Querida Fraternidad, la familia Verbum Dei de Malabo: los niños, los adolescentes, los jóvenes, los matrimonios misioneros, las misioneras y los adultos queremos dirigir nuestros pésames a la familia de Jaime Barceló por su partida a la casa del padre, con esta poesía de la hermana Jesusa Abeng: PAZ JAIME BARCELO
AFRICA NUNCA TE OLVIDARA SOMOS ESTA TIERRA QUERIDA MUY QUERIDA POR TI GRACIAS POR TODO EL BIEN VIVIDO Y ENSENADO EN ESTAS TIERRAS QUERIDAS NO TE OLVIDAREMOS
NO SABEMOS COMO PAGARTE TODO EL BIEN AUN CON TODO EL PETROLEO QUE HAY EN GUINEA ECUATORIAL SE GRANJEARIA DESPRECIO .
NUESTRAS VIDAS CONSAGRADAS A DIOS CANTARAN LA ACCION DE GRACIAS A DIOS POR TI JAIME GRACIAS NUNCA TE OLVIDAREMOS
AUNQUE LA ENFERMEDAD TE FUE ALEJANDO DE ESTAS TIERRAS TROPICALES AFRICANAS EL AMOR SE TE ACERCABA A ELLAS
GRACIAS JAIME NUNCA TE OLVIDAREMOS SOMOS EL FRUTO DE TU SIEMBRE EN AFRICA TU NOMBRE NUNCA PASARA EN OLVIDO EN LA MENTE DE AFRICA TU FUISTE UN PADRE PARA NOSOTROS
GRACIAS JAIME GRACIAS TU MISION SE HA CUMPLIDO DESCANSA EN LOS BRAZOS DEL PADRE Y RUEGA A DIOS POR AFRICA ETERNAMENTE . AMEN.
Familia Verbum Dei Malabo Jesusa Abeng Bakale, FMVD.
Jaime Barceló, emprendes el regreso a tu hogar, al origen de tu propio ser: al seno de Dios. Vuelves al seno de Aquel que te hizo a su imagen y semejanza. En la trayectoria de tu vida entre nosotros vimos que te lo creíste, lo fraguaste, lo viviste... nos has irradiado en tu semblante el rostro del Padre que contemplas plenamente ahora. ¡Cuánta semejanza en el encuentro con El con sorpresa descubrirás! “Padre Barceló”, lo escuchaste de tantos y tantos... No fue una frase sólo en labios de gente sencilla, es una vida que se fue forjando en el día a día. En tus gestos tan humanos nos reflejaste cualidades tan divinas, del Dios Amor al que tratabas con familiar cercanía. Reprodujiste en ti sus gestos de ternura, compasión y amor paciente, con todos, pero sobre todo con el pequeño y el pobre. Y con especial delicadeza trataste al que ha sido también llamado a la misión de manifestarle. Nos has expresado la ternura de un amor maternal, inclinándote al pequeño, y saliendo al paso cuando la vida golpeaba o el desánimo intentaba descartarnos de esta vocación tan grande. Rozar con las entrañas de compasión del Padre, que se conmueven con el sufrimiento del indefenso, a ti te llevó a “gastar zapato” buscándole y asumiendo su fragilidad humana. Amor paciente que no dabas a nadie por perdido, porque así lo escuchabas del Padre a tus oídos, poniendo nuevamente a muchos en el camino de la perseverancia. Hay mucho más que se puede decir de lo que tu vida en el silencio nos ha dicho. Te vas con “ las botas puestas” , las manos llenas y el corazón repleto de nombres. Tu vida pertenece a Dios, fuiste amado y seguirás siendo amado por toda una eternidad. A nosotros nos dejas como herencia la huella de que a Dios se le puede amar en el hermano en la brevedad de la vida por esta tierra. Gracias por el rostro bondadoso del Padre que nos has acercado en tu propia existencia. 29/ 08/ 07 Angelina
Thanks again for giving us the news of Jaime Barcelo, we believe he is now in the loving embrace of the Father and having his eternal rest which he deserves after all these years of selfless life giving of himself in so many countries. It's sad that he's gone but his life has indeed set us a very good example of one who has given his life to the very end. I'm sure he'll be praying for our whole fraternity as we also pray for him and for Angela Ng
