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Queridos hermanos y hermanas de la Familia misionera Verbum Dei:

Con gozo escribo estas páginas a todos aquellos que formáis parte de la Familia Verbum Dei: a aquellos que, a través del Verbum Dei, habéis experimentado el tesoro de conocer a Dios y el tesoro aún más grande de quererlo compartir. Junto con las Misioneras, Misioneros y Matrimonios Misioneros de la Fraternidad compartís nuestra misma espiritualidad y misión y habéis llegado a querer el Verbum Dei como vuestra propia familia en la fe; aún viviendo situaciones muy diversas, estados de vida distintos, condiciones existenciales o culturales diversas, sin embargo, sentís que el Verbum Dei es parte vuestra .

En nombre de toda la Fraternidad, deseo de todo corazón daros las gracias por vuestro apoyo en el pasado Congreso. Muchos habéis compartido los preparativos, habéis aportado sugerencias, habéis orado y vivido con intensidad este mes en la que el Espíritu Santo se ha manifestado de una forma abundante; otros habéis hecho posible con vuestra ayuda solidaria que los congresistas participaran en el III Congreso General de la Fraternidad.

Gracias por el apoyo espiritual y material en el Congreso, pero sobre todo gracias por compartir con nosotros esta aventura maravillosa de seguir a Jesús por los mismos caminos misioneros. Desde la Familia Misionera nos ayudáis a custodiar y hacer crecer este tesoro que es de mucho bien para la Iglesia y para la humanidad. Sentimos que nuestra misión no sería posible sin vosotros, pero también nuestra vida consagrada, primera riqueza que podemos ofrecer a la Iglesia. Tenemos la certeza que Dios manifiesta su gracia abundante, el tesoro del carisma , no a pesar de nuestras vasijas de barro sino a través de ellas (cf. 2 Co 4,7).

Uniéndonos a la oración misionera de Jesús, también nosotros hemos orado al Padre por vosotros y por los que creerán en el amor de Dios a través de vuestra vida, vuestra palabra y comunión (cf. Jn 17,20).

 

Una Familia al servicio de la Palabra. Identidad y sentido de pertenencia

El III Congreso General ha sido un momento especial de gracia de nuestra historia: en él hemos podido rememorar la acción de Dios en el pasado, aprendiendo a interpretar colegialmente la acción de Dios que actúa siempre salvando y levantando; hemos examinado el presente buscando discernir su voluntad para el actual momento; hemos querido, también, discernir el futuro, abriendo nuestro corazón y nuestras mentes a la esperanza fundada en las promesas de Dios y que nos impulsa a ser más audaces, a ambicionar más allá de las evidencias y certezas humanas.

El lema elegido para el Congreso (“Verbum Dei, un carisma al servicio de la Palabra. Identidad y sentido de pertenencia” ) ha ayudado a abordar los diversos temas tratados durante el mes centrándolos en nuestra identidad misionera, en la centralidad de la Palabra en nuestra vida y en el sentido real de pertenencia a una Fraternidad que consideramos nuestro hogar y familia. Sin embargo, este sentido de familia no se reduce a los miembros de la Fraternidad sino que se extiende a la Familia Misionera Verbum Dei. Haciendo nuestras las palabras de San Pablo: Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu como también es una la esperanza que encierra la vocación a la que hemos sido llamados… (cf. Ef 4,4).

Esta esperanza es uno de los frutos preciosos del Congreso es haber sentido como Dios nos susurra, en modos diversos, las palabras de Isaías 54:

“Canta de alegría, estéril, tú que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo… Ensancha el espacio de tu tienda, las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; porque a derecha e izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblarás”

Es la llamada a expandir el horizonte de la Familia Verbum Dei. El Espíritu Santo ha suscitado en nosotros una conciencia renovada sobre el alcance de nuestra vida misionera: el don del carisma Verbum Dei no se puede reducir a un grupo pequeño de miembros de la Fraternidad sino que es un don para un pueblo profético, sacerdotal y real (cf. Ex 19, 5-6).

