29 de octubre de 2004

 

2. Ponencia: Gobierno, la estructura económica 

(Gerardo Roncero)

 

Introducción

 

La economía tiene una influencia real y muy fuerte en nuestra vida consagrada y, por lo tanto, en la Fraternidad y en la vida de cada uno de sus miembros. Si las condiciones económicas que puede crear un Instituto Religioso son mínimamente dignas, sus miembros pueden dedicarse con serenidad a la propia misión; una situación económica demasiado precaria produce preocupación e incertidumbre ante el futuro y, algunas veces, si no hay absoluta transparencia en la gestión de los bienes económica, generan sospechas, opacidad y, como reacción, más opacidad.

 

Los bienes de los que dispone la Fraternidad son bienes que el CIC llama “eclesiásticos”, es decir, son bienes con una finalidad muy determinada: son los que permiten a un Instituto cumplir con la misión y vocación (carisma) que el Espíritu Santo le ha dado a favor de todo el mundo. Son, pues, bienes necesarios si adecuados a la misión. Esto incluye, lógicamente, la formación inicial y permanente y el mantenimiento de sus miembros. Y responsabilidad de toda la Fraternidad, de todos sus miembros, es buscar esos medios, siempre en la necesaria división de responsabilidades en una Comunidad.

 

La gestión de los bienes que la Fraternidad destina a África ha participado hasta época muy reciente de toda la problemática inherente a la propia Fraternidad en todo el mundo, lo que ha generado dificultades específicas en África. En primer lugar, la falta de costumbre práctica de dar cuentas de cómo se consiguen los medios económicos: durante casi toda la historia del VD se ha funcionado a un nivel muy informal y el dar cuentas no formaba parte de la cultura de la propia Fraternidad; más tarde, coincidiendo con la aprobación pontificia, se dieron los problemas que todos conocemos, y que llevaron un grupo no pequeño de miembros a dejar la Fraternidad: la urgencia y lo extraordinario del momento, no permitía un tomar en mano toda la problemática económica de la Fraternidad en todo el mundo, que es precaria en todos los lugares.

 

Se trata ahora de comenzar a dar contenido a las legítimas aspiraciones de los miembros de la Fraternidad que está en África, creando los cauces que permitan, de una parte, el justo y necesario compartir de los bienes que la Providencia nos ofrece para la realización de nuestra misión y, por otra, formando una unidad inseparable, que nos permitan a todos vivir una auténtica fraternidad en la Fraternidad, donde el “que todos sean uno” haga indiferente el “quién da” y el “quién recibe”.

 

Situación económica actual de la Fraternidad Misionera Verbum Dei en África

 

1. En cada comunidad: situación actual y presupuesto futuro

 

En la actualidad hay nueve comunidades Verbum Dei en África, tres de misioneros (Bafoussam, Douala y Yaundé, en Camerún), y seis de misioneras (Bafoussam y Douala, en Camerún; Bata y Malabo, en Guinea Ecuatorial; Kinshasa, en la República Democrática del Congo; y Abidján, en Costa de Marfil). El número total de miembros es, aproximadamente, 40 personas.

 

Descripción sumaria de cada comunidad

 

MISIONEROS:

Bafoussam

            Es una comunidad de nueve misioneros divididos en dos equipos, uno apostólico y otro de formación. Hay dos casas. En una hay seis estudiantes, en la otra un equipo más dedicado al apostolado. El presupuesto medio, contando matrículas de estudios y mantenimiento es de unos 1.000,00 / 1.200,00 Euros al mes. Se manda todo desde la Administración General.

TOTAL anual (de 2003 y para 2004) una media de                       13.200 Euros (8.646.000 Fcfas)

 

Yaundé

            Comunidad de diez misioneros, divididos en dos casas (6 filósofos y 3 teólogos, aunque en la actualidad todos son teólogos), todos estudiantes, con uno más que cursa la licencia en teología. El presupuesto medio, contando matrículas de estudios y mantenimiento ha sido de unos 3.000,00 Euros al mes, media del año 2003 (las matrículas son bastante más caras que las de Bafoussam). Se manda todo desde la Administración General.

TOTAL anual (de 2003)                                                                                            36.000 Euros

TOTAL anual para 2004: Al inicio del año académico 2003/04 habían pedido 40.000,00 Euros (26.200.000 Fcfas): es la media que se está mandando.