UN ABRAZO EN EL SEÑOR Reciban un fuerte abrazo en estos momentos tan difíciles, pero a la vez estoy segura que ahora más que nunca conoceremos la fecundidad de Jaime en medio de la comunidad Verbum Dei y de todos los lugares donde él se ha sembrado. Al momento de recibir esta noticia se me vino tantas veces que nos decía: "No den a nadie por perdido" y esto en mi vida ha marcado lo que es el corazón misericordioso del Padre del cielo frente a cada hijo y lo que significa en mi vida consagrada a la hora de dar un lugar a cada hombre- mujer en la familia misionera,...pues ciertamente esto lo vive quien ha experimentado que en el corazón de nuestro Dios nadie esta perdido.... Agradezco tanto también en un momento de mi seguimiento que me invito a vivir de Dios como los árboles viven de la lluvia y del sol, y es verdad, lo único que nos sostiene para seguir contando las estrellas, es haber tenido una persona como él que fue fiel.... Su nombre lo tengo grabado en mi Biblia en la cita de Génesis 15, pues para mi, como para tantos es un padre en la fe y por ser testigo de la fe su vida quedará escrita en la vida de tantos que nos ha llevado a Dios. Querida familia de Jaime, desde dentro del corazón les agradezco la fe que sembraron en él, pues en su predicación nos compartía que parte de lo que era, era fruto de ustedes...desde Venezuela nos unimos en cierta forma a la alegría que tiene de estar ahora en la casa del Padre, desde donde estoy segura, seguirá pidiendo pos nosotros, pues es y será siempre un misionero incansable. Belén Torres, Venezuela
Recordar a Jaime es recordar a un Padre cariñoso y atento por su hijos, a un hombre Feliz con toda la extensión de la palabra.
Lo recordaremos siempre con mucho cariño, esperamos que el Señor nos conceda la gracia de seguir sus huellas, de poder ser manifestación del amor misericordioso del Padre como lo era él, de poder ser un matrimonio Verbum Dei para siempre fieles al carisma que el señor nos ha regalado. Desde Puebla México nos unimos a la fraternidad en todo el mundo y a su familia en acción de gracias por Jaime Barceló. Con la certeza de que su entrega dará abundantes frutos en todo el mundo. Adriana y Alfonso
Hemos recibido con sorpresa la partida de Barceló y nos alegra a toda la Comunidad de misioneros de Medellín la huella tan profunda que nos dejó su entrega. Queremos que desde el cielo nos apadrine para continuar construyendo y proyectando al Verbum Dei como él lo hizo. Estamos unidos a la familia de Barceló y a todo el Verbum Dei. ¡GRACIAS, POR TODO BARCÉ!
6. Queridos hermanos y hermanas de la Fraternidad: Me uno a vuestro pesar en la pérdida de un hermano tan significativo para la Fraternidad como ha sido Jaime Barceló. Desde nuestra visión cristiana sabemos bien que no perdemos del todo al hermano, porque vive junto al Padre y porque su ejemplaridad y dedicación a la misión es un rico patrimonio que os ha de estimular para seguir su ejemplo. Descanse en paz nuestro hermano Jaime y viva en
vuestra memoria alentando vuestro ministerio apostólico. P. Miguel Angel Orcasitas, O.S.A.
