
En último tiempo hemos oído y vivido lo que es la inestabilidad económica, vemos bajar el dólar y hace poco oíamos de la baja de las acciones, que nos afectan a todos los que trabajamos debido a las inversiones de nuestros ahorros en las AFP. Por televisión oíamos que aquellos que tenemos en los fondos más riesgosos no nos cambiáramos. Que aquellos que tienen sus inversiones además en Fondos Mutuos, que son dineros que uno entrega al banco o a alguna otra institución financiera para que les administre comprando acciones naciones o extranjeras, tampoco las vendiéramos, sino que esperáramos, que al largo plazo iban a subir, pero, ¿por qué hacer eso si vemos que van cayendo?
Tiene una explicación, se debe a que son inversiones de largo plazo, que se suponen que van a tener sus periodos de caídas, pero llegará un momento en que se recuperarán. Si nos cambiamos ahora o vendemos en este momento, vendemos en el peor momento y nos quedamos con menos que al inicio, pero si esperamos a la larga volverán a crecer se supone mejor que antes.
Cuándo pensaba esto, me daba cuenta, ¡qué parecido lo que nos pasa en la fe! Muchas veces Dios nos invita a dar pasos, nos promete la felicidad, el ser esos creadores de ambientes distintos, sus apóstoles y nos lo creemos, nos ponemos a andar, pero nos pasa como a Pedro en la caminata sobre las aguas (Mt.14,22-36) viene la tormenta y comenzamos a dudar, comenzamos a hundirnos, dudamos de esa voz que me llamó al camino. “Si es de Dios debería ser fácil, sin dificultad… y comenzamos a cambiar las cosas, justificarme, hundirme”. Nos pasa como con los fondos mutuos, vendemos en el pero momento y nos quedamos con menos que al inicio. En el momento de tormenta, continúa… ánclate en la voz del Señor, no vendas el corto plazo, Dios te invita a una inversión de Largo Plazo.
La vida está llena de pasos así de fuerte: los Fondos Mutuos, el estudio, hasta una micro creer que aunque dé vueltas me va a llevar a mi casa…confiamos en muchas cosas, no desconfiemos de Dios, que en cada paso está en juego mi vida, lo más valioso para Él.
En mi vida de fe siempre me han ayudado unas palabras que dijo una vez una misionera: “en tiempos de tempestad no hagas mudanzas”. ¿qué quiere decir eso? Que en momentos en que esté todo revuelto, tenga los sentimientos para todos lados, mi familia, el trabajo o el estudio me tengan loco, no cambie apurado lo que en algún momento sereno de oración entendí de Dios… ¡Y esta semana me pasó! Hace un mes en un retiro antes de entrar a trabajar había entendido ciertas cosas, ciertos pasos a dar con Dios y estas semanas los puse en práctica, involucraban más esfuerzo, más cuidar mis tiempos, más dedicación en ciertos tiempos para poder tener más tiempo en las noches y el fin de semana… y comencé a sentir el cansancio del nuevo “Reino”, el aburrimiento de no ir mezclando las cosas como antes, el deseo de volver a mis antiguos desórdenes… en medio de ello tuve la intención de vender por el esfuerzo del corto plazo, pero en vez recordé esas palabras y perseveré. Entre medio busqué lograr sacar ratos de oración, sabiendo que en eso pequeños momentos no debía redireccionar sino hasta sacar tempos más extensos, sino en esos pequeños ratos en vez de cambiar entendía de Dios nuevos pasos para amar, para escuchar a mis colegas, aprovechar mejor su tiempo… ser su testigo ahí, que lo que le daba novedad a mi trabajo era saberme misionero ahí y vivirme así ahí, no el estar cambiando de una cosa a otra… ¡y tenía razón! Este fin de semana que sacamos de retiro miraba con Él todo y me daba cuenta que era su obra. Que estaba invirtiendo en el Largo Plazo.
¡Cuántas veces Dios está cuidando mi Largo Plazo, mi felicidad verdadera en este mundo y en el siguiente y yo no me doy cuenta! Creo que e viene a robar y me viene dar. Me invita a no vender una amistad, no traicionar… y yo creo que me viene a cuartar, cuando me viene a enseñar a amar como me hará feliz. Me invita a sacrificarme por mi amigo y yo creo que me está quitando un carrete, cuando me está regalando una amistad verdadera… tantas cosas, tantas opciones y un amor que me las cuida. Si yo cuidara mi vida como Él me la cuida, si yo la quisiera como Él la ama… no la vendería en época de baja, la conservaría creyendo con Él que estamos construyendo mi vida y que mi vida a su vez será casa de vida para otros.
Conozcámoslo, escuchemos su voz, no vendamos la fraternidad, el amor, la predicación, hagamos una opción de Largo Plazo por mi vida, decidámosle a seguirle y amarle más a Él y darlo a mis hermanos, y si necesitamos ayuda, tenemos una comunidad que nos ayudará a cuidar ese tesoro ahora y para siempre. La mejor inversión para mi vida, antes de la jubilación, después y en la vida eterna es cuidar su amor y si nos hundimos no dudar llamarlo y Él nos levantará como a Pedro aunque hayamos vendido las acciones.
Juan Tapia, Académico
Laico Consagrado FMVD
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