 

Douala

            Comunidad de dos misioneros, dedicados al apostolado. Se mantiene con el producto del alquiler de un apartamento y de otras diferentes entradas. Desde la Administración General se han enviado unos 2.000,00 Euros en todo el año.

TOTAL anual (de 2003 y para 2004)                                              2.000 Euros (1.310.000 Fcfas)

 

 

MISIONERAS

Bafoussam

            Equipo de cuatro misioneras, estructuradas como Curso de Formación. Realizan pequeños trabajos artesanales que se envían después a España, Alemania o a Italia para su venta; otras veces se compran, no se hacen, con el mismo fin. Es una inversión. Tienen algunas entradas periódicas de personas amigas de Magda. El resto se manda desde la Administración General, una media de 750,00 Euros al mes.

TOTAL anual (para 2004)                                                              9.000 Euros (5.895.000 Fcfas)

 

Douala

            Comunidad de una única persona, vive en compañía de cuatro muchachas. Se mantiene con la explotación de la casa que la Fraternidad ha construido hace un par de años: suficiente para mantenerse por ahora, pero con tendencia a generar más entradas conforme diferentes grupos parroquiales o de movimientos conozcan la casa. He mandado unos 2.000,00 en todo el año, para cosas más imprevistas.

TOTAL anual (para 2004)                                                              2.000 Euros (1.310.000 Fcfas)

 

Kinshasa

            Comunidad de tres personas, totalmente autosuficiente en el mantenimiento excepto en los viajes internacionales: han sido 2.200,00 Euros, para el viaje de dos misioneras a los ejercicios de julio, en Yaundé, y serán 1.740,00 para el viaje de las participantes a las “Jornadas”

TOTAL anual (para 2004)                                                              3.940 Euros (2.580.700 Fcfas)

 

Abidján

            Comunidad de tres personas, una de votos temporales. Han necesitado unos 3.500,00 Euros durante el año 2004, sin contar los viajes, que han sido 1.000,00 en mayo y 1.500,00 para las participantes en las “Jornadas”.

TOTAL anual (para 2004)                                                              6.000 Euros (3.930.000 Fcfas)

 

Bata

            Comunidad de tres personas. Tienen también un pequeño grupo de cuatro chicas que viven con la Comunidad. Se ha comprado la casa en la que las misioneras habitan, por un valor de 23.000,00 Euros. Se han pagado ya 7.600,00 Euros, fruto de la venta de un antiguo terreno. El comprador del terreno nos debe todavía 3.800,00 Euros (difícil de cobrar por cuestiones propias de Guinea). Se han pagado otros 10.000,00 Euros a final de septiembre. Hay que pagar todavía el resto y, mientras tanto ya se han hecho arreglos en la casa que permitan dejar otra por la que pagaban un alquiler elevado. Se trabaja en la comunidad, en una ONG. Lo que manda la Administración General es una media de 500,00 Euros al mes. Se espera que una vez terminada de arreglar la casa sus necesidades disminuyan.

TOTAL anual (para 2004)                                                              6.000 Euros (3.930.000 Fcfas)

Extra a causa del arreglo casa                                                                                    12.000 Euros

 

Malabo

La comunidad necesita unos 1.000,00 Euros al mes. Algo se ha mandado desde la Administración General, otro poco ya estaba en Malabo, en una cuenta de Guillermo Feliu.

TOTAL anual (para 2004)                                                            12.000 Euros (7.860.000 Fcfas)

 

TOTAL GENERAL ÁFRICA PARA 2004, más los extras                              104.400 Euros

 

 

2. Posibilidades para el autoabastecimiento

 

            En general, todas nuestras comunidades, salvo las excepciones indicadas anteriormente, viven de lo que manda la Administración General a través de la “Administración para África”, en lo que he llamado “Fondo de Solidaridad con África”.

