Experiencia de un Encuentro con el Enamorado

El Señor ha estado grande, a Jesús resucitó, con María los hermanos, hemos entendido que pasó.

Como el viento que da vida, el Espíritu nos ha soplado y nuestra fe inquieta en firmeza se ha cambiado.

Gloria al Señor, es nuestra esperanza, y con María se hace vida su Palabra.

Gloria al Señor, porque en el silencio, guardamos la fe sencilla y grande con amor.

Pues nuestros ojos se han abierto y también nuestro corazón, la tristeza es alegría, es nuestro gozo el dolor.

Esperando con Maria nos llenamos del Señor, porque está presente si está limpio el corazón.

Nuestro tiempo es tiempo nuevo cada vez que sale el sol, si escuchamos su Palabra fuerza viva de su amor, que disipa las tinieblas y nos aleja del temor.

Se hacen fuertes nuestras manos con la Madre del Señor...

 
 
Con esta canción un poco arreglada, quiero reflejar nuestro estado de enamoramiento con la misión que se nos presenta a partir del próximo lunes 18, si Dios lo quiere.

Creo que para los 5 matrimonios que hemos disfrutado de este tiempo -ya que Rope nos ha acompañado desde el cielo- ha sido un regalo, don y tarea como se nos decía, ya que los hemos experimentado como un tiempo de gracia continuo, desde el primer día hasta el último, terminando con el colofón de los votos y nuestra marcha a Venezuela y la de marcha a Venezuela y la de Héctor y Teresa a América.

El Señor ha estado grande...

La verdad, es que la actitud con la que hemos venido a estos ejercicios ha sido de mucha pobreza espiritual y gran esperanza.....

San Juan de la Cruz decía que “la persona recibe de Dios tanto cuanto espera de Él, ya que Él nunca nos falla cuando es mucho lo que esperamos de él” y la verdad es que esto se ha cumplido, al menos para nosotros.

Pepe y yo llegamos a Siete Aguas, anémicos y agotados. Este último tiempo ha sido un cerrar totalmente una etapa en nuestra vida de familia y misión. Ha sido un cortar lastre, dejar apegos…, hasta convertirnos en indigentes, así, sólo hemos podido amarrarnos a Él, con las manos vacías y el corazón sufriente y pobre. La obediencia, la castidad y la pobreza las hemos traído de la mano, pues es lo único claro que queremos llevarnos a Venezuela, el resto del equipaje queríamos que fuera Él, el que nos llenara las alforjas, pues nosotros seguro que volveríamos a cargar con fardos inútiles.

Por eso estos Ejercicios han sido un regalazo, ya que nos hemos experimentado pobres pero muy libres, me venía muy fuerte la cita de Hch.1,4 que la traducía así: “ Tane, Pepe, no abandonéis todavía Jerusalén, resistid las ganas de hacer cosas, hasta que os hayáis liberado de ese deseo compulsivo de actuar, de preparar para la partida, de esa urgencia de comunicar a otros lo que vosotros mismos aún no habéis experimentado. Una vez que haya venido a vosotros el Espíritu ya tendréis tiempo de pensar y hacer lo que convenga, de lo contrario perderéis la esencia de estos Ejercicios, así, esperad y orad”.

Y en esto ha consistido este tiempo de gracia, nos hemos dejado llevar por las insinuaciones del Espíritu de Dios, y en este esperar y orar hemos ido llenando las alforjas con todo lo que el Señor nos ha estado regalando.

Poco a poco hemos ido constatando que esta vocación misionera a la que hemos sido convocados, sólo la podremos plasmar en la vida desde estas retiradas reiterantes al desierto, para desde ahí y a solas con el amado, dedicándole todas las horas del día y la noche, -cosa que en el fragor del día a día y en una vida normar de familia es imposible dilatar estos encuentros- a escucharle dejándonos seducir por su derroche de amor, exponiéndonos a la acción que nos va trabajando desde el silencio, donde con paciencia y mimo nos va cargando las “baterías” a la vez que nos va inyectando la sensibilidad tan necesaria para acoger la dinámica del Amor esponsalicio por El Reino.

Disfrutando de este encuentro tan vital con Jesús y la Trinidad, ha sido una gozada el vivirnos con él, desde su Experiencia de familia, ya que hemos sido invitados, a sumergirnos con mucho amor y delicadeza, partiendo del “Hágase” de María a relacionarnos con ellos y con cada uno en particular, nos han contado sus alegrías, penas, dudas y su experiencia de cada uno viviéndose desde la confianza plena en Dios; hemos estado en Nazaret, hemos ido a visitar a Isabel, hemos conocido sus gentes... ¡hoy, aún me asombra el paralelismo que salvando las distancias he encontrado con María, Mujer, esposa y Madre como yo, juntas hemos ido recorriendo el camino de Jesús, ahora comprendo al hijo mucho más, pues con esa Madre no puede ser otro hijo; si es de José qué decir, un hombre enraizado en Dios, hemos hablado mucho, puedo decir que ya no es ese desconocido, viejo y callado; qué vitalidad hay en su vida, en Jesús se ven muchos rasgos de él.

