Muchísimas gracias a toda la Fraternidad que ha estado muy unida a este sí que hemos pronunciado nueve misioneras, pero que es fruto de toda la eclesialidad… la verdad la eucaristía del 30 de septiembre, fue muy especial y fruto de la suma de todos, misioneros, misioneras y matrimonios… Mi vocación ha sido fruto de las tres ramas…. Muchas gracias... En la Pascua del 1997 fue mi primer acampada con el Verbum Dei en León, Gto… la verdad fue el inicio de una historia de Salvación que Dios ha querido hacer con mi vida… y con mi familia, gracias. Conocí la comunidad a través de los misioneros que fueron a fundar a León y los primeros años de mi vocación acompañaron al despertar a la llamada de Dios. Después gracias a matrimonios misioneros que acompañaron los retiros de parejas donde mis padres asistieron fue lo que les ayudó a que mis padres acompañarán y dieran un sí generoso a las vocaciones que surgieron en casa. Y todo el proceso hasta hoy se los debo a mis hermanas misioneras , a quienes agradezco tremendamente y a las que Dios me ha enseñado a amar, ya que sin tener hermanas en mi casa, Dios me a multiplicado en hermanas… Hoy después de pronunciar un Sí para siempre, quiero entregar mi vida al servicio de la comunidad y estar disponible a lo que me pida. Ante la entrega de Jesús en la cruz hasta el extremo, quiero imitar su sí y darle la vida que por puro amor me ha comprado… La verdad que nunca pensé la trascendencia que Dios tenía en mi vida, cuando yo sólo iba a la Pascua era para mejorar mi diálogo con mi padre y pedir por las situaciones de mi universidad. Pensaba terminar la carrera de arquitectura, después iba estudiar psicología, quería llegar a las Olimpiadas, casarme y tener dos hijos. Pero Dios trascendió mis proyectos por una descendencia que nunca imaginaría y que le agradezco bastante. Me experimentó feliz y satisfecha dispuesta a recorrer el camino que Jesús me proponga, soy consciente de que todo en la vida implica un “proceso” y sólo le pido a Dios sabiduría para disfrutar lo más que se pueda de cada acontecimiento que me regale vivir, sea fácil o difícil. Agradezco profundamente a la comunidad de Guatemala, a la que le debo muchísimo y a quien he querido bastante, ha sido mi primer país de misión, y me ayudó bastante… Invito a todos a dar un Sí desde el lugar donde cada uno estamos siempre buscando la voluntad del Padre y de la mano de María poder decir “Aquí estoy Señor, Envíame”. Marisaleth Solórzano Casillas, FMVD |