| Votos perpetuos del misionero James Mc Tavish, en Roma, este 21 de octubre de 2006
“El Poderoso ha hecho obras grandes por mí” Me llamo Jaime, soy misionero. Soy escocés y nací en Glasgow. Antes de entrar en la comunidad estudiaba medicina. Fui un estudiante de la universidad de Cambridge durante seis años, después empecé a trabajar como médico. Quería ser cirujano y trabajaba muchas horas al mismo tiempo que estudiaba. Durante un año enseñé en la universidad de Edimburgo, Escocia. Yo enseñaba anatomía. Tuve doscientos estudiantes que me preguntaban mucho. Después de un año conocí bien la anatomía humana, lo cual me ayudó mucho para la cirugía. He trabajado en varios hospitales haciendo la cirugía en general, empezando a operar, trabajando en varios departamentos como en cirugía ortopédica, cirugía vascular, cirugía endoscópica, cirugía de emergencia y la cura intensiva. Después de haber superado mis exámenes entré en el colegio de cirujanos de Edimburgo. Escogí la especialidad de cirugía plástica y reconstrucción y ví muchas cosas muy interesantes, me gustó el trabajo y ayudaba a la gente reconstruyendo, curando a los quemados y trabajando con los niños y bebés con malformaciones. Fui a Sydney, Australia, para hacer la investigación. Me gustó Sydney, la gente, mis compañeros en el hospital. La realidad es que fue un tiempo de desierto para mí porque estuve lejos de mi familia, de mis amigos, de mi cultura… Un tiempo para reflexionar. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Dónde voy? ¿Qué quiero? ¿Quién soy? Cuando cumplí 29 años celebré mi cumpleaños. Estuve con todos mis amigos en Sydney. Era joven, tenía un trabajo buenísimo, una casa, un coche deportivo, dinero, en fin todo. Durante la fiesta escuchabamos el grupo musical U2. La canción era “ I still haven't found what I'm looking for” (todavía no he encontrado lo que estoy buscando) estaba cantando junto con Bono, y mi amigo me preguntó, “¿es cierto? ¿es verdad?” “¿Qué?” le respondí. “Que todavía no has encontrado lo que estas buscando”. Le dije “¡Amigo, es sólo una canción!”, pero después pensé “es la verdad, tengo muchas cosas pero no he encontrado el tesoro, la perla,… me faltaba alguna cosa. ¿Pero qué cosa?” El mundo nos enseña a no pedir muchas cosas difíciles porque no tiene una respuesta amplia o adecuada. Sólo responde con el trabajo, el dinero, las vacaciones, el consumismo. Pero tuve una duda en mi mente, ¿esta canción seguirá sonando en mí cuando tenga 69? ¿y también en mi funeral? “ He didn't find what he was looking for” (El no ha encontrado lo que estaba buscando). Decidí en aquel momento que no quería esto, porque sería una vida perdida como decía Jesús: “ De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde la vida” ganando el dinero, la vida cómoda, la carrera, pero no descubriendo la vida auténtica. ¿Cómo fue el proyecto de mi vida? ¿Existía un plan para mi vida? ¿Cuál era? ¿Podría conocerlo? ¿Cómo? ¿A quien se le puede pedir? ¿A mis amigos, a mi jefe, a mis padres o a mi mismo?. Empecé a acudir a la Iglesia en busca de la verdad. A los nueve meses de haber llegado a Sydney, encontré a las misioneras de la comunidad Verbum Dei. Estas personas no poseían nada pero estaban muy contentas. ¿Qué tenéis? No teneis dinero, una posición importante en el mundo. Pero habían descubierto la vida. Empecé a orar con ellas, con la palabra de Dios. Descubrí un Dios que hablaba a mi vida, a mis situaciones, con el cual puedo dialogar. “¿Dios, cuál es el proyecto para mi vida? ¿Cuál es el camino?”. Por primera vez en mi vida se lo pedí a Dios y el me respondió a través de las palabras del profeta Jeremías. “Yo se los proyectos que tengo para ti, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darte un futuro lleno de esperanza” (Jeremias 29,11-13) “¿Dios, cómo puedo conocer tus planes para mi vida?” y el me respondió “Me buscarás y me encontrarás, si me buscas de todo corazón”. Descubrí en el silencio un Dios que me ama, que busca cosas buenas para mi vida. ¿Puede ser Él el tesoro que buscaba?. Un día las misioneras de la comunidad me invitaron a un retiro ¡una jornada entera en silencio!. Era la primera vez en mi vida que iba a quedarme en silencio por un día. Pero ¿sería aburrido?. Silencio sin palabras ¿Qué haría un día entero?