Durante el año 2004 se han mandado unos 90.000,00 Euros. Indicamos a continuación su procedencia:

 

una entrada periódica en la Comunidad de Roma                                                    10.000,00 Euros

misas y otras entradas apostólicas en Roma                                                              6.000,00 Euros

diferentes donativos periódicos de personas en Roma                                               2.000,00 Euros

traducciones que se hacen en Roma                                                                          3.200,00 Euros

venta objetos artesanales (Florencia/Esther y Siete Aguas/MJ Valls)                          4.000,00 Euros

Misioneras de Alemania                                                                                           2.000,00 Euros

Venta de una casa (Herencia de una misionera)                                                       42.000,00 Euros

Donativo Delegación de Misiones de Zaragoza                                                         3.000,00 Euros

2 proyectos para una comunidad                                                                            12.000,00 Euros

TOTAL                                                                                                                 84.200,00 Euros

 

El resto, hasta 90.000 Euros, era el remanente del año pasado.

 

            En la actualidad (octubre 2004, durante la celebración de las “Jornadas”) el fondo para África está totalmente agotado (de hecho, nos hemos endeudado con más de 10.000 Euros ahora mismo); las últimas entradas se han utilizado para pagar la casa de ejercicios donde se celebran las “Jornadas Africanas”, para pagar el primer plazo de las matrículas de los misioneros de Yaundé y de Bafoussam, y para rembolsar algunos viajes; se espera en una última contribución de 10.000,00 Euros para poder cubrir las necesidades de las comunidades en África hasta finales del mes de noviembre.

 

            La mayor parte, pues, de los recursos con que cuentan las comunidades VD en África, vienen de Europa. Esta realidad es la que se quiere cambiar en un futuro inmediato. A nivel de la Iglesia universal las directivas que la Santa Sede ha dado a todas las Agencias de Ayuda Católicas o, de todas maneras, sobre las que tiene una cierta influencia, son que se trabaje en el autoabastecimiento, al menos a medio o a largo plazo. No es pensable que una Diócesis africana, por ejemplo, dependa ab aeternum del exterior; lo mismo se podría decir de una Comunidad. Por eso se intenta establecer programas que en un plazo razonable de tiempo conduzcan a una autosuficiencia para la organización de la vida ordinaria, reservándose las Agencias de Ayuda para casos que sean excepcionales debido a desgracias (guerras, inundaciones, u otras destrucciones), o por la mole del proyecto (construcción de un Seminario, o de una Casa de Ejercicios, etc, que no son inmediatamente productivos, sino que el fruto lo dan a muy largo plazo).

 

            La Santa Sede ha dado estas indicaciones porque está viendo el peligro, hecho realidad en muchos lugares, de obispos (o sacerdotes, o religiosas) que giran todo el mundo buscando recursos económicos, por lo que lo es todo, menos Obispo, pues llega a estar hasta 8 meses fuera de la diócesis, de modo que “los potencialmente donantes” terminen por pensar: “Éstos no saben más que pedir”; y “los potencialmente receptores” terminen por pensar: “Esto lo pedimos a las Agencias de Ayuda”, sin esforzarse mínimamente por generar recursos en el propio lugar. Y se llegaría a romper en la Fraternidad, la fraternidad. Se puede desarrollar una mentalidad de “eterno subsidiado”, que sería negativo tanto para unos como para otros. A largo plazo, pues, es impensable que esta situación pueda continuar.

 

            Hay otros recursos que siguen un cauce más personalizado, vinculados con misioneros y misioneras que son europeos y/o tienen vínculos con Europa: son donativos de amigos o de la propia familia. La Administración para África está al corriente de algunos de estos movimientos debido a la transparencia de las comunidades. Sin embargo, alguna comunidad prefiere guardar una cierta discreción. Algunas veces estos fondos, llamémosles “personales” sin ninguna vena peyorativa, se reservan para intervenciones puntuales en caso de enfermedades o situaciones sociales urgentes en los que el misionero o la misionera “no puede no comprar las medicinas para el niño que está muriendo” o casos similares. De todos modos, por lo que parece y espero, estos fondos no son muy grandes.

 

            Relacionado con esto están los recursos vinculados “ad personam” a un misionero o misionera. Normalmente es la familia que, teniendo posibilidades, ayuda a su hijo o a su hija que está en tal o cual comunidad. Puede darse que la tal comunidad donde se encuentra ese misionero o misionera termine por vivir de lo que manda la familia. Pero sucede (ha sucedido casi siempre), que, cambiado el misionero, la comunidad ya no recibe ayuda de esa familia. Con el misionero cambia destino también la ayuda. Esto ha hecho que la comunidad haya quedado en la precariedad.

