28 de octubre de 2004

 

4. Predicación

(Guillermina Richard)

 

Me hace mucha ilusión compartir con vosotros mi oración de estos días. Primeramente yo daba muchas gracias a Dios por todo este tiempo de oración, de reflexión, de compartir,  que Él nos ha regalado en comunidad, en fraternidad. Detrás de todo esto veía un Dios que espera tanto de África. En muchos momentos he escuchado preguntas como esta: El carisma Verbum Dei, ¿es posible [vivirlo] en África? Creo que este encuentro es una afirmación de parte de Dios [que nos dice]: Es posible porque soy yo quien os ha enviado allí; es posible porque  fui yo quien os envió a África. Para mi es de una experiencia de una esperanza muy grande, de ver cómo Dios se fía de nosotros y continuamente en la oración me hace esta pregunta: ¿Tú te lo crees? Porque depende de tu fe. Yo lo creo y por eso estáis aquí. Para mí, esto es una gran alegría y una gran esperanza. No sé como agradecerlo a Dios.

 

Esta mañana cuando Felipe hablaba me ayudaban todas las pautas, pero Jesús me introducía inmediatamente no en [la meditación sobre] el gobierno, [en cuanto] una organización externa, sino que me hablaba de los gobernantes, de los que tienen que gobernar; porque decía [Felipe] una cosa muy importante: Podemos organizarlo todo, pero si no hay una estructura interna, las mismas personas se quedan en [con] la estructura organizada. Me introduje en la oración con esto. Entonces le hacía a Jesús unas cuantas preguntas: Desde esta perspectiva, Jesús, ¿qué ves de nuestra fraternidad en África?; ¿qué te preocupa de esta Fraternidad?, ¿qué deseas de nosotros?, ¿qué bases quieres que pongamos en  nuestra vida personal y comunitaria para poder vivir este carisma con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón y todas nuestras fuerzas?, ¿qué bases quiere que pongamos en nuestra vida personal y comunitaria? Depende de la base que pongas, el “Verbum Dei” estará sostenido en cimientos fuertes. Inmediatamente después de hacerle estas preguntas, lo primero que me venía es la palabra de Jn 15,16: «Os he llamado y os he destinado y deis fruto abundante y que este fruto permanezca», ¡palabra de Dios bien profunda, eh! Y le preguntaba a Jesús: ¿cómo este fruto puede permanecer? Porque fruto abundante a veces hemos tenido. Todo el tiempo que he estado en Douala, hemos tenido momentos de convivencia. Cada mes [teníamos] una convivencia y en cada encuentro no había menos de 50 personas, a veces 150, a veces en el Colegio Libermann 200 personas. ¡Mucha gente! Y gente que busca a Dios, gente nosotros mismo hemos buscado con mucho esfuerzo, sufriendo para que estas personas tenga una experiencia de Dios. Pero, no basta tener todas estas personas. Hace falta que permanezcan, de aquí la necesidad de una organización.       La primera organización la encontraba en mi propia vida, cómo está cimentada en Dios. (porque la fraternidad y será fecundo si cada uno de nosotros está cimentado en Dios. No sé si estoy fuera de la línea, pero es lo que voy orando. Es una llamada muy fuerte de Dios: Afiánzate en mí porque sólo desde mi podrás dar frutos que permanezcan. Es una llamada muy fuerte de Dios [que nos dice a cada uno]: Deja que yo pueda guiar tu vida con mi palabra; entonces podrás sostener toda esta organización tan importante que estáis haciendo; porque la organización externa es también importante para vuestra vida espiritual. Por tanto, lo primero es cómo yo estoy con Dios. Lo primero es mi relación con Dios. Lo primero es permanecer en él.

           

(Porque) una cosa que nos decía también en las pautas es que todo lo del gobierno parte de un carisma. ¿Qué es lo que nos une? ¡Una misión! Yo no me levanté un día y me puse a buscar el Verbum Dei. Para mí fue un regalo de Dios. No me lo esperaba, ni lo había pensado nunca, pues [en mi familia] yo soy la hermana mayor y no me podía imaginar. [Más aún], en la tradición de mi tribu la hermana mayor tiene que marcar toda la familia. Yo pensaba en todo tipo de formación, menos en ser misionero. Valoraba mucho a las monjas, pero decía yo: “¡Pobrecitas!”. No fue un sueño. Fue una llamada, pero yo le tengo que preguntar cada día: ¿cómo (tú) quieres que yo viva? ¿Cómo quiere que yo te siga?, ¿cómo quiere que yo que te sirva?