Durante el día meditabamos sobre la vida de Jesús, su encarnación “La Palabra se hizo carne” (Juan 1, 14). ¡Que bien para el mundo en aquel tiempo! ¿Y ahora? Descubrí un Dios que quería encarnarse en el mundo de hoy. La palabra de Dios todavía quería ser carne entre nosotros, y Dios estaba todavía buscando un corazón libre, para encarnarse, para recibir su palabra como hizo María hace 2000 años. Empecé a ver todos los cambios en mi vida durante los cinco meses en los que conocí a la comunidad y recé con la palabra de Dios. Esta palabra estaba transformando mi vida, mi mirada, mis opciones. No fue sólo una palabra en la Biblia, era una palabra viva. Como dice San Pablo “la palabra de Dios tiene vida y poder” (Hebreos 4, 12). “La palabra que hemos visto y hemos tocado con nuestras manos – la palabra de vida. Esta vida se manifestó: Nosotros la vimos y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes esta vida eterna” (1º Juan 1, 1-2). Al final de la jornada, estábamos compartiendo nuestra experiencia: “Me ha gustado la jornada”, “Cambiaré algunas cosas en mi vida” … Y cuando me tocaba a mí dije: “¡Quiero ser misionero!”. Mis amigos se sorprendieron “¡Pero James, tu eres médico! ¿Estás seguro?”. “¡Sí!, a Jesús le gusta vivir en mí. El quiere caminar en las calles de Sydney hoy.” Mis amigos me hicieron muchas preguntas. “¿Pero dónde vas a ir?”, “No lo sé”. “¿En qué país vas a vivir?”, “No lo sé”. “¿Tu vas a ir al seminario?”, “No lo sé”. “¿Entonces, qué es lo que sabes?”. Les expliqué que había experimentado el amor de Dios. Un amor puro, fuerte, encantador… Y que yo era como el hombre en el Evangelio que encontró el tesoro, la perla. El tesoro escondido que se encuentra dentro de nosotros, que sólo se encuentra en el silencio, en la oración. Yo siempre estuve buscando la perla en el mundo, fuera de mi mismo. ¡Qué sorpresa!. Viajé por muchos paises, buscando en muchas ciudades, buscando en muchas personas, pero al final, lo descubrí dentro de mí. “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo, lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno.” Un tesoro escondido en un terreno, el terreno de nuestra vida, dentro, en la profundidad de nuestro corazón. “El reino de los cielos es como un comerciante que andaba buscando perlas finas.” ¿Donde estás buscando las perlas finas? “¿Cuándo encuentro una de mucho valor, fue y vendió todo lo que tenía, y compró esa perla” (Mateo 13, 44-46). Yo he encontrado la perla en mi vida – Cristo. Él es el tesoro. Ahora, después de haber buscado durante muchos años yo podría cantar “I have found what I'm looking for” (Yo he encontrado lo que estaba buscando). Como el hombre en Los Cantares “En mi cama por las noches busqué el amor de mi vida. Lo busqué y no lo encontré.” ¡Qué cansada es esta búsqueda! Muchas ofrendas, muchas diversiones, muchos caminos. La realidad es que no todas las personas descubren el camino. Jesús dice “Yo soy El Camino”. No es fácil para descubrir El Camino cuando el mundo nos ofrece muchos caminos. Jesús también dice “ La puerta y el camino que llevan a la perdición son anchos y espaciosos y muchos entran por ellos”. Cuantas personas no creen en Dios, en la Iglesia, en sus enseñanzas. ¡Cuántas veces la Fé es mediocre! “¿Cómo está tu vida?”, “Oh, más o menos” pero Jesús vino para que tengan vida y para que la tengan en abundancia. Porque no toda la gente descubre esta vida. “La puerta y el camino que lleva a la vida son angostos y difíciles y pocos los encuentran. Como dice Santa Teresa de Ávila “A los que Dios mucho quiere, lleva por camino de trabajos, y mientras más los ama, mayores. Creer que admite a su amistad estrecha gente regalada y sin trabajos, es disparate.” Jesús tu eres El Camino. Me gustaría dedicar mi vida a la evangelización, anunciando Tu Palabra de Vida. Una palabra que cura, que da la vida, que puede abrir los ojos de los ciegos, abrir los labios de los mudos y resucitar a los muertos. Lo se porque estaba ciego, no veía el valor de mi vida, la vida de los otros, era mudo, incapaz de hablar de Dios y de sus obras maravillosas. Estaba muerto porque yo no amaba a todos: “El que no ama, aún está muerto” (1º Juan 3, 15). Yo estaba amando a mi familia, a mis amigos… pero mi corazón es más grande, es para todo el mundo. “Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives, alarga las cuerdas, clava bien las estacas” (Isaías 54, 2). “Te he dado un corazón grande. ¡No es una tienda para sólo una persona! ¿Cuántas personas hay en tu corazón? He creado tu corazón para mucha gente. “No basta que seas mi siervo sólo para reestablecer las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel; yo haré que seas la luz de las naciones para que lleves mi salvación hasta las partes más lejanas de la tierra” (Isaías 49, 6). Continuaba con el trabajo en el hospital, pero trabajando por Jesús “El Buen Médico”. Una vez me encontré con un joven que se había cortado su muñeca. El necesitó una operación de ocho horas que duró toda la noche. Después de su operación hablé con él para motivarlo. Le dije “hemos reparado tu muñeca”. El empezó a llorar y yo pensé por qué. “La operación ha sido un éxito. Tú debes estar contento, la operación ha salido bien. Hemos reconstruido bien tu muñeca.” Él me respondió “Si, ¿pero quien va a reconstruir mi vida?” Después empecé a pensar en la vocación, una vocación cuidando a los hombres. No una dedicación a la vida física, que dura sólo unos años, sino una dedicación a la vida que dura para siempre. ¿Cuál es esta vida eterna?. La vida eterna es Cristo. “El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.” Como declara Jesús “Yo soy El Camino, Yo soy La Vida”. (Juan 14, 6). Por esto Jesús te doy mi vida, quiero caminar contigo para siempre. Maria, Madre, ayúdame a ser fiel a Jesús.
Ingresé en la comunidad Verbum Dei como misionero en Agosto de 1999, fui enviado a “la Perla del Oriente”, las Filipinas donde hice mi formación inicial, y empecé los estudios – la Filosofía y la Teología. Después de 5 años allí, gozosos y llenos de alegría, fui a Roma para terminar la Teología, la cual terminé hace dos meses. Empezé la licenciatura en Teología Moral sabiendo que Dios El Poderoso continuará haciendo las grandes obras a través de mi vida y de mi comunidad. James McTavish FMVD |