Rasgos de la espiritualidad Verbum Dei
La espiritualidad que nace del Carisma Verbum Dei está caracterizada por unos rasgos fundamentales:
a) Espiritualidad contemplativo-misionera
La Fraternidad Misionera Verbum Dei es un Instituto de vida consagrada contemplativo-activa plenamente apostólico-misionera. Su camino espiritual viene guiado al mismo tiempo de un espíritu fuertemente contemplativo y apostólico, como dos dinamismos del mismo movimiento.
La espiritualidad del Verbum Dei, su estilo de vida, las actitudes más profundas que caracterizan sus miembros son iluminadas por el deseo misionero de Jesús de llegar al corazón de todos los hombres, tal como lo encargó a sus primeros apóstoles: “ Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,19-20).
La pasión por el Reino de Dios y la urgencia misionera, desde la realidad vital del Cuerpo de Cristo, suscitan en nosotros el dinamismo evangelizador que llevó a S. Pablo a formar testigos, apóstoles y maestros. Deseamos formar apóstoles y relevos que puedan colaborar y continuar en la obra de la evangelización, fundando comunidades evangelizadas y evangelizadoras.
La espiritualidad Verbum Dei no se concibe únicamente como un camino de santificación propia, sino en bien de muchos y al servicio de toda la Iglesia de Cristo. En la convivencia y trato con el Cristo real de hoy, en su Cabeza y en sus miembros, participamos en carne propia del drama y necesidades de la humanidad y arranca la mejor respuesta con un corazón dilatado y misionero.
El lema “dar lo contemplado” (“ Omnia verba aliis tradere” ) de S. Beranardo, se convierte para el Verbum Dei en “contemplar lo que hemos de dar” (“ Omnia verba tradenda contemplare ”), esto es, contemplar cada palabra que debemos dar al mundo como requerimiento de Dios y de la necesidad de los hombres.
El núcleo o clave integradora de esta vida contemplativa-misionera es la oración apostólica en diálogo con el Cristo total, Cabeza y miembros; esta oración llevará a la búsqueda de la mayor eficacia en la realización de la misión específica de oración y ministerio de la Palabra.
b) Desde el seguimiento de Jesús en su misma misión
Nuestra vida, centrada en la Palabra de Dios, y por ello, en la Persona, Vida y Evangelio de Cristo, irá tomando necesariamente la espiritualidad fundamental de Jesús en su actitud orante y misionera.
El mismo nombre " Verbum Dei " nos evoca constantemente el dinamismo del seguimiento y consagración vividos como la doble tarea de revelar con nuestras palabras y en nuestra vida el rostro de Dios, manifestado en Jesucristo. Ser Jesús, seguirle, ser en Él, vivir como él, compartir con él su misión... son para el Verbum Dei expresiones del mismo ideal y proyecto máximo para cada uno de sus miembros. El seguimiento e imitación diario de Cristo nos llevan a una configuración con Él como Enviado por el Padre para evangelizar: “También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado” (Lc 4,43) ; “Como el Padre me envió yo os envío” (Jn 17)
Siguiendo muy de cerca a Jesús que empezó a hacer y enseñar (Hch 1,1), el VD procura que su predicación vaya siempre precedida y acompañada de un claro testimonio de vida que acredite y confirme la fe y el Reino que anunciamos y prefigure a Jesús a quien seguimos.
De este seguimiento personal de Cristo fluye el reproducir exteriormente y de forma efectiva la dinámica de la encarnación, siguiendo siempre de cerca a Jesús, "quien dice que permanece en El debe vivir como vivió El " (1Jn 2,6). Esta vivencia plena de Jesús, real palpable y evidente, da relieve a la pobreza, castidad y obediencia, vividas como Jesús, pudiendo ser, radicales y extremas de forma espontánea, necesaria y feliz al igual que la predicación, apostolado y presencia personal y comunitaria en el mundo.
c) Centrada en la Palabra de Dios, vivida desde el dinamismo de la Palabra de Dios, concretada cada día en los cuatro ejercicios del discípulo de Cristo
La espiritualidad del Verbum Dei, al igual que su misión, está centrada en la Palabra de Dios: de ella bebe como de su fuente, es alimento diario, guía y ritmo en un camino de crecimiento en la caridad y en la misión evangelizadora.