 

            Quizás una lección sea que no se puede confiar la comunidad a una solución de este tipo: la comunidad NO puede vivir como norma, de una familia; corresponde a la Fraternidad Misionera Verbum Dei buscar los recursos, aunque esto no quiera decir que no se “aproveche” y se pueda contar con la generosidad de una determinada familia; y otra lección, que, en la medida de lo posible, se eduque la familia a la universalidad (que es la catolicidad)... A no ser que haya que pensar que el misionero, la misionera, en cuestión, piense que no hay otra necesidad más grande que allí donde se encuentra él o ella, precisamente allí, y que cuando cambia de lugar, la necesidad se traslada también con él: ¿qué Divina Providencia puede vivir esta determinada persona si su familia le “cubre siempre las espaldas” en cualquier lugar o situación en la que se encuentre? ¿Qué abandono en Dios puede vivir? Antiguamente los sacerdotes tenían “sus pobres”: ¿será que ahora el misionero tiene “sus bienhechores personales”? Si esto fuera así, parece que la pertenencia de esa persona a la Fraternidad no pasaría de algo meramente jurídico; sería síntoma de una enorme falta de vivencia de Familia...

 

            Y lo peor de todo esto sería el caso en que el misionero recibe esa ayuda de su familia “porque la Fraternidad me ha abandonado; la Fraternidad no me ayuda; me ha mandado aquí y no me da los medios...”.

 

            Una dificultad que la Administración General de la Fraternidad ha encontrado es el recurso que algunas personas hacen o han hecho a bienhechores sin ninguna información a la Administración. Se provoca así que un mismo bienhechor se vea solicitado por dos misioneros o misioneras diferentes, mostrando así falta de coordinación o una actitud de “francotirador”: cada uno se las arregla como puede. Hay que evitar pedir fuera de los cauces de la Fraternidad, sin informar primero de la necesidad y de la persona a la que se podría pedir, y, en algunos casos, hay que abstenerse de pedir sin recibir una autorización previa.

 

            Buscando un autoabastecimiento real, otra posibilidad es la de pedir sistemáticamente becas para seminaristas Verbum Dei. Es el lenguaje que podría entender la gente, y la inmensa mayoría de las congregaciones misioneras así lo hacen. En el caso del Verbum Dei, lógicamente, no se hace diferencia entre misioneros y misioneras en formación, pero de cara a la gente, quizás habría que insistir en “seminaristas”. Otras iniciativas con las que cuentan algunos institutos exclusivamente misioneros es la llamada “Campaña pasar los mares”, donde se pide a la gente que ayude a un misionero a alcanzar el lugar donde ha sido destinado; es la concreción del envío “ad gentes”, donde el misionero va y se instala por un largo periodo[1].

 

            Cuestión a tener en cuenta en la generación de los recursos locales es la cuestión de las aportaciones que empresas, corporaciones u otras instancias pueden hacer a la Comunidad. Si se consiguen cosas de comer de empresas productoras; o productos cercanos a la caducidad, de los supermercados; o el préstamo de furgonetas o coches cuando hay que hacer un traslado por los ejercicios o por el apostolado, son cosas que sin generar directamente dinero, lo ahorran. Es verdad que esta forma de conseguir medios (llamémosla “mendicidad” si se quiere), está vinculada a la persona capaz de ir a pedir.

 

            Relacionado con esto, hay comunidades que no reciben mucho dinero del movimiento apostólico, pero reciben comida (malanga, bananas, arroz...). Esto liberaría recursos para otras necesidades más urgentes. La tentación de la pequeña comunidad podría ser la de continuar recibiendo el presupuesto fijado de antemano con la Administración para África. Una actitud responsablemente fraterna, con sentido universal, llevaría a pensar que quizás hay otras necesidades en otras partes del mundo. Es curioso que sólo una de las comunidades haya bajado el presupuesto para 2005, contando con el mismo número de personas: ¿una administración más realista y austera? Y para mí es de alabar que una comunidad africana haya participado “desde su pobreza”, tanto a los gastos del Retiro y de las Jornadas como al “Fondo de Solidaridad con África” que la Administración para África administra.

