espiritu " ... podremos rellenar con ese milagro llamado alegría cada rincón dejado por la insatisfacción de nuestra vida... "

 

     Siguiendo con lo anterior, si deseáramos tener paz profundamente –supongamos- ¿cuál sería el camino para conseguir aquello?  Para estas necesidades interiores pareciera no existir la clase de publicidad que para las cosas materiales. A pesar de eto, el corazón, que añora todo esto, de una u otra manera, cuando se lo encarrila, sabe seguir el camino. Tal vez lo ignoremos, pero el solo hecho de desear algo crea en nosotros una disposición nueva, enciende una llamita dentro de nosotros.

    Más de una vez nos hemos descubiertos a nosotros mismos de buen humor, alegres. Pero luego sin darnos cuenta, la alegría desaparece y empieza nuevamente el deambular por el camino del azar, de la suerte. ¿Será cosa de suerte esto de la alegría? ¿Suerte, méritos, condiciones físicas, síquicas? Lo interesante de esto es que uno de los caminos para la alegría es la confianza, la espera; y eso, es algo tan sencillo que hasta un niño puede hacerlo.

     Efectivamente, confiar es algo que no es propio a ninguna ciencia ni ningún mérito, ni ningúna aptitud física o intelectual. Se trata de una actitud interior que todos poseemos. Se trata ahora de ponerla en práctica, y, aunque cueste creerlo, es increíble los resultados que entrega. Confiar en la vida es algo que supone darle el beneficio de la duda a nuestra existencia. Después de todo, ¿quién sabe lo que pasará mañana?  Y cabe preguntarse, si hasta ahora he tenido la suerte de pasar por tantas pruebas o malos ratos, quién me puede negar el hecho de que mañana mismo todo empezará a cambiar. En otras palabras, así como nos atrevemos a asegurar que mañana será un día igual a todos los anteriores (sin realmente saberlo), por qué no dar espacio a creer que tal vez mañana será distinto. Después de todo, la vida entrega sorpesas, agradables, desagradables, pero sorpresas al fin.

     Esta minúscula posibilidad de creer que algo distinto podría pasar, más allá de a lo que ya estoy  acostumbrado, es la rendija de luz que entra al cuarto oscuro de la desesperanza.  Una rendija de luz, pequeña, pero de luz. Y cuando uno ha pasado cierto tiempo en las sombras, cualquier haz de luz por minúsculo que sea es alegría y esperanza de volver a ver nuevamente un amancer.

     Entonces, la invitación es a atreverse a desear la alegría. Reconocer, primeramente, la carencia de ella (o la necesidad de más) y luego levantar la mirada al cielo y atreverse a desearlo con todo el corazón. Es, sin quererlo, una manera de tentar a la vida. Muchas veces, renegamos de la vida, pero no le damos la posibilidad de reivindicarse. Decimos: “la vida es así y asá, me ha dado palos aquí, palos allá”. Pero en nuestra queja, no dejamos espacio para darle una oportunidad a esta vida. ¿Por qué nos arrogamos el derecho de exigir? Si, al fin y al cabo, no fuimos nosotros quienes elegimos venir al mundo, fue la vida, Dios en última instancia, quien nos hizo el regalo de vivir sin consulta previa. Siendo así, no sería acaso una buena idea el volver parar un segundo, reflexionar sobre esto y, tal vez, decir: “Bueno, tal vez me quedan cosas por vivir y aprender que todavía desconozco. Cosas buenas, tal vez, cosas buenas que todavía no me han tocado”. Tal vez, y solo tal vez, la vida nos depare cosas que todavía no sospechamos. ¿Por qué no? Si, al final, solo somos pasajeros en este tren expreso hacia el mañana. ¿Quién sabe lo que nos espera en la próxima estación?

 

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Viejo Caminando, fotografía retocada - Verbum Dei

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     De entre las muchas cosas que uno puede conseguir, no se me ocurre otra tan valiosa como la alegría de vivir. Tal vez porque en nuestra época somos testigos demasiadas veces de la tristeza, resulta especialmente importante contar con esta llamita de vida en nuestro interior.

    Parece una nimiedad, pero la alegría de vivir escasea por todas partes. Para algunas personas resulta incluso algo imposible de conseguir.

    Cuando se tiene la alegría de vivir, pareciera que todo estuviera bien, a pesar de todo. Porque siempre hay un a pesar de...  Las circunstancias que nos rodean están y estarán lejos de ser perfectas o de nuestro entero gusto, sin embargo si conservamos esperanza en el mañana, todo estará bien; podremos rellenar con ese milagro llamado alegría cada rincón dejado por la insatisfacción de nuestra vida en todos sus sentidos, porque siempre nos faltará algo.

    La alegría de vivir no es una risotada grosera, ni un esfuerzo olímpico por sonreirle a la difícil cuesta arriba de la vida. Es un soplo, una llama que sopla interiormente, y que alimenta nuestra vida de calor interior, de hogar. Es el Espíritu Santo, es la confianza en el mañana, es un secreto de algo mejor. 

   Mientras la llama sople, habrá razones para continuar, para levantarse cada mañana y salir a trabajar, para dejar de lados nuestros miedos y atrevernos a arriesgarnos a salir adelante, para acercarnos interiormente a quien nos debe en cariño, en  bondad, y aprender a perdonar para así dejar de lado los rencores, el mal humor, la amargura, y cuánto más.

     Quien más quien menos, todos nos hemos abalanzado alguna vez en busca de la alegría comprando o consumiendo, y, si bien, ni comprar ni consumir son cosas malas ni perjudiciales en sí mismas, siempre se trata de cosas que se quedan fuera de nostros, lo que nos deja con sabor a poco con ganas de más.  Es que la alegría de vivir no se compra en cualquier mall ni con cualquier tarjeta. Es un bien que hay que explotar internamente, en los yacimientos más hondos de nuestro ser, allí donde estamos a solas con nosotros mismos. Tiene que ver con nuestros impulsos y deseos, pero los más hondos, los más subterráneos, que accidentalmente, suelen ser los más auténticos.

     Se trata de que nada se interponga entre nosotros  y nuestro deseo. De hecho, gran parte del mecanismo de nuestra sociedad está fundada en esto. Creamos necesidades para satisfacerlas. De este modo, se sustenta la producción y la venta, que proporcionan a su vez trabajo y dinamismo, según la doctrina. Sin embargo, sucede demasido a menudo que dirigimos nuestro querer, nuestro deseo, hacia donde nos dicen que debemos hacerlo, y no donde realmente necesitamos o añoramos. Sin darnos cuenta, vivimos deseando un sinúmero de cosas durante nuestro día a día: desde cosas materiales, como el último celular traído de Japón, hasta cosas más hondas, como que nos entiendan, que nos quieran, que nos valoren el esfuerzo diario que nadie ve. Lo sorprendente es que a las necesidades materiales, tenemos muchas maneras de acceder, con créditos, préstamos, agentes, instituciones; sin embargo, para las necesidades más interiores, las respuestas son más escasaz.

 

 

El preciado don de la Alegria de Vivir
Porque siempre hay un a pesar de...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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