Jn. 19, 28: “ Tengo sed” Me resuenan estas palabras de Jesús en los labios de Jaime Barceló un día antes de morir. Yo estaba acompañándolo en el hospital (UVI). Los médicos nos habían dado pocas esperanzas. Partiendo de esa realidad donde la fragilidad humana está en el límite a causa de la enfermedad, nos sentíamos impotentes, todos los que cuidamos de él. La sed hacia parte del cuadro clínico, pero no podíamos darle agua, solo mojar sus labios con un algodón. Cuando me pidió agua, se lo dije y él respondió: “Me ayuden a vivir estos momentos, tengo mucha sed” – casi sin fuerzas continuó – “Jesús también tiene mucha sed, acompañemos a Jesucristo, Él tiene mucha sed me ayuden a acompañar Jesucristo”. Le dije que todo el Verbum Dei estaba orando por él, que todas las personas que le querían y conocían también: su familia, sus amigos. Pasó algunas horas más de sufrimiento pero no se quejó de sed. ¡Qué significado tan profundo tienen estas palabras cuando las escuchas de alguien en un lecho de muerte! Cuando Jaime decía esas palabras, tenia conciencia, sabia lo que decía. La Cruz , el sufrimiento que vivía en esos momentos los asumía con coherencia, como muchas veces él lo había predicado. De su cuaderno de oración: “La cruz es el patrimonio que Jesús nos ha dejado a los suyos y cada uno de los consagrados debe acogerla y aceptarla en su propia vida. El Calvario es el paso obligado para la Resurrección ; las grandes obras nacen de la cruz fecunda de la misión. La Cruz es tener que vivir allí donde la Iglesia es mas combatida, obstaculizada, perseguida. Cruz es también anunciar proféticamente el Evangelio y denunciar proféticamente las injusticias, los derechos humanos violados, en pro de los hermanos que más sufren. Dios prepara una primavera para la Iglesia , de la cual ya se vislumbra su comienzo”. Después de las palabras de Jaime, “tengo sed”, yo pensaba: no buscamos la forma de morir, se muere con la fe que se ha vivido. Jaime murió ofreciendo su vida a Dios. Todo el tiempo en el hospital nos decía: “estamos en las manos de Dios”. El día 29, a las 17h cuando dejamos el cuerpo de Jaime en el cementerio, presencié una puesta de sol muy bonita, parecía que toda la naturaleza estaba en armonía se respiraba mucha paz, algo así como la misión cumplida. Pensé: así fue la vida de Jaime, ha dejado paz por donde ha pasado, ha dejado huella, nos ha marcado con su vida porque ha sabido vivir del amor de Dios y darlo; por eso ha cumplido su misión. Tal vez solo nos hemos dado cuenta de eso cuando ha pasado, como el sol que esta tarde está declinando. En todas las celebraciones por Jaime aquí en Brasil hemos hablado de los países por donde pasó, de Europa, África, América porque la vida del que ha vivido unido a Dios, amando, no acaba, el amor es eterno, es como el sol que se esconde por la tarde, para salir en otro lugar, siempre dando luz y calor. Dios sigue amando en nuestras vidas por eso hagamos nuestras las palabras que Jaime siempre decía: “Vivan de Dios como los árboles viven del sol y de la lluvia”. Mariví Torres – Misionera Comunidad de Porto Alegre – Brasil Retazos de su vida en mi vida Estaba hablando con Jaime en los últimos Ejercicios Espirituales, en Brasil, sobre la cuestión de la valoración / desvaloración personal, y él me compartió su experiencia, que intentaré reproducir aquí: “Yo pasé por tres situaciones en la vida que me hicieron sentirme menos, humillado: primero que yo era muy, muy pobre. Tuve que trabajar desde muy niño con mi papá e iba siempre descalzo, pues el único par de zapatos que tenía era para los domingos. Cuando quise entrar en el seminario para ser sacerdote, mi mamá tuvo que implorar para que me dejaran, pues no tenía condiciones de pagar ni los estudios ni los libros, ni nada. Y nunca podía ir de excursiones, sino que me quedaba trabajando con mi padre, porque no teníamos plata. La segunda es la enfermedad, que se manifestó pronto. Este estar siempre enfermo me hizo sentir muchas veces la humillación de la impotencia, de querer vivir la misión con todo, querer entregarme mucho más sendo joven, y el cuerpo no responder. Estar en un sitio y descomponerme, tener que quedarme en la cama. Y la tercera es lo que tuve que sufrir al principio a causa de la enfermedad. Cuando me ordené sacerdote, yo