Último escrito de Manuel

"Nada de lo nuestro importa, sólo Él cuenta"

Cuando de forma tan imprevista vienen las cosas, todo invita a la queja o al abandono confiado a la voluntad de Dios.

Cuando Dios nos lleva por caminos con los que no contamos, necesitamos aprender a  aceptar, es más, a acoger las contrariedades y a no rechazar la prueba, que es un momento de gracia, un momento de purificación: de entrar en un amor más sincero, de entrega a Dios sin esperar resultados.

Si fuera de acuerdo a nuestros deseos, ¿dónde estaría el valor, el crecimiento? Abrazando su voluntad en un gesto de amor a Él por Él mismo, con la confianza cierta de que “todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios” ( Rm (8,28) encontramos la gracia.

Aquí ya hay un punto de conversión: Un volverse a Él de forma más sincera y total.

Esta conversión exige una mayor pobreza , para asumir la limitación presente; mayor castidad para fiarnos más abriéndonos a lo inesperado de la acción de Dios; mayor obediencia , por la necesidad un mayor esfuerzo para hacer silencio de todo, de todos y de uno mismo, para ponernos a la escucha atenta de su voz como mi única guía y camino en medio de los acontecimientos que se suceden.

Así se abre un camino de obediencia creciente como la mejor forma de expresar la autenticidad de nuestra fe. La obediencia viene a ser la mejor de las expresiones de amor confiado, como el de un hijo por su padre: no una obediencia servil; sino una obediencia que busca el agradar a Aquel que sabemos que nos ama; obediencia amorosa y filial que nos lleva a poner todo de nuestra parte para alcanzar su amor.

Nada de lo nuestro importa, sólo Él cuenta.