27 de octubre de 2004

 

3. Homilía

(Serafín Sosó)

 

Intentare traducir la oración. Lo he hecho en francés para no perder las buenas costumbres. No puedo empezar la oración sin decir: Ven Espíritu Santo. Esta es una invocación que se puede encontrar en cada una de las páginas de mi cuaderno de oración. Cada día hay alguna razón por la que le invoco. Sin el Espíritu, no podemos decir Jesús es Señor. Además, no sabemos como orar como conviene, el Espíritu interviene por nosotros con gemidos inenarrables. ¿Quién conoce la profundidad de Dios, sino el Espíritu de Dios? Por esos todos los días le pido: Ven Espíritu Santo. Te invoco porque te necesito para poder permanecer en la fe. Ábreme, Señor el corazón a la fe para que pueda recorrer contigo el mismo camino.

 

Entonces me daba cuenta que no es evidente que permanezcamos en la fe en todo momento y que todos los actos que realicemos sean vivencia de fe. Por eso le pido que me introduzca en una fe que sea tan viva que me haga mirar la realidad con sus ojos. Danos, Señor, el don de la fe, una fe viva, haznos ver señor lo que tú ves. Le pedía también: Llévanos, Señor, a la montaña y haz que veamos el modelo de África que tú quieres que construyamos. Lo de la montaña me vino por aquello de que cuando el Moisés quiso construir el tabernáculo, estuvo un tiempo en el monte donde el Señor le presentó el modelo. Y cuando bajó le dijo que lo hiciera según el modelo que le había presentado en el monte. Y me preguntaba: ¿cuál es el modelo de Verbum Dei que tenemos que construir en África. Necesitamos que él nos introduzca en la visión de este modelo para que lo que construyamos sea fruto de lo que hemos contemplado.

           

Concedemos, Señor, la gracia de saber que el modelo que tú nos muestras no es un modelo construido.

           

Un peligro que experimento en la oración es que el Señor me muestra lo que quiere y muchas veces me da la impresión que ya lo tengo construido en mi vida y veo a los otros como aquello en los que se tiene que construir el proyecto de Dios, ya realizado en mi. Pero no es así, Dios nos presenta cada día la maqueta, y necesita con nosotros construirlo. Del papel al edificio, hay mucho trabajo. El arquitecto hace el plano, pero cuando empiezas a cavar la zanja te duele la cintura, sudas como un condenado, etc. Inconscientemente esperamos que esté ya realizado en los otros y perdemos la mirada de misericordia. Y Dios nos dice que necesitamos paciencia y delicadeza, mucha ternura para realizar su plan. Por eso le pedía: hazme comprender que el modelo que nos presentas es para construirlo y que la realización de tu proyecto conlleva muchas dificultades y que, a pesar de todo. Mc 13,13., hay que continuar: el que persevere hasta el final ese se salvará.

 

Veo un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Donde la vaca y el oso pacerán juntos… (ya conocéis la cita de Is. ). Donde las categorías de edad de sexo de mentalidad y de color no contarán. Nos pide que lo construyamos. Necesitamos poner unos cimientos de confianza, de sentir que el otro es hermano, para que el edificio se pueda sostener.

           

Os también perdón porque me siento más libre para hablar con Teo. Siento que la sintonía no es la misma con los otros. El Señor nos pide construir ese edificio donde se pueda vivir juntos el lobo y el cordero. Eso es vital para ofrecer al mundo lo que Dios quiere. Para que nuestra palabra tenga una convicción profunda, para que podamos decir humildemente que somos signos claros del evangelio. Por eso pedía al señor el modelo de Verbum Dei que quiere para que humildemente lo construya.

           

Lo que me estimula en la vocación es cuando pienso lo que Dios quiere construir. Me imagino un corazón profundamente fraterno. Yo deseo tener ese corazón. Creo que el Señor nos lo quiere regalar. Sin embargo, hay muchos bloqueos. Pido al Señor la experiencia de un corazón que pueda vivir en comunión porque comprende que la otra persona es una persona por la que Cristo ha dado la vida.

           

Cuando tú celebraste la Eucaristía, llevabas a los discípulos en el corazón. Quisiera comulgar con sus sentimientos. No es evidente que siempre vivamos las cosas desde la fe. Haznos señor el regalo de la comunión para que podamos crearlo con los otros.

           

No sé si hablo de la formación, pero lo que he dicho lo considero veo vital. Hablando de la formación me ha gustado mucho aquello que ha dicho el P. Alain sobre la vocación personal y la vocación comunitaria. Ha hecho hincapié en ello. Esto es algo que he soñado siempre. Es imprescindible acompañar a las personas a descubrir y a no perder de vista la palabra que Dios le dijo y que le hizo cambiar todo hasta hacerle optar por el Señor. En la formación hay que acompañar a la persona para que nunca pierda eso. Jaime, por ejemplo, nos habla muchas veces de su experiencia ante el sagrario a los 14 años. Ya lo conocemos pero siempre nos lo cuenta es nuevo.        

 

¿Cómo profundizar la vocación personal y la vocación comunitaria? Profundizando en la vocación personal descubro todos los elementos para vivir la vocación.

 

¿Qué pasó conmigo? En una semana de ejercicios ya harto de escuchar hablar y hablarme de Dios deseé ser como los samaritanos, creer no porque me hablan los otros sino porque he creído yo. Me sentía como en un agujero donde me divertía y el Señor pasó me sacó y me invitó a liberar a mis hermanos. El día que me olvide de este encargo de Jesús, nada me dice nada. En cambio cuando lo tengo lo tengo presente y lo renuevo. Todo tiene sentido. ¿Cómo hacer camino para que la misión comunitaria y la vocación personal vayan juntos? Por ejemplo Pablo de una manera u otra habla siempre de su experiencia. Y la urgencia que tiene de la evangelización es por el encargo recibido de Dios de ser instrumento elegido por Dios para anunciar su nombre. Cuando Jesús escucha del padre el tu eres mi hijo en el que me complazco toma más conciencia de su misión.

           

Por tanto, ¿quién soy yo? Jesús me dice: Tú eres aquel que escogí para liberar a tus hermanos. Cuando me falta eso no soy capaz de superar las dificultades. Puedo ser paciente y misericordioso con el otro cuando experimento la paciencia y la misericordia de dios con migo. Como no evangelizar cuando él me explica cada día su palabra. La única fuerza que tengo para realizar el ministerio de la palabra es cuando no pierdo de vistas las palabras que me dijo el Señor. Necesito que cada día me diga el Señor aquello que me dijo un día y me puso a seguirle.

           

Puede haber razones objetivas para desconfiar, pero Dios nos pide dar un paso más. Jesús podría tener razones objetivas para no lavar los pies a los discípulos, ni comer con él, sin embargo lo hizo. Razones objetivas hay para muchas cosas, pero él nos dice: lava el pie de aquel que te va a traicionar, come con él en la misma mesa y en el mismo plato.

           

Que las evidencias no nos impidan construir el modelo de comunidad que Dios quiere. Que nos regale las categorías de fe para realizar este trabajo que nos ha confiado.

           

Hoy nos dice: Serás tú. Somos nosotros los instrumentos para construir estos cielos nuevos y esta tierra nueva este modelo de hombre que pueda darse enteramente porque sabe el valor de la vida del otro para Dios.