trabajaba en una parroquia y a causa del problema de corazón muchas veces no lograba levantarme, y pasaba días mal. Mi párroco echaba indirectas como que yo me inventara esto y en realidad no quisiera trabajar. Se quedaba hablando con todos que pensara recibir una ayuda, pero su carga era todavía más grande de que cuando estaba sólo. Un día me encontré con Juan Capó, de los Cursillos de Cristiandad, que cuando me vio triste me preguntó por qué y me defendió con el párroco. Yo entendí que para Dios mi vida tenía muchísimo valor y todo esto me sirvió a lo largo de ella para levantar a mucha gente que pasaba por lo mismo. Pídele a Dios que todo esto que viviste pueda ayudar a otras personas a darse con Él, a saberse hijas muy amadas”. Y añadió: “Después de ordenado yo me encontré con un gran amigo de niñez, a quien yo ayudaba mucho en el colegio. Su madre me había dicho orgullosa que estaba trabajando en una empresa, lo que me impresionó. Cuando le pregunté, él dijo: ¿¡Qué?! ¡Soy basurero, hombre!” Y me contó de su trabajo, y de que lo único que no le gustaba era que una vez por semana tenían que “bajar a la olla”, que era donde echaban toda la basura de la ciudad. Sólo que un compañero se ofreció para bajar a la olla todos los días y nadie sabía por qué, pero todos estaban felices. Le pregunté si era un cura obrero, pero él me dijo que no. Unos meses después, me encontré de nuevo con él y de esa vez me contó que todos ya peleaban por bajar a la olla, porque descubrieron que lo que encontraban ahí valía el sueldo de toda la semana. Dejemos a Dios “bajar a la olla” para sacar lo más valioso de nosotros. Cantemos con la Virgen un Magnificat en acción de gracias por todas las maravillas que Dios es capaz de hacer en y por nuestras vidas”. Tania Ferreira Pulier – Misionera Comunidad de Belo Horizonte – Brasil Los primeros destellos del Domingo Más que compartir la experiencia de los últimos días acompañando a Jaime, quisiera compartir la experiencia de estos pocos días después de su muerte y los frutos que estamos ya cosechando de su intercesión por nosotros. Toda la Familia Verbum Dei en Belo Horizonte está muy impactada por la vida de Jaime. Esta situación nos ha llevado a mucho más cercanía y espíritu de familiaridad, ya que todos – de distintas maneras – han asumido con mucho amor la enfermedad de Jaime. Le hemos cuidado, hemos orado por él como por un hermano, un padre, un amigo, un abuelo… Algunos ni le habían conocido personalmente, pero han llorado su muerte y han deseado ser la familia de Jaime en su paso a la casa del Padre. Una discípula, que salía de su casa para ir a velarlo, fue cuestionada: “¿Por qué vas? ¡Ni le has conocido!”. “Voy porque él es de mi familia, es de la Familia Verbum Dei”, fue su respuesta sincera y emocionada. Otra, que tampoco le ha conocido, ante el ataúd y la frase que le dedicamos – “Gracias, Jaime, por dejar a Dios ser Dios en su vida” – ha sentido un gran deseo de que esta frase sea también real en su vida. “Y he experimentado que Jaime, desde el cielo, me animaba a eso e intercedía por mí junto a Dios para que yo recibiera esta gracia”, compartía. Otras personas han compartido su deseo de ser fieles a Dios como Jaime, y en la Familia Verbum Dei en Belo Horizonte se respira un aire de querer comprometer la vida en la misión que Dios nos confía. Este es también mi deseo y la razón de mi alegría en estos momentos. Estos y otros hermosos frutos no quitan el dolor y la perplejidad ante la muerte. No quitan las lágrimas ni el desconcierto interior… Como las mujeres ante la muerte de Jesús, estamos preparando perfumes (cf. Lc 23, 55-56): elaborando nuestras experiencias, compartiendo nuestros cuestionamientos y perplejidad, homenajeando como podemos nuestro hermano… Talvez, como comunidad, estamos en el Sábado Santo, pero vislumbramos los primeros rayos del Domingo de la Resurrección. Priscila Cirino Teixeira – Misionera Comunidad de Belo Horizonte – Brasil Sin nada más que el amor… La santidad es camino que va de mi hacia mi hermano. Me di sin tender la mano Para cobrar el favor Me di en salud y en dolor A todos Y de tal suerte que me ha encontrado la muerte sin nada mas que el amor. Resumir la experiencia de estos últimos días con Jaime es una cosa muy difícil, y muy dolorosa todavía. No