Espiritualidad
 

Fuentes de la Espiritualidad

 
Itinerario Espiritual del VD
 
 
 

El ritmo del discípulo evangelizador

El camino o itinerario espiritual del discípulo y de la comunidad de apóstoles viene jalonado por la práctica de los cuatro ejercicios que modelan la existencia cotidiana en su totalidad; son ejercicios de fidelidad al Espíritu.

1) Ejercicio y vida de oración.

2) Ejercicio de fraternidad.

3) Ejercicio de cruz o de consagración.

4) Ejercicio de misión.

• Ejercicio de oración y de vida de oración: Jesús nos salva enseñándonos a vivir en comunión con Dios y con los hombres, en una relación de alianza filial y esponsalicia.

La vida de oración es el ambiente normal del discípulo de Cristo, no se entiende la oración como una práctica de piedad aislada sino como una unión con Cristo, razón de la más alta dignidad y realización humana (Cf. GS 19), desde la cual el hombre puede alcanzar la vida plena. Aquí se sitúa la misión de la Iglesia : desvelar el rostro de Dios y su proyecto eterno sobre cada hombre, revelar la identidad del hombre y los caminos para realizar el proyecto de Dios en cada persona.

• Ejercicio de fraternidad: Jesús pide a cada discípulo un amor creciente y de calidad semejante al suyo: “Amaos como yo os he amado” (Jn 13,34). El amor fraterno, además de ser don, es un trabajo a realizar en la vida diaria, amando a los que están lejos y a los que están cerca; solidarios con tres cuartas partes de la humanidad que viven en extrema pobreza. Amor que desea para el otro lo mejor desde la lógica del evangelio, que busca desinteresadamente su mayor promoción como persona y que manifiesta de una forma privilegiada el esfuerzo comprometido para que el hermano viva fielmente su misión.

 Ejercicio de cruz y consagración: El discipulado conlleva la “ kenosis”, forma de abajamiento adoptado por Cristo desde su encarnación: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Lc 9,23). Este es el camino imprescindible para realizar la comunión con Dios y con los hombres. Este ejercicio de conformación con Cristo pobre, casto, y obediente al Padre, conduce a la persona a la máxima libertad en el amor. La vivencia de los consejos evangélicos, la transformación del propio gusto, querer e interés por los de Cristo, se convierten, en el mejor testimonio del poder y amor de Cristo en la vida de cada persona.

• Ejercicio de misión: La comunidad de discípulos se articula como una comunidad de «hermanos en la misión» con el mutuo compromiso de ayudarse en la realización de ésta. No se nace apóstol; en el ejercicio diario se aprende a compartir la fe, a dar razón de la esperanza, a escuchar los signos de los tiempos, en cada momento y con cada persona, y así se adquiere la pedagogía más adecuada, sin anquilosarse jamás. La misión más que una metodología a estudiar, es una colaboración en el proceso de discipulado de las otras personas, lo cual conlleva “dolores de parto” y la necesidad contínua de salir de uno mismo para formar a Cristo en el hermano (Cf. Ga 4,19).

En su conjunto, los rasgos mencionados, van gestando una espiritualidad polifacética que se sintetiza en el apóstol enamorado de Cristo y de su misión, como lo afirman nuestras constituciones:

“Ningún medio ni método podrá jamás alcanzar la fuerza, convicción y vitalidad de la palabra viva, personal y directa del misionero convencido y enamorado de Cristo, verdaderamente humilde, poseído por el Espíritu, apasionado por la gloria del Padre y por el amor a María, Madre de la Iglesia. La íntima unión del apóstol con Cristo hará que se sienta vitalmente ligado con todos sus hermanos con vínculos más fuertes que los de carne y sangre. En el seno de la Iglesia y obediente a ella sentirá con ella el latido fraterno, sano y enfermo, de todos los hombres sin excepción ni discriminación alguna; con Cristo y como Él, dará la vida por la misma Iglesia y por la fe de nuestros hermanos en todo el mundo” (Constituciones VD 44).

Los medios y prácticas de nuestra espiritualidad van dirigidos a la integración de la vivencia contemplativa misionera. A través de ellos se busca conocer a Dios de una forma vivencial y esponsalicia, al tiempo que pretenden la propagación de su amor de la forma más eficaz posible.

Entre los medios destacan las prácticas de espiritualidad: la oración diaria, la vida fraterna, la revisión de vida, la escuela de apóstoles, los ejercicios espirituales, la vivencia de los consejos evangélicos, etc.

Estas prácticas específicas complementan aquellas que tradicionalmente aconseja la Iglesia para una vida espiritual madura y sana: participación en los sacramentos, penitencia, meditación de la Palabra de Dios, dirección espiritual, rezo de la L iturgia de las horas, del R osario, del Ángelus, del Trisagio, que avivan la vida de oración.

Estos medios de espiritualidad , dentro de un proceso comunitario y apostólico de conformación con Cristo llamado discipulado, va encaminado a que la persona comparta con Cristo todo lo que es y hace: su oración, el amor del Padre, su solidaridad con los hermanos, su relación con la comunidad de discípulos, su testimonio, sus actitudes de entrega hasta el final, etc. Como medios prácticos se integran en este camino las convivencias, retiros, escuelas de la Palabra, la participación en la misión, etc.

La escuela de apóstoles es el dinamismo en el que el discípulo hace suya la fe y el evangelio orientándose, desde el inicio, a su comunicación; lo que se recibe se transmite, exigencia normal para que la Palabra dé su fruto.

El temario de Vida y Amor, el temario de la Palabra, son formas de sistematización de la fe con implicaciones dinámicas en la vida. Cada tema suscita una vivencia y unos afectos propios que la acompañan y determinan, conduciéndole a una fe totalizante y apostólica. Ellos reflejan enteramente el proceso de la vida espiritual en sus distintas etapas: ideal o iluminación, conversión o purificación, proyección o dinamismos encarnatorios. Y al mismo tiempo recogen los dinamismos de la Revelación de Dios a los hombres actualizados en la Iglesia y en la pequeña comunidad.

Estos medios y métodos realizan una función transformante del discípulo, su misma vida se convierte en instrumento de evangelización: “Todos nosotros, con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor… nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor” (2Co 3,18).

Espiritualidad de la Familia Verbum Dei.

La llamada universal a la santidad y la búsqueda común para vivir la plenitud de la consagración bautismal fundamentan la espiritualidad apostólica del Verbum Dei. Una espiritualidad, contemplativo-misionera, con diversas plasmaciones en la Familia Misionera Verbum Dei, que abarca distintos estados de vida, sexos, culturas, condición social, edad.

Las distintas ramas de la Familia Verbum Dei, en sus situaciones diversas, son atraídas por un camino común de transformación en Cristo, y por una misma misión de anuncio del Evangelio y formación de apóstoles que fragua fraternidades evangelizadoras. Surgen así, formas específicas dentro de la Familia Verbum Dei para la realización de la vocación personal desde una espiritualidad misionera, como laicos, matrimonios, sacerdotes o consagrados, con rasgos adecuados a cada edad y estado de vida.

 

 

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