 

            Aunque nuestro apostolado va en general dirigido a personas sencillas, esto no quiere decir que no se tenga contacto con personas que tienen posibilidades a un cierto nivel. Partiendo del principio de que estas personas también han de ser evangelizadas, habría que ver también la manera para que estas personas pudieran compartir parte de sus bienes con el evangelizador (“el obrero merece su salario”: Lc 10, 7). Este discurso habría que extenderlo a todo el apostolado: ¿es realmente posible que el apostolado, estrictamente el apostolado, las actividades apostólicas, no generen ninguna entrada, o extremamente mínima, en nuestras comunidades africanas? ¿Es posible que ni siquiera entre un único estipendio de misas a los sacerdotes de la Fraternidad Misionera Verbum Dei en África? Partiendo del principio de que lo que hemos recibido gratis lo tenemos que dar gratis (cfr. Mt 10, 8), ¿es posible que nuestras actividades apostólicas no cubran ni siquiera parte de sus costes?

 

            Hay que tener en cuenta que la Fraternidad realiza un trabajo apostólico que le es propio: Ejercicios Espirituales y Escuelas de Apóstoles (Const. nº 42). Sus miembros no están con contrato (sean misioneros o misioneras) en una diócesis o en una parroquia. Esto, que es fuente de libertad para dedicarse a la propia misión y vocación, significa, por contraste, que la diócesis o la parroquia que ayudamos no se siente “obligada” a una ayuda real material; al contrario pretende o “exige” una presencia y una inversión de personas y/o de medios materiales que van mucho más allá de las posibilidades reales de la Fraternidad. ¿Qué hacer? ¿Se puede solicitar en esos casos algún tipo de ayuda?

 

            Hay que considerar también el trabajo remunerado. ¿Qué trabajos? ¿En qué ambientes? ¿ONGs dedicadas al desarrollo o a un trabajo social? ¿Otros, como venta de productos en tiendas, apoyados por discípulos? ¿Cultivo directo de productos agrícolas, para sacar al menos para el mantenimiento diario? ¿Granjas? Son cuestiones que hay que tener en cuenta.

 

            Habría que reflexionar también sobre el nivel de vida de la Fraternidad Misionera Verbum Dei en África. A la vista está de quien quiera ver, que África es un continente riquísimo mal administrado localmente y colonizado internacionalmente por las grandes multinacionales: el colonialismo político se ha transformado en una dependencia económica. La gran mayoría de la población, salvo excepciones locales (en determinados países) o por otras circunstancias, vive con un dólar americano persona/día, y a veces ni eso. Recordamos los Estatutos, en su número 81:

 

81. Más bien este amor sincero a todos los hombres, como verdadera luz de Cristo, se reflejará necesariamente en todo (Cfr. Mt 5,14-16.) y hará que, espontáneamente, nuestros Centros, viviendas, instrumentos de apostolado, vestido, alimento, etc..., nos recuerden constantemente, a todos, los vínculos fraternos que nos unen en la gran familia de Dios, manifestando claramente nuestra estrecha solidaridad fraterna con los más necesitados y que sufren en el mundo (Cfr. Lc 7,11-17; Rm 12,15; Gal 2,10; Is 53,2-9. L.G. 32; G.S. 32).

 

            Ante esto, ¿cómo deber vivir la Fraternidad la pobreza en África, más allá de la que ya dan las condiciones ambientales? Por otra parte, ¿hasta qué punto tenemos que multiplicar el uso de medios más altos que la media de la población (coches, ordenadores, teléfonos celulares, etc) pueden alejarlos de esa solidaridad con los más pobres? Debemos servirnos de los medios necesarios y adecuados para nuestra formación y misión, es decir, una pobreza adecuada a la especificidad de nuestra misión: “oración, ministerio de la Palabra y testimonio de vida evangélica”[2]. Relacionado con esto: ¿es necesario que nos juntemos cada año en el mismo lugar para los Ejercicios de mes, o podemos hacerlos de otra forma? Y, si parte del problema es la dispersión de recursos humanos y económicos entre nuestras comunidades, ¿se puede pensar en cerrar o, por lo menos, no abrir nuevas comunidades (fundaciones) para poder consolidad nuestras fuerzas, tanto humanas como económicas, en los lugares donde ya estamos actuando y en donde ya hay un mínimo de infraestructura?