encuentro las palabras justas. El final de Jaime no fue un final de cuentos de hadas, no fue un final poético, fueron días muy duros y difíciles sobre todo para él pero para nosotras también. La muerte, la cruz de la enfermedad no son experiencias poéticas, son experiencias humanas, profundamente humanas, aunque muchas veces nos cueste entender el sufrimiento como un elemento humanizador. Los últimos días de Jaime fueron días de Getsemaní, de Calvario, donde en medio del dolor buscó siempre el rostro de Dios que parecía esconderse. Siempre vi en Jaime una persona muy humana, pero nunca le vi tan humano como en estos últimos momentos, como al propio Jesús nunca se le vio tan humano como en la cruz. El día que falleció cuando llegamos al hospital y entramos adonde estaba su cuerpo, solo se me venía a la mente este trozo de poema que he escrito antes. Porque resume, en mi opinión, la vida de este padre, de este amigo que es para mí Jaime. Su vida fue “gastar zapatos para ir al encuentro del otro”, fue darse gratuitamente sin cobrar nada, se dio a todos, A TODOS, como le gustaba repetir. La muerte siempre lo estuvo buscando, y podía haberlo encontrado en la misión, en medio de su gente, viendo los frutos de su entrega, sin embargo, ha querido Dios ser el único testigo del momento de su pascua definitiva, en un hospital de un país que solo conocía de paso, sin nada más que el amor en sus bolsillos. Es así el final de los santos, fue así el final del propio Cristo… sin nada más que el amor. Todavía hay mucho que asimilar de esta experiencia tan fuerte y significativa que Dios le ha querido regalar a nuestra comunidad de Belo Horizonte. Que por intercesión de Jaime, que es uno más de “nuestros hinchas en el cielo”, Dios nos conceda el don de la fraternidad, de humanizar cada vez más nuestra vida misionera. María Noelia Causa Fernandez – Misionera Comunidad de Belo Horizonte – Brasil
“Vivan de Dios como los árboles viven de l sol y de la lluvia”.
“¿Y cómo viven los árboles del sol y de la lluvia? Esperan! Los árboles esperan cada día que el calor del sol levante las hojas frágiles y active la fotosíntesis. Los árboles esperan también cuando, en verano, el sol quema demasiado o cuando, en otoño, el sol se esconde más a menudo y les regala nuevos vestidos rojos y amarillos. Vestidos bellos a la vista, pero no en sí mismos ya que sólo un soplo de viento es capaz de deshacerlos. Con el pasar del otoño, los árboles se quedan desnudos, al frío, solos, porque el sol está ya lejos. Muestra su alegre rostro, a veces, pero su sonrisa no calienta más, parece interesado en otros quehaceres, su voz es un eco sutil. Al contrarío, la lluvia los sacude, y violentamente, justo ahora que los pobres árboles no tienen protección! Ya había empezado en otoño el agua su descenso, aparentemente delicada y romántica, a desnudar los frágiles ramos y ahora no tiene piedad, baja con todo su peso a empapar la tierra; su roce ya no es tan agradable en esta hora de ingrata soledad. En invierno, parece que los árboles son para la lluvia sólo un estorbo. Lo que ella quiere es besar los campos, alagar las calles, hacer cosquillas en los pies descalzos de los niños pobres y mojar los calcetines de los pies de los niños ricos. En las duras noches de invierno, los árboles, congelados por el viento, se sienten abandonados por todos y por todo. Acabados por el cansancio, anquilosados, probados por las tormentas, heridos por el duro granizo, ya están próximos a la muerte. Y se duermen, inmóviles, en el silencio. Y esperan también en su largo sueño. Esperan. Guardando el recuerdo de los tiempos pasados, la sabiduría de las estaciones. Y si ahora el sol y la lluvia son inclementes, el uno por su ausencia y el otro por su excesiva presencia, los árboles no se paran en aparecías. Solos, despojados, no tienen más nada que perder. Y esperan, esperan hasta perderlo todo, también la vida. Y se quedan allí, congelados como poéticos esqueletos en el aullido del frío invierno, buenos sólo para espantar a los niños cuando, por la noche, vuelven a casa, caminando por el solitario sendero de campo, de la mano de sus papás. Los árboles esperan y en aquella muerte evidente se esconde una vida todavía inaparente, que dibuja un nuevo círculo en el fuerte tronco y marca un