Est 201. Nuestra espiritualidad está no sólo en función de la santificación propia, sino de la vida de muchos y al servicio de toda la Iglesia de Cristo. No podrá alimentarse de gustos y aficiones propias o ajenas, ni dejarse llevar por cualquier viento de doctrina. Deberá necesariamente nutrirse con el alimento sólido y seguro de la Palabra de Dios: "A Dios escuchamos cuando leemos sus palabras".
202. Por lo mismo la contemplación, meditación, piedad y vida de oración, se fundamentará en la Palabra de Dios, interpretada por el Magisterio de la Iglesia, El cristianismo de muchos depende de nuestra vida y nuestra vida dependerá de la calidad de meditación-oración que practiquemos y vivamos diariamente.
Durante la jornada, en un ambiente propio de vida contemplativa, buscamos traducir vitalmente la Palabra de Dios que oramos y estudiamos, vivimos y celebramos, deseando encarnarla y anunciarla a las personas de nuestro tiempo. En este ejercicio y vida de oración en Cristo, radica la fuerza apostólica propia de nuestra misión evangelizadora.
El anuncio evangélico, dirá Pablo VI, adquiere toda su despliegue cuando es escuchado, aceptado y asimilado, haciendo nacer en el que lo recibe una adhesión de corazón, que le lleva a una nueva manera de ser (cf. EN 23). Esta Palabra es la fuerza del Espíritu que transforma progresivamente al discípulo a imagen de Cristo. Su eficacia, garantizada por el Espíritu, exige del discípulo su participación para que la Palabra realice la obra para la cual ha sido enviada.
Esta participación pide que la Palabra sea:
Escuchada: «Escucha, Israel», Dt 6,3-4;
Orada y asimilada: «Come este rollo y ve luego a hablar... aliméntate y sáciate», Ez 3,1-3;
Vivida: «No todo el que me diga “Señor, Señor”... sino el que haga la voluntad del Padre», Mt 7,21;
Compartida: la adhesión a la Palabra (a Cristo) se manifiesta y verifica en la adhesión a una comunidad de fe, a un camino comunitario de crecimiento y propagación de la fe
Anunciada: «No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído», Hch 4,20.
Celebrada: la palabra acogida y compartida es celebrada litúrgicamente en comunidad y adquiere así toda su plenitud.
Enseñada a otros de forma que a su vez la enseñen (“hacer hacer”)
A través de la Palabra predicada, Dios sigue autodonándose, sigue llegando al corazón de cada hombre que le acoge, proporcionando las mismas experiencias de encuentro presentes en los relatos evangélicos con toda la fuerza de transformación de la vida que conlleva. La Palabra predicada es, por la acción del Espíritu, «Palabra viva y eficaz, tajante como espada de doble filo» (Hb 4,14).
La existencia del discípulo es, entonces, inseparable de la dinámica transformadora de la palabra de Dios. El discípulo es discípulo en virtud de la palabra de Dios que le es dada. No se puede entender la existencia cristiana si no es desde una escuela de escucha diaria y de conformación según esa misma palabra.
d) Espiritualidad personal más que devocional: nuestra espiritualidad potencia el aspecto del diálogo y relación personal con las Personas de la Trinidad y con María, más que centrarse en aspectos particulares del misterio de Dios.
e) Espiritualidad de la entrega total para la edificación del Cuerpo de Cristo: de una oración y vida centrada en el Cuerpo Místico de Cristo nace un tipo de espiritualidad de la solidaridad, de la pasión y urgencia misionera, del descentramiento de sí mismo para una dedicación total a los otros
Otros muchos rasgos característicos de la espiritualidad Verbum Dei surgen de la meditación de los temas centrales de nuestra predicación y de la vida de la Fraternidad. |