 

3. Apoyo económico a las familias

 

            Una realidad particularmente aguda en África es el capítulo “Ayuda a las familias” de miembros de un determinado Instituto. Es una realidad no exclusiva del VD, con la que se tienen que confrontar prácticamente todos los Institutos religiosos, tanto internacionales como autóctonos. Por una parte, existe la realidad de la situación socioeconómica africana, y que nuestros misioneros y misioneras no han salido de clases sociales altas o de familias pudientes; y, por otra, no pocas veces el misionero o la misionera era la persona a la que la familia había “delegado” enviándolo a estudiar, para que en el futuro pudiera ayudar a la familia. Cuando esta persona experimenta la llamada, y el Espíritu Santo le anima a dar su “Sí”, puede que entre en un fuerte conflicto de conciencia, que va más allá de una cuestión de justicia o de la mera necesidad de reconocimiento a todos cuantos le han ayudado a estudiar para poder mejorar su propia situación económica y la de toda la familia. Es una cuestión de fe que se concretiza en un compartir los bienes. El hecho de ingresar en una nueva familia (Fraternidad Misionera Verbum Dei), no quiere decir romper los lazos con la familia de origen, ni descuidar el 4º mandamiento. Parece que este conflicto, o la falta de entendimiento mutuo entre otras muchas cosas, seguramente, ha ocasionado el abandono de la Fraternidad por parte de alguno de los sacerdotes y de alguna misionera.

 

            ¿Cómo se podría proceder? ¿Hay que ayudar a las familias que estén en necesidad? ¿Quién establece si una familia se encuentra en necesidad o no: el propio misionero o la propia misionera, la comunidad local, la Fraternidad, o la familia de procedencia del misionero o de la misionera? ¿Quién garantiza que una dada intervención responde a una ayuda real, y no sólo a que se espera que la religiosa (la misionera) o el sacerdote (el misionero), ayude siempre y en todo a la familia? ¿Cómo vivir en armonía estas dos fidelidades? Y los recursos que eventualmente necesita la familia necesitada, ¿de dónde vienen: de la Fraternidad, de la comunidad local, o el misionero y la misionera “se las tienen que arreglar? Y si “se las tiene que arreglar”, y dedica tanto tiempo a resolver ese problema, ¿es real que la Fraternidad puede disponer de esa persona para enviarla a un lugar o a otro, o para dedicarla a una misión determinada si la preocupación de ayudar a la familia acapara de hecho todas sus facultades?[3]

 

            Recordamos que los “Estatutos”, texto que tienen una historia y que ayudan a interpretar las Constituciones, dicen en su número 301:

 

1. En el momento del compromiso definitivo, al pronunciar los votos perpetuos, los miembros internos haremos donación, u otra forma de enajenación, de los bienes que a título personal poseemos o esperamos poseer en el futuro, en forma legal adaptada a las diferentes legislaciones civiles. Este acto de cesión deberá hacerse aunque no poseamos nada en este momento. Dicha renuncia se hará en favor de las necesidades de la evangelización de los más pobres tanto materialmente como en el terreno de la fe, con un amor puro y desinteresado que se extiende a todos los hombres más allá de los lazos familiares de carne y sangre.

2. Todo bien material que sobrevenga a los miembros internos después del compromiso definitivo pasa a pertenecer al Instituto.

 

            Parece que en este caso, sería conveniente una reflexión seria sobre el problema, de modo que un caso de necesidad de la familia de un misionero o de una misionera no sea siempre y sólo un caso personal, quizás fuera mejor que el caso sea comunitario (¿de la comunidad local, quizás por la necesaria discreción?, ¿o de la Fraternidad a nivel general si el misionero o la misionera no están en África?).

 

 

4. Reflexión previa a las posibles preguntas

 

            Una cuestión que quizás sería bueno reflexionar es la de la inculturación relacionada con la economía. Porque se habla de inculturación a nivel teológico, social y, sobre todo litúrgico; y con razón. Nunca se habla de inculturación económica. Y parece que sería necesario hacerlo si la Fraternidad se quiere integrar en un contexto determinado, africano en nuestro caso. Quiere esto decir que debería haber una correcta relación entre los recursos económicos que maneja la Fraternidad y cada comunidad local con el ambiente sociocultural, económico y eclesial en el que vive. Es verdad que la formación: Noviciado / Curso de Formación, Filosofía y Teología, considerando que son más bien años de siembra, “improductivos”, es cara, y no se puede ahorrar en ello. Es verdad que el horizonte, el modelo, no puede ser la miseria que muchos de nuestros hermanos se ven obligados a soportar.

