas fechas, en la parroquia se inició un proyecto para crear un Instituto de enseñanza, ya que se veía desde hacía tiempo la necesidad: los jóvenes cuyos padres tenían dinero podían ir lejos para seguir estudiando, pero la mayoría no podía continuar los estudios por falta de medios ecónomicos. Nos integramos pues en esta iniciativa dando clases de Religión y apoyando moralmente al grupo de responsables. Al poco tiempo, se nos fueron abriendo campos de apostolado muy buenos con los profesores y los alumnos: formación, convivencias, retiros. En cada lugar deberíamos estar atentos a la puerta que el Espíritu nos abre  para realizar la misión, sabiendo bien a dónde vamos para no quedarnos enredados en el camino y llegar al fin. El fruto de este apostolado fue un cambio de valores  fruto del encuentro con Cristo y este cambio tuvo su incidencia en la sociedad concreta: “La Iglesia no sólo comunica al hombre la Vida divina sino que también derrama su luz reflejada en cierto modo sobre todo el mundo, especialmente en cuanto que sana y eleva la dignidad de la persona humana, e impregna de un sentido y una significación más profunda la actividad cotidiana de los hombres... La Iglesia anuncia y comienza a realizar el Reino de Dios siguiendo las huellas de Jesús, porque la naturaleza del Reino es la Comunión de todos los seres humanos entre sí y con Dios..., el Reino es fuente de plena liberación y de salvación total para los hombres” (cfr. EA 68). Estas experiencias positivas confirmaban la necesidad y la urgencia de la misión VD centrada en la Palabra de Dios y el encuentro con Cristo, en la sociedad congoleña. A partir de este momento  otras personas aceptaron formarse para ser discípulos y colaborar en la misión.

 

-         Otro signo  muy significativo  para todo el grupo fue, en 1994, el hecho de  elegir el nombre que expresara el espíritu del grupo, para el Centro de Evangelización de la comunidad. La elección se hizo democráticamente con todo el grupo de la Fraternidad. Se eligió aquel que tuvo más votos y coincidía con  nuestra Identidad VD: “KINVUKA”, que significa en kikongo, una de las 5 lenguas oficiales de la R.D. Congo, fraternidad, familia, colaboración. Con esta experiencia las personas se vivieron actores y responsables en la misión, y el nombre fue dando identidad al grupo, (grupo de identificación). Este mismo centro ha sido un medio eficaz para la misión, ha favorecido el desarrollo de actividades apostólicas: convivencias, retiros, etc. Al ser un lugar propio favorecía la participación  y la colaboracion de todos, haciéndolo suyo y sintiéndose responsables de la Fraternidad. Otra de las iniciativas del grupo fue el inicio de pequeños proyectos de desarrollo para hacer frente al gran problema económico que vivíamos por la crisis del país. Con la producción, el precio de las actividades disminuía y al mismo tiempo invitaba a las personas a implicarse en el trabajo del campo como respuesta a la crisis económica que vivíamos. Esta experiencia nos confirmó lo que en la Facultad de Teología nos habían enseñado: en África, la evangelización y el desarrollo tienen que ir unidos. Teniendo lugar propio para la evangelización los discípulos se fueron implicando cada vez más en la misión y en la formación, pues por las evidencias se fueron convenciendo de la urgencia de la misión y de su eficacia (“del dicho al hecho hay mucho trecho”, pero no  al contrario) El ambiente fraterno que se fue creando en el movimiento atraía a otras personas, era un medio para que la gente se interesara en las actividades apostólicas y de formación, ya que no se tenía en cuenta la tribu de procedencia, sino que todos nos vivíamos como hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros. Cada vez más nos vimos implicados en el “hacer hacer” (cfr. Mt 28,17)

 

Dios que nos conoce y cuida nuestra vida misionera como Padre, modelando nuestra vida como alfarero y reproduciendo en nosotros la “Imagen de su Hijo”, me envió a continuar mi formación misionera en Douala; personalmente  ha sido y es una riqueza. El proceso de cada comunidad es muy diferente al igual que los caminos por los que el Espíritu conduce cada movimiento VD. Cada pueblo tiene su cultura propia y su historia, incluso las ciudades de un mismo país no son iguales, por eso no podemos comparar, ni reproducir exteriormente lo que se hace en otro lugar. En cada momento y etapa es preciso estar atentos al Espíritu y dejarnos guiar por Él. La experiencia  vivida es una gracia; he constatado que se ha sembrado mucho, con un gran dinamismo apostólico y un compromiso de los discípulos en la misión.

 

Es una alegría profunda ver que los discípulos van siendo responsables de la misión en el lugar. Los desafíos siguen siendo muchos (cfr. EA. 72-79). Esto implica una formación permanente para ser más eficaces en la misión que Cristo y la Iglesia nos confian hoy.

 

Lo que también es una riqueza en el carisma VD es la eclesialidad  y aquí en Douala lo estamos viviendo y creo que es una complementariedad  en la misión.

 

Las experiencias  en la misión entre Kinshasa y Douala son muchas y muy complementarias, viviendo el mismo carisma  los procesos son muy diferentes, al igual que la asimilación del carisma que es progresiva.

 

Compartiendo con las otras misioneras de Costa de Marfil y Guinea  también constatamos que en estos lugares nuestro Carisma y Misión han tenido un momento de florecimiento y de gran impacto en las ciudades respectivas. Luego, en otros momentos y por causas bien diversas según el lugar, se han dado rupturas, falta de perseverancia y nuevos comienzos en el apostolado con todo lo que esto supone.

 

Estas Jornadas son para nosotros un gran reto en este sentido, nuestro continente está viviendo un momento histórico trágico: guerras, tribalismo, miseria, sida, deuda externa... (cfr. EA. 115-121).

 

El texto de los Hechos de los Apóstoles, en el cual un paralítico pide limosna a Juan y Pedro cuando van al templo, y estos fijando los ojos en él le dicen: “no tenemos oro ni plata pero en Nombre de Jesús de Nazaret, levántate y camina”, nos sitúa frente a la urgencia y la necesidad que nuestros hermanos en África tienen de nuestra Misión, de la experiencia del encuentro con Cristo capaz de liberar el corazón del hombre de tantas parálisis que neutralizan  todas las capacidades y energías que Dios generosamente ha ofrecido para el bien de todos.

 

Algunas propuestas para estas Jornadas son unificar lo que es  fundamental para vivir el Carisma y plasmarlo en los diferentes lugares. Que los discípulos VD formados en las distintas ciudades y naciones puedan  vivir  la misma identidad en lo que es fundamental  de nuestro Carisma, que no dependa tanto del misiomero/a que esté, y que cuando hay cambios se pueda ver una continuidad en  la misión .También podíamos  ver cómo ayudarnos  para crear y mantener en los distintos lugares la Escuela de Apóstoles.