30 de octubre de
2004
4. Plenaria, puesta en común de los
misioneros y de las misioneras
Misioneros
Hemos ido compartiendo sobre la pregunta y hemos llegado a varias conclusiones:
1. Lo primero ha sido aquello de que el signo sea inteligible. Si lo que yo considero signo de pobreza o testimonio en un determinado lugar no es un signo que lo otros puedan captar, ya podría yo caminar descalzo sin que aquello digna nada a la gente. No basta pretender dar un testimonio que sea signo de pobreza, sino que además el signo debe ser inteligible para la gente del lugar. Debo estar atento a aquello que puede ser un signo de pobreza más elocuente para la gente a la que quiero evangelizar y hacia ello orientar todo mis esfuerzos. Si mi signo no es inteligible corro el riesgo de estar hablando un lenguaje que el otro no entiende.
2. También hemos visto que nuestra pobreza nos tendría que ayudar a vivir la misión. Hemos hecho la experiencia de hacer la oración… Que donde trabajemos con la gente sea un lugar acogedor. Por tanto, si la pobreza no ayuda al apostolado no es evangélica. Lo que deseo y veo es que si la pobreza no ayuda a realizar la misión, no es evangélica. La pobreza debe ayudar a la realización del apostolado.
3. La pobreza que es signo es aquella que lleva a la cercanía, o sea a crear fraternidad. Es necesario educar a las personas en tener una cierta escala de valores.
4. Hay algunos aspectos que considero importantes: 1°) Sólo se puede empobrecer quien ha conocido la riqueza: Cristo. 2°) La pobreza como terapia espiritual. No tener una actitud ingenua, no ignorar la avaricia. No como motivo único, sino como un aspecto importante. 3°) Un medio para que los otros crean. No sólo lo que me ayuda a vivir, sino lo que más ayudará a los otros. 4°) La fraternidad. Una pobreza vivida por solidaridad y justicia con los hermanos que más sufren, es decir, nada es mío. Es injusto tener tanto cuando hay tanta gente que vive en la miseria. 5°) Una pobreza vivida por el seguimiento de Jesús. Querer ser pobre porque Jesús lo fue, de modo que aunque no hubiera pobres en el mundo quisiéramos ser pobres por Cristo y como Cristo, como decía Charles de Foucauld.
5. Otras cualidades que debe tener la pobreza: 1°) La pobreza debe ser liberadora; 2°) La pobreza debe ser funcional; 3°) La pobreza debe ser atrayente.
6. La pauvreté serait de voir en chaque lieu qu’est-ce qu’important pour la mission. C’est difficile d’uniformiser les choses. En cada lugar hay necesidades diferentes. Hay que estudiar en comunidad lugar lo que más puede ayudar a la gente del lugar. Tenemos que verificar nuestra pobreza porque a veces por carencia no podemos tener algo y lo atribuimos a la pobreza. Sería bueno aprender a dialogar en las decisiones que vamos tomando para evitar las quejas.
7. Parfois on a pris la pauvreté comme
argument pour d’autres choses. De temps en temps il est bon de vérifier notre
pauvreté car nous ne pouvons pas ignorer notre envie d’accumuler des choses.
C’est important aussi le fait de ne pas se plaindre trop. Se plaindre trop peut
être un signe de manque de pauvreté.
8. Cuánto más nos me dedico a la misión, más pobre me siento.
Misioneras
La pobreza tiene que ser ponerlo todo en función de los demás. Poner los medios eficaces. Es un medio concreto que utilizamos para la misión. Hemos hecho una opción por seguir a Jesús en el Verbum Dei que incluye la opción por la pobreza que tiene consecuencias concretas. Saber acoger las consecuencias de la pobreza. Está en función de la misión.
Es una realidad que no vivimos como las personas que nos rodena. Las situaciones de las personas que nos rodean siempre son más precarias. Esto crea una ruptura interior. Podemos comer, ir al médico, mientras muchas personas que viven a nuestro alrededor no se lo pueden permitir. Lo importante es valorar y tratar a las personas con dignidad.
Utilizar los medios que tenemos en función de la misión. La pobreza más grande es asumir mi propia pobreza y dar sentido profundo a lo que vivimos y hacemos. Y eso entraba también como un desprendimiento total de mí mismo.
Es valorar lo que se hace en cada lugar y lo que hace cada persona. Lo positivo que tiene es que es una liberación profunda de la persona propia persona y le enseña a liberar a los otros.
Muchas veces surgen los conflictos por ir a los extremos. Muchas veces nuestra pobreza aparece como descuido y suciedad. Nuestra pobreza no es para dar pena. Que nuestra pobreza sea realmente acogedora. El haber hecho una opción por ser pobre es porque se ha encontrado una riqueza mayor que nos hace ofrecer la vida voluntariamente para dar dignidad a las personas. Tendría que llevar a liberar a las personas, a hacer una escala de valores, a vivir dignamente, a mejorar sus condiciones de vida. Nuestra misión, tendría que llevar una incidencia social. Esto nos lleva a plantear nuestra propia misión de evangelizar. Tendría que ser un motor de desarrollo. Tendría que generar en las personas una transformación. Las causas del subdesarrollo muchas veces es porque el corazón está atado, cuando las personas tengan el corazón libre serán capaces de compartir. El pobre no es el que no tiene sino el que comparte lo que tiene. Por tanto nuestra pobreza tiene que ser liberadora.
Muchas veces tenemos miedo de ser diferentes. Es una falta de pobreza no compartir una iniciativa por miedo a ser rechazado. El no ser capaz de liberarme del miedo eso hace que poco a poco se ahoguen los talentos que vamos recibiendo. Y esto no sólo es a nivel interior sino también a nivel de apostolado muchas veces por miedo a equivocarnos reducimos el empuje apostólico.
Nuestra misión es eficaz si lo desempeñamos de verdad.
Nos salían muchos planteamientos: 1) Los trabajos que vamos haciendo en las distintas comunidades son un signo de pobreza? No es lo mismo el salario que recibe un extranjero que un nativo, haciendo a veces el mismo trabajo. 2) A veces nos encontramos con dos niveles de pobreza: una material que ronda con la miseria y una pobreza humana que impide que la persona salga del círculo vicioso donde está. Nuestro trabajo no sólo es espiritual sino ayudar a las personas a tener una escala de valores que les ayude a vivir dignamente; ayudarles a descubrir sus valores y sus talentos para ponerlos en función de los otros.
Lo importante es saber a dónde vamos, no perder de vista el fin. Saber qué es lo que pretendemos. Tener claro el fin hacia donde vamos.
La primera riqueza que tiene África son sus gentes. Ayudar a las personas a explotar al máximo todo lo que son para mejorar sus condiciones de vida.
Otra de las discusiones era sobre la mendicidad: ¿Es testimonio en África que nosotros pidamos? A veces pide la gente del lugar y no le dan, y pide un extranjero y se lo dan. Conviene saber que lo que nos dan es para compartirlo.
La mayor riqueza son nuestras propias capacidades. ¿Cómo las empleamos en función de las otras personas para que puedan vivir su dignidad? Pues Dios no quiere la miseria.
Un aporte es que al llegar a un lugar conviene escoger un barrio que nos permita realizar nuestra misión y no necesariamente en un barrio marginal.
Otro punto conflictivo era la casa de las misioneras de Malabo. Sería bueno tener unos criterios conjuntos para saber qué hacer para una casa.
Por una parte es necesario un espacio vital para vivir dignamente. Otra cosa importante es vivir una pobreza higiénica.