 

Preguntas para orientar el diálogo:

 

1.– ¿Cómo crear cauces de autofinanciación en África?; ¿qué posibilidades?; ¿qué medios para racionalizar los gastos necesarios?

2.– ¿Cómo poder ayudar a las familias de los misioneros en necesidad?

3.– ¿Qué tipo de trabajo conviene realizar en África?

4.– Nos conformamos al ambiente en que vivimos en vestido, comida, modos de expresión de la fe: ¿nos conformamos también a nivel de los recursos económicos?

5.– Los medios económicos con los que cuenta la Fraternidad Misionera Verbum Dei son bienes que nos vienen en gran parte de los pobres, son la suma de muchos “pequeños óbolos” de muchas viudas: ¿Cómo es el aprovechamiento de los medios económicos que la Providencia nos pone en las manos? ¿Hay aprovechamiento o hay falta de cuidado en el servirse de libros, coches, casas, ordenadores, móviles...? ¿Considero que también de todo esto he de dar cuentas a Dios?

 

 

ANEXO

 

De las CONSTITUCIONES VERBUM DEI

 

48. La pobreza, castidad y obediencia, además de facilitarnos esta vivencia perfecta de Dios, pretenden, sin duda, ser un fuerte testimonio del poder, riqueza, gozo y plenitud de Dios en nuestro corazón. Pero en sí tendrían poco significado si positivamente no se nos viese enamorados de este Dios y testigos personales de su cercanía y presencia entre nosotros.

 

49. De esta vivencia fluye el reproducir exteriormente y de forma efectiva el Amor Trinitario de Dios en la dinámica de su encarnación, siguiendo más de cerca a Jesús: “Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él” (1Jn 2, 6). Esta vivencia plena del Amor encarnado, palpable y evidente, da relieve a la fraternidad cristiana en la pobreza, castidad y obediencia, porque éstas pueden ser, además, radicales y extremas de forma espontánea, necesaria y feliz (Cf. Sal 119, 32). Así se hará más creíble y convincente, nuestra predica­ción, apostolado y nuestra presencia personal y fraterna en el mundo.

 

1. Pobreza.

 

70. Para imitar más de cerca a Jesús (Nota 101: Cf. PC 2), que nació vivió y murió en suma pobreza, y para amar con sinceridad y de forma afectiva a los hermanos, practicaremos la pobreza evangélica. Así, participaremos de la propia pobreza de Cristo “el cual, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de que por su pobreza nos enriqueciésemos” (Nota 102: 2Co 8,9).

 

71. La caridad para con Dios y con el prójimo es el marco de nuestra pobreza personal y comunitaria. El amor al Cristo total nos exige, hoy y siempre, una pobreza extrema, real y efectiva.

 

72. Viviremos comunitariamente la pobreza esforzándonos “en dar testimonio colectivo de pobreza” (Nota 103: PC 13), presentándonos vitalmente solidarios con nuestros hermanos pobres y necesitados de toda la tierra, a los que hemos de amar en las entrañas de Jesucristo (Nota 104: Cf. Mt 19,21; 25,34-36; St 2,15-16; 1Jn 3,17; PC 13.), evitando todo consumismo, lujo, lucro y acumulación de bienes (Nota 105: Cf. PC 13).

 

73. Siguiendo el consejo evangélico de pobreza, buscaremos siempre y en todo, ser pobres de espíritu y de hecho (Nota 106: Cf. PC 13), con pobreza interior y espiritual y pobreza exterior y material.

 

74. Es necesario el desprendimiento de los bienes de esta tierra a quien dice creer en la vida del más allá y más si quiere predicar y convencer a los hombres de la existencia de la vida eterna y vivir solidario con la situación de miseria extrema en que se encuentran gran parte de nuestros hermanos.

 

75. El voto de pobreza lleva consigo la dependencia y limitación en el uso y disposición de los bienes (Nota: 107: Cf. can. 600).

 

76. Mientras dure el voto temporal de pobreza, conservaremos la propiedad de los bienes; sin embargo, antes de pronunciarlo cederemos libremente su administración, uso y usufructo, por medio de un acto escrito en forma legal, adaptado a la legislación del país.

