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Fraternità missionaria Verbum Dei Firenze |
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Gracias Senor, me hicistes mujer! El 8
de Marzo se celebró el día de "la mujer" y aprovecho esta ocasión para
reflexionar con vosotros mi
"modo de ser" en el mundo: -Gracias Señor, me hiciste mujer! Pues si! Estoy contenta de ser "mujer" y todo lo que ello implica, un modo particular de manifestarse, de comunicar con los otros, de pensar, de sentir, de actuar. Y es la Palabra de Dios la que me ha dado una justa dimensión de mi ser corpóreo, afectivo y espiritual. Fue el
"si" de una mujer el que secundó el proyecto de Dios. "La palabra
se hizo carne" en el vientre de una mujer, cuando Jesús se perdió
en el templo a los 12 años, fue una mujer, su madre, quien lo llevó
de nuevo a la casa para que allí siguiera creciendo en edad y sabiduría.
Fue de nuevo una mujer, su madre, quien le abre los ojos a la
necesidad del vino de la fiesta en las bodas de Caná, fueron las
mujeres las que se quedaron al pie de la Cruz y las que fueron
testigos principales de su resurrección. Audaces, libres, eficaces y
prácticas, fieles y sensibles al dolor las mujeres en los evangelios son
tesoros de gran valor. Cristo
ha modificado notablemente el papel de la mujer en la sociedad de su
tiempo. Si la mujer hebrea era respetada en familia pero privada de
cualquier tipo de vida publica por el autoritarismo rabinico, con el
evento Cristo se da una situación nueva. La mujer que encontraba en su
camino la asociaba a su misión, abriéndole un horizonte amplio y
despejado. ESCUCHAR sus enseñanzas la hacían discípula del Maestro al cual
después seguían. Se podría
escribir (se ha escrito) toda una tesis sobre el tema, sin embargo el
mensaje mas importante que nos da el evangelio a nosotras "mujeres" es que
Jesús, el Cristo, la Palabra hecha carne que habitó entre nosotros, cambió
uno de los esquemas mas implacables de Este
verano hice ejercicios espirituales en el Centro de Espiritualidad del
Sagrado Corazón de Jesús de Valladolid y el tema me toco muchísimo: Os
daré pastores según mi corazón Jer 3,15. Las
circunstancias hacían que estos ejercicios eran para sacerdotes y yo
"mujer" me encontré en medio de ellos. La primera noche en mi habitación y
con el balcón abierto a un patio fresco y tranquilo escribí: -Gracias
Señor, no se... pero me siento privilegiada al permitirme participar con
estos "tus predilectos" caminar con ellos y sentirme también yo un
apóstol. Enseguida una palabra resonó en mi interior: - ¡No me elegisteis
vosotros, fui yo quien os elegí! Dios
nos ha elegido para colaborar con su proyecto desde lo que somos y tenemos
ni menos ni más. Que
gran satisfacción vivirse contenta con lo que somos, nuestro Dios no nos
descalifica, ni utiliza, su elección no es utilitarista, ni marginadora,
él eligió a Maria, la mujer sencilla de Nazareth, el persecutor Paolo que
a los ojos de Ananias era un vaso frágil, pero el Cristo le dijo: -este es
el vaso elegido! Elige lo que "no es" para "ser". La samaritana no era
amada, no se sentía realizada ni satisfecha, no era bien vista, ni gozaba
de buena reputación, no era creíble! ...era una mujer! Y el Señor Jesús a
esta mujer la amo por lo que era y la hizo valorar su ser en el mundo,
ella encontró su fundamento en su afecto efectivo y
concreto. Dios
nos hizo "ezer" ayuda necesaria para el hombre, el mundo no es monocolor
es arco iris con sus luces y sombras, poner nuestro "ser mujer" para
colaborar con el Maestro en crear "cielos nuevos y tierra
nueva". Os
quiero contar también una bonita experiencia que tuve este año en
diciembre en Florencia, cada año Viendo
toda esa masa de jóvenes futuribles ministros del Señor, sentí un nuevo
Pentecostés (estoy segura que aquel dia a parte de Maria había infiltradas
algunas mujeres...) Que
experiencia tan estupenda, el poder compartir con sencillez lo que soy
"mujer" porque lo valoran. Me encanta sentirme hermana en este camino de
seguimiento. Juntos
en familia, en Iglesia. Bueno
perdonad, me emocioné tanto en el discurso que no os dije que mi nombre es
Esther Valdespino, "mujer" y misionera de Dios en Florencia, y espero que
este sea el inicio de algo juntos. Gracias por haber podido contaros algo
de mi experiencia de Dios que valora nuestro ser mujer, y finalizo
recordandoos el espléndido "Gracias" del Papa Giovanni Paolo II a todas
las mujeres en la carta "A las mujeres" 1995. A
vosotras: madres... esposas... empleadas, profesionales, hermanas, hijas,
consagradas: Gracias
por el simple hecho de ser mujer. "Dar gracias al Señor por su designio sobre la
vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un
agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que
representan en la vida de la humanidad. Te doy gracias, mujer-madre, que te
conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de
una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que
viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su
crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la
vida. Te doy gracias, mujer-esposa, que unes
irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de
recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la
vida. Te doy gracias, mujer-hija y
mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también
al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición,
generosidad y constancia. Te doy gracias, mujer-trabajadora, que
participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural,
artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la
elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una
concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la
edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de
humanidad. Te doy gracias, mujer-consagrada, que a
ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo
encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a
la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta «
esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere
establecer con su criatura. Te
doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser
mujer!
Con
la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y
contribuyes a la plena verdad de las relaciones
humanas. El Papa continua: Pero
dar gracias no basta,
lo sé. Por desgracia somos herederos de una historia de enormes
condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han
hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada
en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a
esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha
empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No
sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando
la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos,
han plasmado mentalidades e instituciones. Pero si en esto no han faltado,
especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidades
objetivas incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente.
Que este sentimiento se convierta para toda la Iglesia en un compromiso de
renovada fidelidad a la inspiración evangélica, que precisamente sobre el
tema de la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio
tiene un mensaje de perenne actualidad, el cual brota de la actitud
misma de Cristo. El, superando las normas vigentes en la cultura de su
tiempo, tuvo en relación con las mujeres una actitud de apertura, de
respeto, de acogida y de ternura. De este modo honraba en la mujer la
dignidad que tiene desde siempre, en el proyecto y en el amor de Dios.
Mirando hacia El, al final de este segundo milenio, resulta espontáneo
preguntarse: ¿qué parte de su mensaje ha sido comprendido y llevado a
término? Gracias de corazon por vuestra amistad y
confianza. Esther
Valdespino Lopez Misionera Verbum Dei
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