Palabras de sus condiscípulos del Instituto Teológico Verbum Dei de Loeches

Manuel, “es uno de los nuestros”

Quien a pesar de sus conocimientos, nos demostró con su vida que: el “sabio” no es el que sabe mucho, sino el que piensa y obra de acuerdo a la sabiduría de Dios.

Que grande es poder identificar la Palabra de Dios encarnada en uno de los nuestros, quien al final de su vida terrena nos muestra con sus actitudes la auténtica sabiduría que viene de lo alto:

“La sabiduría que viene de lo alto es:

en primer lugar, pura, práctica,

indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos,

imparcial, sin hipocresía” (Sant 4,17)

 

Misionero que, supo dar un sí en todo momento y con toda su vida:

“Que vuestro sí sea sí y el no, no.” (Sant 5,12)

 

Un hermano que supo reconocer a Jesús en el pobre, que se abajo hasta ellos y se dejó enriquecer por su sabiduría:

“Hermanos no os mezcléis con la acepción de personas la fe

que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado... ¿Acaso no ha

escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe

y herederos del Reino? (San 2, 1-5)

 

“Hay que advertir que muchas naciones económicamente más

pobres pero más ricas en sabiduría, pueden prestar a los

demás una excelente aportación” (GS 15)

Hemos sido testigos de la alegría que nos transmitió Manuel en su testimonio de vida después de compartir la vida y la Palabra con los indígenas de una zona de México “El Caracol”en Nayarit.

Hemos reconocido en él, que no sólo compartió en la misión con los pobres dejándose enriquecer por su sabiduría, sino que, él mismo experimentó en su vida la pobreza, la limitación humana, el dolor, la fragilidad, probando de esta forma la sabiduría de Dios, manifestada en la cruz. “Pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado”

Podemos reconocer en la vida de este misionero las palabras de Pablo:

“Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias para no desvirtuar la cruz de Cristo.

De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación. Así, mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría (milagros que garanticen la verdad del mensaje, sabiduría o doctrina que satisfaga a una inteligencia ávida de conocimientos). Nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles; más para los llamados fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciáros el misterio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado. Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso.

Y mi palabra y mi predicación no se apoyaba en persuasivos discursos de sabiduría, sino en la demostración del Espíritu y de su poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios".

Damos muchas gracias a Dios por lo que su vida nos aportó y nos seguirá aportando, ahora más que nunca, con la certeza que nos da saber que la misión continúa.

Marisol

 

Desde el Instituto Teológico Verbum Dei de Loeches, oramos y recordamos a nuestro hermano,

“Era uno de los nuestros”. Un misionero Verbum Dei, quizás de pocas palabras pero de mucha vida, que entregó a quienes convivimos con él entre los pasillos de las aulas y las clases.

Tímidamente y con delicadeza, creaba lazos de fraternidad y compañerismo. En su caminar, afloraba su nobleza y su estrecha relación con la Madre de Jesús y suya, la Virgen Maria.

Compañero de síntesis, nos adelantaste, diste el examen de aquello que resume el Evangelio y la teología: El Amor con sabor a Cristo, en el dolor y entrega a tu Señor, tu familia y hermanos en la fe.

Por eso, a boca jarro, Manuel me sale decirte: ¡ Muchas gracias por tu vida! y así desde el cielo, juntito a tu Señor y a María, intercede por nosotros para continuar dando la vida por Jesús y por nuestros hermanos, gastándonos por lo esencial que es el Amor a Cristo.

Barbara Vera.

   

“Era uno de los nuestros”. Hemos compartido las mismas aulas de Teología y el mismo plan de estudios. Estamos al final, en el estudio de síntesis: un tiempo para resumir lo esencial, tiempo de prepararnos para un examen final. Personalmente, este tiempo final en Loeches me está llevando a concluir que mas allá de la teología, es tiempo de hacer la síntesis de la vida, tiempo para resumir lo esencial de nuestra vida misionera.

A cada uno, el Padre nos lo concreta con un camino virgen y sin roturar. Estoy convencida de que esta etapa es tiempo de abandonar nuestra vida en las manos del Dios alfarero y entrar en la asignatura de la confianza en la voluntad de Dios pudiendo decir: “Padre me pongo en tus manos haz de mi lo que quieras, orienta mi vida a lo que no perece”.

La vida y el testimonio de Manuel, en estos últimos meses me confirma que el examen final de la vida misionera lo aprueba quien se abandona confiadamente en las manos de Dios, quien da el paso a amarle con toda la mente, el corazón y las fuerzas que cada uno tenemos, más allá de nuestras limitaciones, miedos, inseguridades, deseos o realizaciones personales. Gracias Manuel por tu testimonio, por la síntesis que nos invitas a vivir.