Sentimos que el espacio vital de la Fraternidad ha de ensancharse al ritmo del corazón del mismo Jesús, quien eligió a 12 (cf. Lc 6,12-16), compartió también su misión con 72 (cf. Lc 10,1-24), se apareció a 500 (cf. 1Co 15,6) y deseó que su palabra de vida llegar a todos los hombres (cf. Mt 28,19-20; Mc 16, 15; 1Tm 2,4).

Después de la Resurrección y de Pentecostés, a la par de las primeras conversiones y de la consolidación de la comunidad (cf. Hch 2,42-47; 4,32-35) se hizo patente la realización de la promesa de Joel: “Todos tus hijos profetizarán”. (cf. Hch 2,14-21).

Del mismo modo que la comunidad de Jesús se expandía y sembraba por doquier la palabra de vida , así sentimos como Dios va ensanchando el espacio del Verbum Dei ( 12, 72, 500, a todas las gentes), abriendo nuevas formas de pertenencia y realización de la misma misión y carisma . A un corazón misionero ha de corresponder una comunión misionera , una familia de discípulos y apóstoles inquietos por hacer presente el Reino de Dios entre gentes de toda raza, sexo, condición social, edad o situación vital; en otras palabras, una Familia misionera al servicio de la Palabra de Dios.

 

La Familia Misionera Verbum Dei

Una misma llamada de Dios une a los miembros de la Familia Misionera Verbum Dei, a participar de la misma espiritualidad y misión Verbum Dei. Dios reúne en la Familia Verbum Dei eligiendo personas de diversas edades, estados y situaciones vitales, que desean hacer de la Palabra de Dios el centro de su vida, de la misión, llegando a formar parte, en modos diversos, de la misma familia misionera.

La Palabra de Dios, ilumina y hermana nuestros pasos en una forma peculiar de oración, en un testimonio evangélico, el amor fraterno y la amistad, la celebración de los momentos importantes en torno a los sacramentos; también, nuestras vidas se unen en una misma misión de anunciar el Reino de Dios, cada uno desde sus capacidades y talentos, desde su sensibilidad y posibilidad. La fidelidad de cada uno en su peculiar llamada es impulso para todos los otros en la perseverancia más allá de las dificultades. Esta comunión, gestada en la escucha de Dios, nos lleva también a compartir iniciativas y sugerencias deseando que el amor de Dios llegue a las mujeres y hombres de nuestro mundo.

 

En la casa de mi Padre hay muchas moradas

El Congreso ha sido un impulso más a seguir abriendo caminos para todos los que sienten la sintonía por el carisma Verbum Dei, y para ello, es necesario encontrar un lugar para cada uno y que cada uno encuentre un lugar. En efecto, el Verbum Dei, ha de plasmarse desde formas de pertenencia diversas pero adecuadas a la llamada y situación de cada uno; por otro lado, cada persona que siente esta llamada de Dios ha de poder encontrarse a gusto y dando fruto; no el que uno se imagina, idealiza o desea sino el fruto real que Dios desea en la vida de cada uno .

En la casa de mi Padre hay muchas moradas – dice Jesús en el Evangelio de Juan (14,2) . Así ha de ser, también, en el Verbum Dei como Familia Misionera. Sin embargo, es importante entender que cada uno se sentirá a gusto únicamente respondiendo a la voz de Dios, respondiendo a la llamada que cada a uno le hace; cuando encuentre el propio lugar para habitar y para ofrecer lo mejor de sí.

