“Acerquémonos a las fuentes de vida eterna”

Juan 7,37

El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que tenga sed, que venga a mí.

Experimentar la presencia de Dios en la vida diaria es el mejor regalo que Dios ha querido regalar a la humanidad, porque: En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, «Somos también del linaje de Dios.» .Hechos 17,28

Yo creo que esta verdad hay que orarla, asimilarla y hacerla vida, porque es el mismo Dios, Él que se nos entrega, basta con que le aceptemos como único dueño y Señor de nuestra vidas, andamos tan sedientos de Él, pero nos cuesta saber de qué estamos sedientos.

Para ello necesitamos ser “mansos y humildes de corazón como Jesús” Mateo 11,29 y para ello necesitamos vaciar nuestro corazón para llenarnos de Él, ¿De qué está lleno nuestro corazón, como para no identificar nuestra sed? Lo llenamos de cosas, de amores que no sacian nuestra sed, de viajes, de títulos, estudios y lo único que llena y es testimonio de miles de personas y santos, lo único que llena es Dios.

Cuando quieras identificar realmente tu sed de trascendencia, entra en lo íntimo de tu corazón y en un diálogo íntimo, afectuoso, sosegado, ahí sin que nadie te mire sin caretas, sin importar el qué dirán, descubrirás realmente quién eres.

Y es tan bonito que uno no se lo imagina, porque tantas cosas nos hicieron creer que éramos: inútil, mal genio, fea, no sirves para nada y que Dios en esa intimidad te diga ¡Eres precioso, eres muy importante, eres la razón de mi entrega, de mi cruz y de mi resurrección! Ahí yo descubro quién soy para Dios y a medida que uno va viviendo la Palabra, voy comprobando que eso es verdad, soy Amor y el Amor no se acaba nunca.

Soy lo que el Espíritu Santo, ha dejado en mí después de satisfacer mi sed y descubrir el gran Amor que Dios me tiene: la alegría, la paz, paciencia, afabilidad, bondad, mansedumbre, dominio de mi mismo Gáltas 5,22-23

Esta experiencia nos hace redescubrir nuestra vida como el lugar más importante para Él, por eso se queda a vivir y a convivir con nosotros eternamente.

La fidelidad a esta experiencia de Amor dependerá de preguntarle cada día, ¿te sientes cómodo en mí?¿Cómo me sientes en ti? Y de la respuesta depende que nuestra sed quede calmada y colmada.

Hoy Jesús te dice, si he satisfecho tu sed, ayúdame a saciar la sed de tantos hermanos, porque a Él quiere continuar su obra a través de nosotros, teniendo su propio corazón: manso y humilde y te envío a hacer lo mismo con el mismo amor de Dios por la humanidad: “que el Amor con que tú me amas esté en ellos” Juan 17,26; en cada momento podemos vivirlo sabiendo que nuestra misión no es mi mensaje sino que voy pregonando el amor que Dios tiene a la humanidad.

Pidamos a María, Madre bendita llena de la gracia de Dios, que nos ayude a mantenernos siempre sedientos de cumplir el mandato de Dios, de amar como Él ama.