“Haré una Alianza contigo y con tu descendencia” (Gen 17)
En este día tan especial, no sólo para nosotras nueve, sino también para vosotros, para toda nuestra fraternidad misionera y para toda nuestra Iglesia. Hoy celebramos el GRAN AMOR de Dios por cada hombre, así como la FIDELIDAD a sus promesas. Reconocer que DIOS, no sólo nos crea, sino que se compromete con nuestra historia, de forma personal, comunitaria y de toda la humanidad, llamando a personas a través de las cuales va constituyendo su Alianza: Haré Alianza contigo y con tu descendencia después de ti (Gen 17). Reconocer que la fórmula de la alianza es esta: “yo os haré mi pueblo y seré vuestro Dios” (Ex 6,7), “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios” (Lev 26,12) Llama a Abraham y le constituye padre de una muchedumbre vemos por tanto, la fidelidad de Dios a su promesa que en un momento determinado de la historia llamó a Jaime y a través de él a cada uno de nosotros.
Lo más sorprendente de nuestra fe, es que este Dios se hace visible, palpable, humano, fraterno, de carne y hueso que nos entiende perfectamente y que no hay ninguna situación por más difícil que vivamos que él no de respuesta, es este Jesús que a través de la entrega de su propia vida constituye la Nueva y definitiva Alianza, de ser pueblo elegido y consagrado para Dios. Podemos expresar: “Nos ha tocado en suerte una fe tan preciosa” (cf 2 Pe 1,1) Para mí esta es la experiencia más grande y la garantía más fuerte: el reconocer que la entrega de su propia vida sustentará nuestro caminar.
“Tengo una hermana en una comunidad religiosa de carisma contemplativo y al no poder estar presente “físicamente” en estos momentos y al enterarse de que al final no pudieron venir mis papás, me decía: Recuerda que “lo precioso tiene precio” Y lo precioso para nuestro Dios son todos y cada uno de sus hijos. Ya que hemos sido adquiridos como pueblo de su propiedad, rescatados no con algo caduco, oro o plata, sino con la preciosa sangre de Cristo (1 Ped 1,19). Y nos dice: Y ya que eres precioso para mí doy pueblos en pago de tu vida. O bien, palabras de San Pablo: “Tanto os queríamos que estábamos dispuestos a daros no sólo el Evangelio, sino nuestras propias vidas” . ¿Qué será nuestra consagración? Un grito de cuanto sois hijos amados de Dios. “Has llegado a ser un hijo tan caro para mi…..” ( Jr 31,20) La alianza que Dios quiere hacer hoy con nosotros es la de ser él nuestro Dios y nosotros su pueblo.
Hoy Jesús toma nuestra vidas en sus manos como ese pan que será consagrado, partido y repartido para la vida de muchos, haciendo de cada una de nosotras prolongación de la Nueva Alianza. Nos hace sus cartas vivas, redactadas no con tinta – algo que se pueda borrar - sino con el Espíritu del Dios vivo. Esta alianza ya no la hará en tablas de piedra, sino en corazones de carne, en personas humanas, frágiles, que tienen las dificultades como todo mundo, que no son algo especial o extraordinarias, que lloran, que se cansan, que disfrutan como todos. En nuestra humanidad Dios se quiere seguir manifestando La confianza, para dar este Sí a la consagración y misión en este carisma específico, nos viene de Dios, El es quien nos capacita para ser prolongación de esta Alianza, para que muchos le conozcan, le amen y le sigan totalmente. . “No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, sino que nuestra capacidad nos viene de Dios” (2 Cor 3) Doy muchas gracias a la comunidad por acogernos como a su familia, yo al menos estos días lo he experimentado tan de cerca, tan sinceramente cuando las misioneras se acercan y me dicen: Marisol somos tu familia tus hermanas ¿Quiénes son mi padre, mi madre y mis hermanos? Los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Lo mismo reconocer y agradecer a mi familia en México por abrir las puertas totalmente a la comunidad. Ahora mismo están dos misioneras compartiendo estos días con toda mi familia, y se uniéndose también con una celebración de eucaristía. Anoche hablaba con ellas y me dicen: hemos ocupado tu lugar, porque nos han recibido como a sus propias hijas, estamos siendo testigos de la trascendencia del sí que has pronunciado a Dios y que hoy lo haces público no sólo para unos años sino para toda la eternidad. Dios gracias a Dios por la confianza que nos tiene al confiarnos esta misión. Ma. Soledad Fernandez |