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Mayor eficacia apostólica
Desde el inicio, sobre todo en los escritos del “Breve Ideario”, se percibe un deseo de encontrar la mayor eficacia apostólica en nuestra vocación y en la vida de la Fraternidad. Desde la misma experiencia de la vocación inicial, Jaime Bonet, y como respuesta amorosa a Dios, sintió una llamada a poder sanar la Humanidad sufriente de Cristo con los medios más aptos y eficaces en detrimiento de otra misión que le atraía mucho más. De aquí la existencia del mismo carisma: por la fe en la fuerza de la Palabra de Dios, que introduce a los hombres en las riquezas de su amor y de su Reino. La mayor eficacia en el anuncio y propagación del Evangelio determina las características propias de nuestra misión: el espíritu, la formación, la forma de vida y de actuación, los métodos e instrumentos de apostolado, los criterios de vocación o aptitudes necesarias para los miembros del Verbum Dei. (Cfr. CFMVD 8). Por máxima eficacia apostólica, el Verbum Dei entiende la mayor fecundidad espiritual junto con la vivencia de la gratuidad que oxigena nuestros afanes puramente humanos de conquista, de volumen y de elitismo, escogiendo exclusivamente un tipo de personas que darían mayores y mejores resultados. No se trata, por tanto, de una eficacia según los valores del mundo, donde la productividad y el rendimiento son los criterios únicos de valorar las cosas positivamente. La mayor eficacia apostólica nace de un celo en el amor de Dios que quiere “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”; del celo de Jesús que mirando la tierra toda envía a sus amigos para hacer de todos sus habitantes discípulos suyos; del celo del apóstol que quiere presentar a sus discípulos santos e inmaculados, como se presenta una vírgen delante de su esposo o del que los quiere verlos libres de todo compromiso para dedicarse exclusivamente al anuncio del evangelio como él mismo lo hace. or máxima eficacia apostólica, el Verbum Dei entiende: el mayor número de discípulos y, al mismo tiempo, la mayor radicalidad en su vivencia; el mayor compromiso definitivo y mejor preparación; un alto nivel de influencia en las personas a las que predica. Sin embargo, ha de medirse según la eficacia del evangelio y de los caminos de Dios que, a menudo, entran en contradicción con los caminos de la eficacia puramente humana. |
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