Ana Santoyo

En Mí has dado fruto.

El que permanece en Mí tiene Vida.

En cualquier momento y circunstancia,

es mi amor el que garantiza

la vitalidad que no pasa.

 

Tu vida, Manuel, dio mucho fruto,

Y en tiempo de sequía no te inquietaste.

Vigor y fortaleza presentaste,

tu follaje estuvo verde cada día.

 

Alargaste tus raíces hacia el gran río,

Esa fue la clave de tu vida,

El fruto no lo condicionó los cambios, ni los días,

sino la fuerza de su Amor, que por tus venas corría.

 

De tus frutos hoy muchos gustamos,

producto de su Amor y de tu entrega,

frutos de fe, de esperanza y de consagración,

frutos propios del que permanece en Dios y espera.

 

Gracias, Manuel, por permanecer.

Gracias por los frutos dados,

gracias por que fuiste fiel

y por darnos los mejores frutos de tu árbol.

 

Susana Cotero

Muchas personas que conocieron a Manuel y que por medio de él escucharon la Palabra de Dios, podrían decir estas palabras: “Era uno de los nuestros”. Esta mañana al recibir la noticia de su muerte pensaba en las personas de las diferentes misiones que el realizó en México, con gente sencilla, pobre, a todos los niveles: Los indígenas de Oaxaca, de Nayarit y la gente sencilla del Cerro del Cuatro en Guadalajara. Ellos nos podrían decir por qué era uno de los nuestros: Porque se identificó con nosotros.

Estaba muy preparado a todos los niveles, pero tenía un corazón ancho, donde cupimos todos nosotros. Nos enriqueció con su vida y nos hizo asequible la Palabra. Además , supo descubrir en nosotros la riqueza de la fe sencilla y se dejó enriquecer, la supo valorar tanto que no quiso ocultar su experiencia vivida con nosotros y escribió con entusiasmo su testimonio para dar a conocer esta experiencia de Evangelización.

Patricia López

“Era uno de los nuestros”.

Hacemos participes a toda la Fraternidad Misionera Verbum Dei y a todos aquellos que visitan nuestra página Web del regreso a la casa del Padre de Manuel Serrano, misionero de votos perpetuos. Hoy 27 de Abril después de unas horas de sufrimiento a raíz de padecer cáncer, vuelve al abrazo eterno de nuestro Padre Dios.

 

Toda la Fraternidad nos unimos al dolor que experimenta su familia por la pérdida de Manuel, hermano y amigo nuestro, pero también a la alegría de ser testigos de que Manuel, en medio de su enfermedad, vivió una confianza radical, una esperanza redentora y un hágase constante a la voluntad de Dios.

Agradecemos a Dios toda la Fraternidad por la vocación y misión de Manuel y también “gracias” a ti, Manuel, por tu entrega sincera y total en beneficio de todos los hombres tus hermanos.

Beatriz Olivo

“Este momento no es un adiós, sino un hasta pronto”. Percibo que me dices estas palabras, Manuel, porque mi Padre es tu Padre y es el Dios de la Vida , en quién no existe ni distancia, ni ocaso. Gracias, Manuel, por dejarme ver muchas veces en tu vida que tu Padre es mi Padre, en tu actitud de disponibilidad, sencillez, solidaridad, confianza, tu celo misionero, tus luchas por crear familia entre todos, por verte entre la gente como hermano, padre y amigo. Gracias por tu Sí al Amor del Padre, en situaciones difíciles y por tu Sí a cada uno de nosotros en la Fraternidad.

Cuquis ( María del Refugio)

Jesús, gracias por la vida de Manuel. El poco tiempo que le he tenido como profesor ha sido suficiente para que me enseñaras con su vida, el poder de tu amor a la fragilidad humana en la pobreza y por encima de las propias limitaciones.

Gracias por la sencillez, humildad y paciencia que leía en cada gesto durante las clases que recibí de Manuel. Gracias, porque siendo uno de los nuestros nos ha dejado la huella de tu amor por todos y el saber perseverar en la entrega hasta el final.

Guillermina

Manuel: Muchas gracias por tu testimonio de vida, por aprender tanto de ti, no solamente por las clases recibidas, sino por ser una persona que amó tanto su vida, la vida que pudo donarla como ofrenda para muchos. Gracias por tu docilidad, por tu paz, por tu entrega que no queda al aire, sino que me enseña a reconocer que desde la fragilidad se puede amar.

Luz Maria Carvajal