año más de vida. Sí, vida, porque cuando todo parece ya acabado, en la plaza del pueblo, allí, en el valle, se empiezan a ver nuevos colores encima de los raquíticos brazos de los árboles y nuevos perfumes llenan el aire. El sol vuelve a inundar las calles y la lluvia, de nuevo, refresca la garganta seca de las grandes raíces enterradas. Los árboles viven del sol y de la lluvia porque saben esperar y respetar los ciclos. Vivir de ti, Señor, como los árboles viven del sol y de la lluvia es levantar al cielo mis brazos y manos abiertas, respirándote, bebiéndote, calentándome, esperándote, sabiendo que de la muerte nacerá siempre una Vida Nueva”. Era el 8 de Julio cuando escribía estas palabras… en ejercicios, en uno de mis tantos momentos de crisis, las palabras de Jaime habían llegado a mi tierra, levantándome la mirada y devolviéndome las ganas, el deseo de buscar a Dios, de esperarle, de dejarme amar, de dejarme sorprender por Él. Y fue así que en aquella noche decidí de regalarle estas palabras, esta oración, para agradecerle por todo el testimonio que él siempre me dio. Hubiera querido darle este pequeño cuento para despedirle, el día en que se iría para México, pero, justo en los ejercicios, fue el día de su Santo y decidimos hacerle una tarjeta. Así que este cuento llegó en sus manos antes, y él lo pudo leer. Ahora, a la luz de todo lo que pasó, me doy cuenta que realmente esta fue la vida de Jaime… vivió de Dios como los árboles viven del sol y de la lluvia. Miro para tras y descubro que todos los días en el hospital, en el dolor, en la sed aguda, en el silencio, en la ausencia de palabras, de explicación, él estuvo allí, esperando, viviendo de una fe que no es pura “visión”, que no es heroísmo, pero sí es querer creer cuando hay luz y cuando no la hay, cuando hay fuerza y cuando parece que ya nada te levantará. En muchos momentos me sentí impotente, incapaz de hacer algo para que no sufriera, para verle de nuevo reír. Sentí dolor. Sentí rabia. Sentí culpa. Ahora quiero aprender de Jaime. Ahora quiero creer. Quiero volver a optar por la fe, por ver los signos de Resurrección que la vida de Jaime, enterrada aquí en Brasil, ya está haciendo brotar. Quiero aprender de él que la vida es dura, a veces cruel, pero que nuestra mirada “no puede ser una mirada de turista”, como él decía; necesitamos, necesito ver con la esperanza real, “pés no chão” (con los pies en la tierra) de Cristo, un Cristo que fue crucificado de verdad y que resucitó… ¡de verdad! Hoy quiero pedirle a Dios para mí, para el Verbum Dei, para los cristianos en todo el mundo, quiero pedirle que nos enseñe “la libertad de los hijos de Dios”, que nos enseñe a amar de verdad, pues delante de la vida de Jaime y de su entrega, sólo puedo pedir esto. Y agradecer mucho por su vida. Valentina Stilo - Misionera Comunidad de Belo Horizonte – Brasil
Eu lhe disse que, no Brasil, quase todos tinham uma devoção com um santo, e eu disse que minha devoção era com Maria. Padre Jaime me disse que também gostava muito de nossa Mãe Maria. De manhã quando Geni e Valentina chegaram, eu estava muito cansado, não tinha dormido quase nada, nem tinha arrumado a cama de acompanhante, dormi alguns momentos sentado na cadeira, e estava também preocupado com coisas do meu trabalho. A Geni pediu ao Padre Jaime que me abençoasse, e ele me abençoou. Aquilo pra mim foi tão importante e tão tocante. No dia seguinte, ele estava na UTI (UVI). E eu, Marivi e Geni acompanhamos o Padre Jaime quando ele recebeu a Unção dos Enfermos. O Padre brasileiro que o abençoou pediu ao Padre Jaime que também o abençoasse. E depois o Padre Jaime me deu uma benção que me deixou muito comovido, uma benção pra mim e pra minha família. Foi um momento tão comovente, eu chorei. A Marivi passou a noite toda, de domingo para segunda, ao lado dele, sentada numa pequena cadeira lá na UTI. Eu fui lá bem cedo ver o Padre Jaime e Marivi, e tive a graça de receber a última benção dada por ele... Para ser sincero, eu nem merecia tanto... Geraldo Cyrino – del Movimiento Verbum Dei Belo Horizonte – Brasil
Carta escrita por Salete Gaya Moreira, discípula de la Comunidad de Belo Horizonte y madre de uma misionera, cuando recibió la noticia de la muerte de Jaime Barceló. Salete fue acompañante de Jaime en el Hospital.