Qué disfrute descubrir con esta Familia esa vida oculta que pocas veces hemos entendido bien –30 años viviendo en su casa para después en tres años “perder la vida”- sin darnos cuenta que es ahí donde se fragua la persona, es en ese ocultamiento cotidiano que todos vivimos, donde se van forjando los ideales, los seguimientos, los compromisos reales, es donde la semilla encuentra el tiempo y el espacio para germinar.

Y desde ese vivir con ellos, vas entendiendo que es natural lo que ahora se nos pide a nosotros, teniendo como tenemos el modelo, y el enamoramiento de este Jesús tan único, tan nuestro, vas madurando en las decisiones, ¿qué derecho tengo yo de negarme, de apartarme del camino emprendido, seguido y rematado por este Hijo tan entronizado en el Padre? ¡Qué locura de amor, de este Padre por el Hijo y del Hijo por su Padre!

Así, nos va apremiando poco a poco a fundirnos en este Jesús, Camino, Verdad y Vida y nos va enamorando, demostrándonos que este proyecto de Amor que pone en nuestras manos es posible y urgente, así poco a poco y en el diálogo a solas con Él se va forjando la respuesta y el compromiso real. Es verdad que en este diálogo van surgiendo escaras que a su vez van cayendo, desprendiéndose. También nacen mil razones no para negarte, pero sí pedirle más tiempo, pero ¡cómo te va seduciendo! Y lo bueno es que alguien me decía que Jesús te llama para que le sigas, y ese seguimiento termina en muerte, pero ¡qué muerte más dulce, Señor!

Cuántas veces durante estos días Él nos ha ido susurrando con cariño: “Pepe, Tane ¿me amáis?” Y cuántas veces le hemos respondido con miedo, por mi parte al menos, y también en un susurro “sí Señor, tú sabes que te amamos y queremos lo que tú quieras”.

La verdad es que hemos experimentado muy gráficamente que lo que Cristo espera de nosotros como esposos es que nos consagremos directamente a Él, que nos derrochemos con Él en la Rama, en los hermanos y hermanas que están tan hambrientos de Vida pero viviéndonos como hijos en el Padre, con esa vivencia fraterna, porque sino es muy difícil experimentar- nos hermanos de sangre.

Y es que como Pablo (1ª Cor 15, 3-5) nosotros ahora tampoco hemos recibido de nadie el encargo de vivir y predicar el Evangelio sino que las ganas y la urgencia nos viene de este enamoramiento que nos ha ido brotando en el día a día de estos Ejercicios. Él nos ha trasmitido el gozo y el por qué de la misión, ahora sí la urgencia de la partida a esas tierras, ya para ser de verdad lo que comulgamos, como dice

San Agustín “Somos lo que vemos en la Mesa de la Eucaristía y vemos lo que somos”. Por esto ya sólo nos apremia el mandato de Jesús que al final de estos Ejercicios nos ha pedido con insistencia y Urgencia: “Haced esto en memoria mía”.

Por eso termino con esta otra canción oracional donde se refleja la necesidad de partir pero siempre muy agarrados a la Trinidad y María.

Señor, queremos caminar, sin fijarnos en los espinos que se pegan al andar por los caminos.

Danos amor, danos humildad y juntos moveremos montañas. Si Señor, si tú, nos acompañas ¡que nos podrá faltar!

Señor, queremos caminar, pero caminar contigo, y al volver la vista atrás ver el árbol florecido.

Y si nos sintiéramos caer, si las fuerzas me faltaran, recordando tu mirada, volver a renacer.

Así, ya sólo agradecer el regalo de estos días vividos al calor de la Rama, y de la Comunidad que tanto nos ha cuidado y rezado para hacer posible el fruto de Dios en cada uno de nosotros, y donde unos a otros nos hemos ido contagiando ilusión y esperanza, así, hemos ido constatando que las raíces de esta Rama cada vez son más profundas y ahora si sabemos que la Rama de Matrimonios surgirá mucho más frondosa, si nos dejamos guiar por las insinuaciones del Espíritu, que la ama tanto o más que nosotros, al fin y al cabo, para éste somos su sueño y también necesidad para la Iglesia. Así, ya no podemos olvidar más que la Rama y la Fraternidad serán lo que desde nuestra fidelidad personal, queramos que sea.

Tane Calvo Tierno