Todos aquellos, que de una forma u otra, han conocido el Verbum Dei y sienten esa atracción de espíritu –concordia espiritual– están invitados a conocer y amar el Verbum Dei, a quererlo como su familia y sentirla como su casa, a participar en la común misión desde su propia capacidad. Puesto que esta familia es de todos, también sus miembros han de poder alegrarse por ella, celebrar la vida en ella, crecer en el amor en ella, enseñarla a otros. Es así como se hacen posibles muchos milagros misioneros y el Verbum Dei puede ser de gran bien para la Iglesia y para la Humanidad sufriente de Jesús en el mundo de hoy.

¡Os necesitamos! No sobra nadie para que el Verbum Dei sea el Verbum Dei. Pero para que pueda serlo con plenitud, se necesita caminos de discernimiento, de consolidación, de visibilización, de creación de estructuras apropiadas, de abrir caminos adecuados a los deseos de Dios.

 

Ensancha el espacio de tu tienda, no te detengas…

Desde esta sensibilidad renovada por la Familia Misionera, el III Congreso ha pedido a la próxima Junta General la creación de una Comisión para la Familia Verbum Dei y la convocación de un Simposio en el verano 2009. Se abre, por tanto, un camino para todos nosotros, en el que el Espíritu Santo nos irá guiando para configurar y hacer visible el proyecto de una Familia Misionera según el corazón de Dios .

Como muchos sabéis, en octubre del 2008, Benedicto XVI ha convocado un sínodo de obispos con el lema “La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia”. Esta noticia es un aliciente para este camino que el Verbum Dei va haciendo como comunidad de la Palabra. Si, por un lado, nos podremos enriquecer de esta reflexión de la Iglesia, también es cierto que podremos aportar a la Iglesia la vivencia y reflexión de una Familia en cuyo corazón está el tesoro de la Palabra de Dios, plasmada en múltiples formas y enriqueciendo la misión de la Iglesia desde formas complementarias.

Entre los frutos deseados con la creación de la Comisión de Familia Verbum Dei y la convocación del Simposio sobre la Familia están: impulsar la misión y dinamismo apostólico de la Familia Verbum Dei y proyectar su expansión; escuchar las diferentes realidades y experiencias de la Familia; estudiar, reflexionar y unificar criterios referentes a la definición de lo que es la Familia Verbum Dei y distintas formas de vinculación y de actuación apostólica; recoger, y proponer documentos que podrían dar luz para regular jurídicamente y configurar la Familia Verbum Dei universal.

Más adelante os compartiremos sugerencias para preparar el Simposio sobre la Familia Verbum Dei. Ahora quisiéramos poner en marcha una sencilla iniciativa que puede ser un primer paso. En la página Web de la Fraternidad (www.fmverbumdei.com ) se va a abrir un espacio para la Familia Verbum Dei. Con el deseo de conocernos y tomar mejor consciencia de quienes formamos esta familia os invitamos a enviar alguna fotografía, ya sea personal, familiar o de los grupos diversos. Sería conveniente añadir alguna anotación (en qué comunidad participáis, lugar, quiénes sois). Y si queréis escribir algún pequeño saludo, breve testimonio, graffiti.... ¡abiertos a la creatividad! De esta forma damos un primer paso importante, conocernos… saber algo unos de otros… poder orar unos por otros teniendo en el corazón y en la memoria rostros concretos con nombres. El material lo podéis enviar a la dirección famvd@fmverbumdei.com

Saludo a todos los miembros de la Familia Misionera Verbum Dei con el deseo que puedan afianzarse y crecer los lazos universales que nos reúnen en la comunión misionera.

Loeches (Madrid), 22 marzo de 2007.

 

Antonio Velasco

Presidente Fraternidad Misionera Verbum Dei

Tenemos dones diferentes –constata San Pablo en su carta a los Romanos– según la gracia que Dios nos ha confiado; el que habla en nombre de Dios, hágalo de acuerdo con la fe; el que sirve, entréguese al servicio; el que enseña, a la enseñanza; el que ayuda, hágalo con generosidad; el que atiende, con solicitud; el que practica la misericordia, con alegría. (cf. Rm 12, 6-8).

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