

Se necesitan personas que quieran y se atrevan a quebrar la tendencia de nuestra sociedad. Hombre ó mujer. Cualquier edad o estado civil. Con o sin estudios. Favor enviar antecedentes no adjuntando foto ni domicilio (no es necesario) a no_quiero_caer_en_lo_mismo@quiero_ser_yo.com. Único requisito, leer lo que a continuación se plantea y pensar en silencio un momento.
En agosto pasado fui invitado una vez más por el Papa para que lo guiara en una peregrinación a Lourdes. Estuve muy cerca de él en esa ocasión. Quedé impactado por la gravedad de su discapacidad, por su dificultad para hablar a causa del parkinson. A ratos, Juan Pablo II murmuraba en polaco unas palabras que alcancé a oír: “No puedo seguir, no puedo seguir. Jesús, ayúdame”. Yo soy fundador del Arca –red internacional de comunidades en la que conviven voluntarios con personas discapacitadas- y promovemos el valor y la fortaleza oculta en la vulnerabilidad. Él fue un símbolo vivo de la presencia de Dios en la fragilidad. Lo que el vivió en su cuerpo fue mucho más impactante que cualquiera de sus encíclicas, porque su cuerpo disminuido nos enseñó el valor de la vida humana. De hecho, en sus últimos años Juan Pablo II dedicó buena parte de sus mensajes a reflexionar sobre el sentido de la enfermedad, el dolor, el envejecimiento y la muerte. Muchas veces escuche que el Papa estaba muy mal, que debía renunciar. Yo no comparto esa visión, pero comprendo a quienes pensaban así, porque es profundamente humano. Es muy difícil en los tiempos que corren aceptar el sufrimiento y a un ser humano desfigurado. Estamos es una sociedad a la que le gusta la belleza, la salud y subir por la escalera del éxito profesional. Constantemente alejamos a gentes que tienen alguna discapacidad o tienen otros problemas. Lo que más me conmueve del Santo Padre es cómo se acepto a si mismo. No sucumbió a la tristeza ni la desesperación ni se hizo a un lado ni se apartó. Siguió, con las facultades que le quedaban, invitando al amor, a la compasión y a la plegaria, quiso ser útil hasta el final, aún en su debilidad. Porque el comprendió que como Vicario de Cristo estaba llamado a vivir su debilidad como Jesús vivió la suya, que su debilidad tenia un sentido para el mundo y la Iglesia. |
El artículo que escribió Jean Vanier desde su vivencia junto a Juan Pablo II toma mucho peso en nuestra actualidad cuando vemos cada día el bombardeo de noticias y seudo noticias que nos hablan del éxito material, profesional y hasta espiritual que logran algunos. Por cierto, estos “algunos”, muchas veces son elevados hasta los altares y dejados caer poco tiempo después sin tener compasión alguna por sus errores.
Los valores tienden a invertirse o a desperfilarse. Lo distinto toma relevancia no por el hecho de ser un verdadero aporte, sino por interrumpir lo tradicional; no va acompañado de una innovación positiva, sino que la irreverencia de decir la verdad de frente -aunque muchas veces debiese decirse mi verdad- es aplaudida por muchos, sólo por seguir la corriente.
Jesús fue un revolucionario de su época, esta más que claro decirlo. Pero ¿Cuál era su forma de revolucionar? ¿Cómo expresaba su VERDAD? ¿Buscaba algún tipo de éxito? Más aún: ¿Consiguió algún tipo de éxito? ¿Contaba uno a uno a sus seguidores para ver si aumentaba su popularidad cual programa evaluado por el rating?
La respuesta es por cierto muy clara: Él no lo hacía y en el Evangelio podemos descubrir muchos pasajes donde vemos como expresaba su Verdad en forma clara, constructiva y misericordiosa.
Resulta a veces difícil tratar de ponerse en una posición crítica hacia lo que muchas veces vemos en la sociedad y no nos gusta. Es más común dejarse llevar, callarse y seguir en lo mismo sin dar mi opinión. Lo digo por experiencia. Es complicado el tema. Diría que es agudo. Muchas veces hasta el orgullo nos juega en contra: quedar como tonto, perno y hasta ingenuamente idealista, nos hace guardar silencio. Por dentro sentimos que la corriente nos lleva y tarde o temprano, no hay remedio, se cae en lo mismo.
Pero el andar se inicia sólo si se da un primer paso. Aunque sea pequeño. A pesar que sea lento, pausado y me quede por momentos mirando hacia atrás. No importa. La clave creo yo, es no buscar ir buscando convencer a los demás por la vida. Lo importante es ser consistente en lo que voy creyendo. En mis opciones pequeñas diarias. En pedir perdón si me equivoco y en preguntar el porque si me ofenden. Los superhéroes no existen. Los seres humanos sí. No dejemos que nuestros ideales se pierdan a la orilla del camino. Que no queden sólo como sueños de juventud. Seamos unos nuevos revolucionarios. Si no somos nosotros ¿Quiénes entonces?
Andrés Soto, Ingeniero
Comentarios:
Reina Saa
sábado, 09 de febrero de 2008
Dar el primer paso:Solo poder traspasar esa barrera del orgullo,y entregar lo más hermoso ,amor, cercania, consuelo,eso que Jesús nos da con total gratuidad.Es el regalo para cotinúar lo que nos hará personas felices, con un corazón de todo.
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