           

Una cosa que Jesús me prometió es hacerme profundamente feliz. No sé si alguien puede emprender un camino que no le haga feliz o que le lleve a la tristeza eterna. Si a vosotros os atrae un camino así, a mí, no. Y es verdad que los primero años uno entiende la felicidad a su manera, que Dios le tiene que hacer sentir no sé qué; [pero a medida va entendiendo mejor de qué felicidad se trata].  Para mí el primer golpe fue el Curso de Formación. Esther que fue mi formadora era muy dura. Aquello de que “si no es así no es aquí” [lo escuché de ella]; [sin embargo] las personas que más me han ayudado en mi vida misionera son las personas que más me han exigido y ayudado a no quedarme dormida en mi misión, a no quedarme paralizada en misión; aunque estés candada. Si fuera una madre de familia, [poco tiempo tendría para pensar en mí misma]. Esther, gracias a Dios, me introdujo en esta calidad de vida: de no quedarme indiferente, de sacrificarme, de salir de mi misma, de ir más allá de mis sentimientos y todo esto forja la vida interior que yo creo que es lo más importante. 

           

(Hoy me hablaba de una forma más concreta.) Nuestra misión, el ser responsable no es sólo tener un título. Cuando Jesús en Mt 28, 19-20 nos confía la misión , yo tengo que poder responder con responsabilidad a esta misión. El me ha llamado a poder dar todo lo que soy en esta misión en este carisma. Y me introducía directamente en la palabra de Jn 10, el buen pastor. ¿Quién es el responsable? Un buen pastor, pues los hay que no son buenos. La palabra de dios nos dice cómo debe ser el buen pastor: Da la vida, se pone delante y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Esta es nuestra misión. Dios nos llama a ser buen pastores, dando la vida por los que amamos. Estando en Loeches tuve la gracia de contemplar esta maravillosa labor. Vi un rebaño grande un pastor y un perro. ¡Qué bonito! Tenía una garabato de bolsa –el zurrón–, un palo, iba delante con todas las ovejas detrás iba atento a todos los detalles. Y me di cuenta de que es lo que él hace con nosotros. Y entendía que me día: sé tu un buen pastor. … Lo pido de rodillas cada día en el rosario a la Virgen: buenos pastores que den la vida por las personas que Dios les ha confiado. Esto significa estar atento, saber si han comido, llevarlos a buenos pastos. ¿Qué pasto das, qué comida le das a tu comunidad? ¿Cómo preparas esta comida? … Qué haces, coges cualquier cosita. Cuando el pastor está dormido las ovejas se mueren. Esta es mi experiencia personal. Cuando duermes las personas que Dios te confía… La persona te mira, espera que le des algo, no tiene orientación y tú se lo tienes que dar. Señor, si no estoy anclado en ti, no tengo nada que dar. No tengo estructuras que mantener… De la misma manera que organizamos a nivel externo, hemos de organizar a nivel interno, porque lo que Dios nos confía es de una gran responsabilidad.

 

Esta ha sido mi oración esta mañana. Cuando Felipe nos compartía todo lo que tiene que ser un gobierno, me preguntaba si estamos preparados para mantener algo aquí. Nos tenemos que preparar los misioneros que estamos aquí. Al mismo tiempo, hemos de ponerlo todo en manos de Dios. Si tú quieres será posible. Ahora bien, Dios no hace milagritos sin nosotros. Los milagros que va a hacer los hará contando con nuestra colaboración. La invitación que veía más fuerte de Dios es que nos enraicemos más en Dios. la ignorancia nos hace pensar que podemos por nosotros mismos.

 

Le pedía que nos ayude a ser buenos pastores. Y tenía en mi mente a cada uno de los misioneros/as. ¿Qué será África mañana? Lo que digamos nosotros. Confiar en el otro supone mucho riesgo, pero si no confío en él nunca descubriré el tesoro que hay en el otro. Atrevámonos a ver lo que Dios puede hacer en el otro y a través del otro. Sin esta confianza no podremos avanzar. Porque Dios se fía de mí, yo debo fiarme en el otro.

 

Jesús cada día se arriesga a ponerse en nuestras manos. Cada vez que comulgo escucho que el me dice: Mírame y sé como yo, yo creo en ti. …

 

Os invitaría a apoyarnos en este Creo en ti de Jesús. Así podrá guiar nuestra vida por los camino que el quiere. Aceptar su proyecto y buscar su voluntad.