 

77. Antes de pronunciar los votos perpetuos, haremos donación u otra forma de enajenación, en forma legal adaptada a las correspondientes legislaciones civiles, de los bienes que a título personal poseemos, en favor de las necesidades de la evangelización, con un amor puro y desinteresado que se extiende a todos los hombres más allá de los lazos familiares.

 

78. Todo bien material, mueble o inmueble, que sobrevenga a un miembro después de los votos perpetuos, pasará a pertenecer a la Fraternidad. Esta deberá determinar acerca de su uso o alienación en función de su misión específica y del testimonio de pobreza personal y comunitaria.

 

 

VII. ADMISIÓN, FORMACIÓN E INCORPORACIÓN DE LOS MIEMBROS.

 

1. Condiciones de admisión.

 

114. Las personas que deseen pertenecer a la Fraternidad Misionera Verbum Dei, deberán poseer capacidad para adquirir una profunda y perseverante vida de oración y unión con Dios, estudios y aptitudes que les dispongan a ejercer, con espontaneidad y gozo en el Señor, el ministerio de la Palabra en un ambiente de caridad, pobreza y austeridad evangélica, hasta que su vida toda llegue a ser Palabra de Dios, reproducción viva del Verbo de Dios hecho hombre.

 

 

CIC Canon 600  El consejo evangélico de pobreza, a imitación de Cristo, que, siendo rico, se hizo indigente por nosotros, además de una vida pobre de hecho y de espíritu, esforzadamente sobria y desprendida de las riquezas terrenas, lleva consigo la dependencia y limitación en el uso y disposición de los bienes, conforme a la norma del derecho propio de cada instituto.

 



                [1] Problema real con la extrema movilidad de la Fraternidad: a veces los viajes han generado polémicas u otro tipo de problemas. El capítulo “viajes” es alto en la Fraternidad, de manera especial los que se realizan para hacer los Ejercicios: ¿no se podría pensar en otro modo de hacer ejercicios?; ¿hacerlos sólo la comunidad local?; ¿reunirse no todos los años, sino cada dos/tres años?; ¿Yendo una persona a predicar los Ejercicios a la comunidad, pagando así un solo viaje? Son sólo preguntas que prenden suscitar que todos metamos cabeza para ver cómo entre todos podemos generar recursos.

                [2] Const. FMVD nº 46: «Siguiendo muy de cerca a Jesús, que "empezó a hacer y enseñar", procuraremos que nuestra predicación vaya siempre precedida y acompañada de un claro testimonio de vida evangélica que acredite y confirme la fe que predicamos y el Reino que queremos hacer presente entre los hombres».

                [3] Con todo, también en este punto, es necesario recordar la norma del derecho Universal: Código de Derecho Canónico, can. 668:

                §1  Antes de la primera profesión, los miembros harán cesión de la administración de sus bienes a quien deseen, y, si las constituciones no prescriben otra cosa, dispondrán libremente sobre el uso y usufructo. Y antes, al menos, de la profesión perpetua, harán testamento que sea válido también según el derecho civil.

                §2  Necesitan licencia del Superior competente, conforme a la norma del derecho propio, para modificar estas disposiciones con causa justa, y para realizar cualquier acto en materia de bienes temporales.

                §3 Todo lo que un religioso gane con su propio trabajo o por razón del instituto, lo adquiere para el instituto. Lo que perciba de cualquier modo en concepto de pensión, subvención o seguro, lo adquiere para el instituto, a no ser que establezca otra cosa el derecho propio.

                §4  Quien, por la naturaleza del instituto, debe renunciar totalmente a sus bienes, haga esa renuncia antes de la profesión perpetua de manera que tenga efecto a partir del día de la profesión y sea válida también, si es posible, en el derecho civil. Lo mismo hará el profeso de votos perpetuos que, de acuerdo con el derecho propio, desee renunciar total o parcialmente a sus bienes, con licencia del Superior general.

                §5  El profeso que, por la naturaleza del instituto, haya renunciado a todos sus bienes, pierde la capacidad de adquirir y poseer, por lo que son nulos sus actos contrarios al voto de pobreza. Lo que adquiera después de la renuncia, pertenecerá al instituto conforme a la norma del derecho propio.