Belo Horizonte, 28/08/2007 Padre Jaime Como foi bom ter-te conhecido. Com você aprendi o dom do amor, da entrega, o da humildade e da compreensão. Mesmo não me entendendo muitas vezes, mas a afirmação "sim" era constante. Me ensinaste a sofrer com amor e por amor, mesmo a dor física te consumindo, mas entregaste tudo nas mãos de Deus, como tu falaste: "No puedo, no puedo". Jamais vou esquecer. O semblante se contraindo, depois o pedido de "sumo" e água, e também "cambiar" e nas despedidas sempre um sorriso na sua face. No domingo, dia 26, quando cheguei, senti algo estranho, seus olhos não brilhavam mais, eles estavam opacos, a fraqueza era nítida, o pedido de ir embora me deixou confusa. Não sei se era do hospital ou da vida terrena. O esforço para respirar era grande e doloroso, e quando senti que parastes de respirar, fiz massagem no teu coração. Naquele momento senti que era meu pai e que eu era tua filha querida, não como a Geni e as meninas (as outras missionárias), mas uma filha próxima. Fiquei te acalentando, fazendo carinho na tua testa e com a outra mão massageava o teu coração, e tu te acalmaste até a chegada do pessoal para te levarem para o CTI (UVI). Eu sei que neste momento tu estás feliz, em paz, no descanso merecido, na presença do nosso amigo Paizinho. Beijos, Salete.
Jaime Sacerdote Jaime es tu nombre, Sacerdote tu apellido; ¡qué locura!, ¡qué alegría! para el Cielo que en tu espera preparó tal Bienvenida. Sobre exceso de equipaje te detectan en el Cielo, corazón lleno de nombres con los que te fuiste al Cielo. Desde el Brasil despegaste, donde entregabas la vida, dando ese mes de ejercicios, continuado por tu agonía; aquel cruento calvario de casi unos veinte días fue tu sello del martirio que vivías día a día; con tu salud quebrantada entregabas tú la vida, dando todo a todos siempre, sin distinción de personas, al más débil y al más fuerte, al cobarde y al valiente, aconsejando, acompañando, confesando y exhortando, renovando y motivando, formando apóstoles, amando. Ese es Jaime Barceló, el amigo de los pobres, Diez de mayo, Cerro del Cuatro, en Yumbili y muchos más, fueron barrios que te vieron entregándote por ellos con firmeza y con valor, con paciencia y con ternura, en las duras y maduras, en la sombra y en el sol, siempre atento al corazón de la Madre, Madre de ellos, por los cuales tres rosarios, día a día tú rezabas, y de los cuales manaba tu fuerza y tu convicción en toda tu vocación, de que nuestro Dios no falla, porque el mundo no se escapa de las manos del Señor. El partido está ganado, la victoria asegurada, jugamos con la ventaja, con nosotros va el Señor. Anclemos nuestras barcas en el corazón de Dios, nos decías, repetías, exhortabas e insistías; por Jesús juguemos todo, con piedad y con fervor, con la Trinidad y María, y la multitud de los santos que contigo han precedido nuestra marcha hacia La Vida. Hermanos que aquí conocimos, con los que convivimos, con Manuel y con Dolores, con Maricruz y Pascal; y ahí lo dejo que son muchos, dales nuestro gran saludo y pónganse a rezar como lo han seguido haciendo en la dimensión celestial. Y por eso yo te pido, caro padre para todos, amigo y hermano misionero, que con tu valiosísimo ejemplo imitemos a Jesús, en su Vida y en su Muerte como consumaste el 28, día de agosto 2007, día de San Agustín, y vísperas de que Juan el Precursor, derramara toda su sangre por nuestro Salvador, y así vernos todos juntos en la RESURRECCIÓN.
Hasta pronto Jaime. Tu Amadísima Familia, Verbum Dei.
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